El Bayern Munich atraviesa una de esas campañas que obligan a mirar dos veces la tabla y las estadísticas. No se trata solo de liderar la Bundesliga con comodidad. El equipo de Vincent Kompany construye un dominio que roza lo desmesurado, con números que empujan a una comparación directa con los mejores planteles de la historia del fútbol alemán. Con el torneo todavía lejos de su desenlace, la diferencia con sus perseguidores ya resulta amplia y el nivel de juego instala una sensación clara: el Bayern no solo compite contra otros, también compite contra sus propios registros.
Tras 16 fechas disputadas, el conjunto bávaro acumula 44 puntos producto de 14 victorias y dos empates. No registra derrotas. La ventaja sobre Borussia Dortmund, Bayer Leverkusen y RB Leipzig se estira hasta los once puntos, un margen que en un campeonato tan exigente suele definir el rumbo general del título. A ese liderazgo se suma una producción ofensiva que supera los parámetros habituales: 63 goles en 16 partidos y solo 12 recibidos. El promedio supera los 3,9 tantos por encuentro, una cifra que coloca al Bayern en una zona estadística reservada para equipos de época.
Ese contexto explica por qué, con el ecuador del torneo cerca, el Bayern aparece como el principal candidato a sumar otra Bundesliga. Sería la decimotercera en las últimas catorce ediciones. El margen de error del resto del campeonato parece mínimo ante un equipo que, semana tras semana, sostiene la intensidad y la ambición.
Un ritmo que apunta directo a la historia
La proyección de puntos ya genera ruido en Alemania. Con 44 unidades sobre 48 posibles, el Bayern sostiene una media de 2,75 puntos por partido. Si ese ritmo se mantuviera hasta el final de las 34 fechas, el equipo alcanzaría 93 o 94 puntos, un registro superior al récord vigente de 91, fijado por el propio Bayern en la temporada 2012-13 bajo la conducción de Jupp Heynckes. No se trata de una fantasía estadística, sino de una tendencia apoyada en una regularidad extrema.

La comparación con campañas anteriores resulta inevitable. En la 2013-14, con Pep Guardiola, el Bayern cerró la primera rueda con 47 puntos. En este torneo, el plantel de Kompany se acerca a esa marca con partidos todavía por disputar. La constancia en el rendimiento sostiene una diferencia que no depende de un puñado de partidos brillantes, sino de una seguidilla sin fisuras.
La defensa también participa de ese equilibrio. Doce goles recibidos en 16 fechas implican menos de un tanto por encuentro. La línea de fondo, combinada con un mediocampo de presión alta, reduce al mínimo las situaciones del rival. El equipo no necesita sufrir para ganar. Controla, acelera y define.
Goles en cantidad y nombres propios
Si el ataque del Bayern mantiene su actual velocidad, el registro de goles puede ingresar en una dimensión inédita para la Bundesliga. Con 63 tantos ya convertidos, la proyección final ronda los 130. El récord vigente pertenece al Bayern de 1971-72, con 101. La diferencia entre una marca histórica y la producción actual del equipo de Kompany luce abismal.

Esa lluvia de goles se explica por un funcionamiento colectivo aceitado y por figuras que sostienen una eficacia constante. Harry Kane encabeza la tabla de artilleros con 19 tantos en 16 fechas. El delantero inglés avanza hacia cifras que ponen en peligro la marca de 41 que Robert Lewandowski fijó en la temporada 2020-21. El ritmo de Kane lo ubica en una carrera directa contra ese registro, con margen suficiente para superarlo si no aparecen lesiones ni baches prolongados.
A su lado, futbolistas como Michael Olise y Luis Díaz aportan desequilibrio, velocidad y definición. El equipo no depende de un único goleador. La amenaza llega desde varios frentes, con extremos que rompen líneas y volantes que pisan el área. La variedad ofensiva evita que los rivales encuentren una forma clara de neutralizar al Bayern.
Una goleada que refuerza el mensaje del Bayern Munich
La última fecha de la Bundesliga ofreció una síntesis perfecta de este momento. El Bayern derrotó 8 a 1 al Wolfsburg en Múnich, en su primer partido oficial del año. El resultado no solo amplió la ventaja en la cima, también envió una señal al resto del torneo. El equipo no administra ventajas, las profundiza.

Michael Olise marcó dos goles. Harry Kane y Luis Díaz sumaron uno cada uno. Raphael Guerreiro y Leon Goretzka, ambos desde el banco, también convirtieron. A eso se agregaron dos goles en contra del Wolfsburg, desbordado por la presión constante del local. El marcador ya mostraba una diferencia amplia en el complemento, pero el Bayern no redujo el ritmo. Siguió atacando, presionando y buscando más.
Vincent Kompany valoró ese rasgo. En su lectura, el plantel sostiene una mentalidad que no se relaja ni siquiera con el resultado definido. La búsqueda permanente de goles refleja una identidad que no admite pausas. Ese comportamiento explica por qué la diferencia de tantos no para de crecer.
El partido solo tuvo dos momentos de tensión. El primero, cuando Dzenan Pejcinovic empató de forma transitoria tras un error defensivo. El segundo, un golpe en el tobillo que obligó a Kane a recibir atención médica. El delantero continuó sin problemas y el equipo retomó el control de inmediato. Desde allí, el Wolfsburg no volvió a inquietar.
Con esa victoria, el Bayern se alejó once puntos del segundo. Borussia Dortmund empató 3 a 3 con Eintracht Frankfurt. Bayer Leverkusen perdió 4 a 1 frente al Stuttgart. El encuentro de Leipzig se postergó por la nieve. El contexto jugó a favor del líder, que transformó una buena fecha en una jornada casi perfecta.
El campeonato todavía ofrece muchos partidos por delante, pero el escenario se vuelve cada vez más claro. El Bayern Munich no solo camina hacia otro título. Camina hacia una temporada que puede redefinir los límites estadísticos de la Bundesliga. Si el ritmo se mantiene, los libros de récords deberán abrir espacio para un nuevo capítulo escrito en rojo y blanco.



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