La discusión sobre cuánto trabajan los alemanes se volvió central en la agenda política de Berlín. En un panorama económico complejo, con elecciones regionales y el crecimiento económico débil, el canciller de Alemania, Friedrich Merz, puso el foco sobre el tiempo de trabajo semanal. Dijo que la nación debe dedicar más horas a la actividad laboral si quiere mantener su nivel de prosperidad. Y esa crítica encendió una fuerte polémica.
Los datos oficiales confirman que Alemania figura entre los países de la Unión Europea con menor cantidad de horas trabajadas por semana cuando se consideran todos los empleados, tanto a tiempo completo como parcial. Según cifras oficiales de Destatis, la oficina federal de estadísticas alemana, la media de horas trabajadas por semana por todos los ocupados fue de 34,3 horas en 2024, por debajo del promedio europeo de 36,8 horas por semana.
El contexto estadístico europeo y la posición de Alemania
Los datos de Destatis muestran que en el comparativo de la Unión Europea de 2024, varios países se sitúan por encima del promedio. En ese ranking, Grecia lidera con 41,0 horas por semana trabajadas, mientras que el país con el menor promedio fue Países Bajos con 31,2 horas. Alemania, con 34,3 horas, se ubicó entre siete estados miembros que presentan una cifra algo inferior al promedio de la UE.

Distinto es el dato cuando solo se consideran los trabajadores a tiempo completo. En ese caso, la encuesta destina un promedio alemán de 40,2 horas semanales para quienes trabajan a tiempo completo, casi igual al promedio europeo de 40,3 horas en esa categoría.
Es decir que la percepción de que “los alemanes trabajan menos” está directamente influenciada por la proporción alta de empleados en jornada reducida. Esa proporción, en Alemania, es una de las más elevadas de la UE, lo que disminuye la media total de horas trabajadas por persona empleada.
Un debate político cargado de cifras y confrontaciones
Merz sostuvo en actos públicos que la productividad no es suficiente. Dijo que la combinación de opciones como la semana de cuatro días y un gran énfasis en la conciliación entre trabajo y vida personal podría poner en riesgo la prosperidad futura si no se equilibra con más horas de trabajo efectivo. Propuso discutir incentivos para que los trabajadores pasen menos tiempo fuera del empleo por motivos médicos y más tiempo en su lugar de trabajo.

Su discurso coincidió con un intento de reformar la regulación que facilita el paso de jornada completa a jornada reducida. La iniciativa propuesta buscaba limitar el derecho automático a optar por trabajo a tiempo parcial, salvo en casos justificados como cuidado infantil o formación. Muchos interpretaron ese tono como un cuestionamiento al estilo de vida.
Organizaciones civiles, sindicatos y sectores de oposición criticaron la iniciativa. Señalaron que Alemania ya registra una de las tasas más altas de empleo part time dentro de la Unión Europea, y que gran parte de quienes eligen esa modalidad lo hacen por razones familiares o de organización personal. En redes sociales el debate también fue intenso, con memes y comentarios que pusieron en cuestión la idea de que el país sea “perezoso en su ética de trabajo”.
Datos de encuestas posteriores indicaron que una proporción considerable de la población rechaza la propuesta de restringir el trabajo part time. Ese rechazo se reflejó en una caída del apoyo de los votantes a la formación política de Merz en lo que respecta a su responsabilidad sobre la economía, según encuestas de opinión publicadas en medios alemanes.
El impacto en la escena política fue inmediato. Parte de la dirigencia de la coalición oficialista decidió retirar del texto oficial la expresión más polémica vinculada con “estilo de vida part time”, intentando disminuir el costo político de la propuesta.
Factores estructurales detrás de las horas trabajadas
Los datos numéricos reflejan una situación más compleja que una simple comparación de horas. En Alemania, como en muchas economías europeas, la tendencia al trabajo a tiempo parcial creció durante décadas. Gran parte de esa expansión se explicó por la entrada masiva de mujeres al mercado laboral y por la transformación del mercado hacía servicios. Según estadísticas laborales, una parte sustancial de empleos ofrecidos corresponde a jornadas reducidas o flexibles.
El envejecimiento de la población también incide. A medida que más personas se retiran, menos trabajadores activos se reparten las actividades económicas, lo que reduce la cifra promedio de horas por trabajador.

A nivel industrial, sectores tradicionales de alta intensidad de mano de obra, como manufactura y construcción, enfrentan una menor demanda comparado con épocas anteriores. Esa evolución, junto con la automatización, influencia el número total de horas trabajadas.
El contraste entre la cifra alemana de 34,3 horas semanales promedio en todos los empleos y la cifra griega de 41,0 horas ilustra que las diferencias entre estados miembros pueden ser marcadas. Pero los números también muestran que cuando se considera solo a trabajadores a tiempo completo, Alemania está muy cerca de la media europea.
El empleo part time es más común entre mujeres que entre hombres, lo que influye en la cifra agregada. En Alemania la proporción de personas con jornadas reducidas es más alta que en muchos otros países del continente, reflejando decisiones personales, barreras estructurales como cuidado infantil y modelos socioculturales distintos.



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