El comportamiento del presidente estadounidense Donald Trump y sus políticas generaron un inusual debate en Alemania sobre la posibilidad de boicotear el Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México.
La polémica surgió a raíz de las amenazas de Trump sobre Groenlandia y las denuncias por el accionar violento de agentes de inmigración estadounidenses, que en las últimas semanas dejaron al menos dos personas muertas en operativos del servicio ICE. Sin embargo, los principales dirigentes del fútbol alemán rechazaron la propuesta y el Gobierno federal decidió no inmiscuirse en la discusión.

Voces divididas en la política alemana
El experto en política exterior de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Roderich Kiesewetter, fue uno de los primeros en plantear públicamente la posibilidad de un boicot. “Si Trump cumple sus anuncios y amenazas respecto a Groenlandia e inicia una guerra comercial con la Unión Europea, difícilmente puedo imaginar que los países europeos participen en el Mundial”, declaró al diario Augsburger Allgemeine.
El político del partido Los Verdes, Boris Mijatovic, fue más allá y advirtió directamente a los hinchas alemanes en el semanario Stern: “No es seguro para los aficionados viajar a este Mundial”. Mijatovic hizo referencia a los disparos mortales de un agente de la oficina de inmigración estadounidense contra una mujer en Minnesota a principios de enero. “Solo puedo aconsejar a cada hincha que boicotee los partidos del Mundial en Estados Unidos”, enfatizó. Durante el fin de semana, agentes federales estadounidenses volvieron a dispararle a muerte a una persona en Minnesota.

Desde otra perspectiva, Markus Söder, líder de la Unión Social Cristiana (CSU), socio menor de la alianza conservadora CDU/CSU que gobierna Alemania en coalición con los socialdemócratas del SPD, rechazó tajantemente la idea del boicot. “Son medidas completamente disparatadas como un boicot al Mundial”, enfatizó Söder tras una reunión del comité ejecutivo de su partido en Múnich. El primer ministro de Baviera argumentó que Europa depende de Estados Unidos tanto en términos de seguridad como económicos. “Aparte de que el Mundial no solo se celebra en Estados Unidos, sino también en Canadá y México”, agregó.
Söder calificó como “absurdas” propuestas como “no compren en Estados Unidos”, advirtiendo que “al final nadie comprará nuestros productos tampoco”. El líder de la CSU abogó por una estrategia de “mesura y claridad” en lugar de un “desacoplamiento total” de Estados Unidos, aunque reconoció que “no podemos permitir todo” y que “el estilo a veces es irritante”.

El mundo del fútbol cierra filas
Oke Göttlich, vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) y presidente del club Sankt Pauli, fue una voz solitaria dentro del fútbol alemán al pedir “al menos un debate” sobre el boicot. “Debemos tener esta discusión”, declaró al diario Hamburger Morgenpost. Göttlich argumentó que las organizaciones y la sociedad están desaprendiendo a defender valores y establecer tabúes.
Sin embargo, el presidente de la DFB, Bernd Neuendorf, se distanció rápidamente de esta postura durante la recepción de Año Nuevo de la Liga Alemana de Fútbol (DFL) en Fráncfort. Neuendorf la calificó como “la opinión de un único representante” del presidium y subrayó que en la DFB existe consenso en que “consideramos este debate completamente errado en este momento”. El directivo añadió que para la federación es “muy difícil evaluar la situación de manera realmente seria” y que prefieren “dejar eso también en manos de la política”.

Hans-Joachim Watzke, presidente del Borussia Dortmund y primer vicepresidente de la DFB, coincidió al señalar que se trata de “una opinión aislada” y que el debate está “completamente fuera de lugar ahora”. Watzke afirmó no haber escuchado “discusiones importantes” sobre el tema.
Jan-Christian Dreesen, director general del Bayern Múnich, recordó que nunca antes se boicoteó un Mundial de fútbol, ni siquiera después de la anexión de Crimea por parte de Rusia, que fue seguida cuatro años después por el Mundial de Rusia 2018. “No sabría por qué no deberíamos participar en el Mundial este año”, aseveró. Para Dreesen, el deporte debe concentrarse en “jugar al fútbol” y la geopolítica “se hace en otros ámbitos”.

El Gobierno alemán se mantiene neutral
La ministra de Estado responsable de la Cancillería Federal, Christiane Schelderlein, dejó en claro que el Gobierno respeta la autonomía del deporte. “Las decisiones sobre la participación o el boicot a grandes eventos deportivos recaen exclusivamente en las federaciones deportivas correspondientes, no en los políticos”, explicó en Berlín.
Un portavoz del Gobierno reforzó esta postura al señalar que es la selección alemana, y no el Gobierno federal, quien decide sobre su participación en las competiciones. “El Gobierno alemán aceptará esta evaluación”, subrayó Schelderlein, mencionando que la responsabilidad recae en la DFB y en la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial.

Un Mundial ampliado en medio de la controversia
El torneo de 2026 será el primero en contar con 48 selecciones participantes, ampliando el formato desde las 32 que jugaron en Qatar 2022. Europa tendrá 16 representantes, tres más que en la edición anterior. Los equipos se dividirán en 12 grupos de cuatro, y los dos primeros de cada grupo más los ocho mejores terceros avanzarán a un nuevo formato de 32avos de final, antes de continuar con el tradicional sistema de eliminación directa.
La controversia sobre un posible boicot se produce en un contexto de creciente tensión transatlántica, con Trump insistiendo en reclamar Groenlandia y amenazando con guerras comerciales contra la Unión Europea, mientras en territorio estadounidense continúan las denuncias por el accionar letal de agentes de inmigración.

Antecedentes: el boicot al Mundial de Argentina 1978
La discusión sobre boicotear un Mundial por razones políticas no es nueva en Europa. En 1978, varios países europeos debatieron intensamente la posibilidad de no participar en el Mundial de Argentina debido a las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura militar que gobernaba nuestro país. Holanda fue donde el debate alcanzó mayor intensidad: el parlamento neerlandés discutió formalmente la propuesta y diversos sectores de la sociedad exigieron que la selección naranja no viajara a Buenos Aires.

También hubo voces en Suecia, Francia y Alemania Occidental que plantearon el boicot. Sin embargo, finalmente todos los países clasificados participaron del torneo. Holanda llegó a la final, donde perdió 3-1 ante Argentina en el estadio Monumental. Aquel precedente demostró que, pese a los debates políticos y éticos, la presión deportiva y los intereses de las federaciones terminaron prevaleciendo sobre las consideraciones humanitarias.




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