La Unión Europea dio un paso político decisivo para destrabar uno de los acuerdos comerciales más discutidos de las últimas décadas. En Bruselas, con la presencia de los 27 Estados miembros, se selló el aval para que el tratado de libre comercio con el Mercosur siga su curso formal. La votación cumplió con el requisito de doble mayoría: al menos 15 países y el 65% de la población del bloque. Ese resultado permite que la Comisión Europea active la fase siguiente y acerque la firma del acuerdo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
El entendimiento no entra todavía en vigencia. Falta la aprobación del Parlamento Europeo. Aun así, el respaldo político de los gobiernos nacionales deja en claro que el proceso se encamina a una definición que puede cambiar el vínculo económico entre Europa y Sudamérica. El acuerdo apunta a borrar más del 90% de los aranceles sobre bienes intercambiados entre ambos bloques, una cifra sin precedentes en la política comercial europea.
Las negociaciones se iniciaron hace 25 años. En ese tiempo, la economía mundial se transformó y también las tensiones geopolíticas. Para Bruselas, el tratado con el Mercosur forma parte de una estrategia para reducir dependencias externas y ampliar mercados en un contexto de disputas comerciales y políticas proteccionistas.
Un acuerdo que divide a Europa
Aunque la votación resultó favorable, la unidad europea dista de ser total. Francia, el mayor productor agrícola del bloque, confirmó su rechazo. Emmanuel Macron sostuvo que el pacto responde a un modelo viejo y que deja en desventaja a los productores rurales de su país. En París existe consenso político contra el texto, tanto en el oficialismo como en la oposición.
Más allá de los intentos de acercamiento para encontrar unanimidad que se vieron en las últimas semanas, la postura de Francia fue seguida por Austria, Hungría, Polonia e Irlanda. Estos cinco países no consiguieron sin embargo bloquear el avance del acuerdo, para lo que se requería el apoyo de cuatro Estados que representaran al menos el 35% de la población de la UE.
Más allá de los intentos de acercamiento para encontrar unanimidad que se vieron en las últimas semanas, Francia mantuvo su postura de rechazo al acuerdo en estos términos, postura que fue seguida por Austria, Hungría, Polonia e Irlanda. Estos cinco países no consiguieron sin embargo bloquear el avance del acuerdo, para lo que se requería el apoyo de cuatro Estados que representaran al menos el 35% de la población de la UE.
En el caso de Austria, los legisladores aprobaron en 2019 una resolución que establecía la oposición del país a un acuerdo comercial con Mercosur, y desde entonces el gobierno sostuvo que debe mantener esa postura.

Otros países, como Italia, mostraban reservas hasta hace poco, pero terminaron inclinándose por el sí luego de una serie de concesiones ofrecidas por la Comisión Europea. Entre esas medidas figuran controles reforzados sobre residuos de pesticidas, un fondo de crisis para el sector agropecuario y salvaguardas para frenar importaciones sensibles.
La resistencia no solo proviene de los gobiernos. En los días previos a la votación se registraron protestas de agricultores en Francia, Bélgica y Polonia. En varias autopistas francesas y belgas hubo bloqueos, mientras en ciudades polacas se realizaron marchas. Los productores temen que la entrada de carne vacuna, aves de corral y azúcar desde Sudamérica, con costos más bajos, presione a la baja los precios internos.
A pesar de ese clima, 15 países que concentran el 65% de la población europea enviaron su confirmación por escrito dentro del plazo fijado por Bruselas. Ese procedimiento formal dejó el camino libre para que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, avance hacia la firma del acuerdo con los socios del Mercosur, un paso que podría concretarse en los próximos días.
Alemania empuja el tratado y busca nuevos mercados
Alemania se ubicó entre los principales defensores del pacto. El gobierno de Berlín ve en el Mercosur una oportunidad para su industria exportadora, que enfrenta dificultades para recuperar dinamismo. El canciller Friedrich Merz definió la votación como un hito para la política comercial europea y un mensaje de capacidad de acción en un mundo fragmentado.

El ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, también celebró el resultado. Para el gobierno alemán, el tratado con Sudamérica sirve como contrapeso frente a políticas más cerradas de otros actores relevantes. El mensaje apunta a abrir nuevas puertas en lugar de levantar barreras, una postura que Berlín intenta sostener dentro del bloque.
Las asociaciones empresarias alemanas acompañaron esa visión. La VDA, que nuclea a la industria automotriz, consideró que la aprobación política llega tarde pero resulta una muy buena noticia para un país cuya economía depende en gran parte de las exportaciones. Las automotrices, los fabricantes de maquinaria y las empresas químicas esperan beneficiarse con menores costos para vender en mercados como Brasil y Argentina.
España también respaldó el acuerdo, en línea con su interés por profundizar la relación histórica y comercial con América del Sur. Para Madrid, el Mercosur ofrece una plataforma para que las empresas europeas ganen presencia en sectores como infraestructura, energía y servicios.
Qué cambia para el comercio entre Europa y el Mercosur
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur busca eliminar aranceles sobre más del 90% de los productos intercambiados. Se trata del tratado más ambicioso de la UE en términos de reducción de derechos aduaneros. Según datos oficiales, el comercio de bienes entre ambos bloques alcanzó EUR 111.000 millones en 2024.
Para las empresas europeas, el pacto promete un ahorro anual de miles de millones en aranceles. Sectores como el automotor, la maquinaria industrial, los vinos y las bebidas espirituosas figuran entre los principales beneficiados. En la vereda opuesta, los países sudamericanos obtendrán mayor acceso para productos agrícolas, minerales, pulpa y papel.

El texto también incluye capítulos sobre normas sanitarias, propiedad intelectual y compras públicas. Bruselas sostiene que el acuerdo ayuda a diversificar proveedores de insumos estratégicos y a reducir la dependencia de China en áreas como minerales críticos. Litio y cobre, esenciales para la movilidad eléctrica y las energías renovables, aparecen como recursos de interés directo para Europa.
El tratado prevé mecanismos de protección para sectores vulnerables. Si una avalancha de importaciones daña a un mercado interno, la UE podrá activar salvaguardas y suspender concesiones de forma temporal. Además, la Comisión Europea prometió apoyo financiero y técnico para los agricultores que enfrenten impactos negativos.



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