El mercado de alquiler en Alemania atraviesa una tensión que ya no se limita a una sensación social. Los números empiezan a mostrarla con claridad. Cada vez más inquilinos recurren a los tribunales para enfrentar aumentos de alquiler, desalojos y conflictos contractuales. Así lo reflejan los últimos datos de la Asociación Alemana de Inquilinos (DMB), que analizó los reclamos judiciales de 2025 y detectó un salto en las demandas vinculadas al precio de la vivienda y a la conducta de los propietarios.
La tendencia no surge de un hecho aislado. Los conflictos por alquileres se insertan en un contexto donde los hogares destinan una porción cada vez mayor de sus ingresos a la vivienda y donde la oferta resulta limitada en muchas ciudades. En ese escenario, el vínculo entre inquilinos y dueños se vuelve más frágil y más litigioso. El resultado es una judicialización que no para de ampliarse.
Las cifras que difundió el DMB se basan en información de su proveedor de seguros legales, luego proyectada al conjunto del mercado. El objetivo fue ofrecer una radiografía de los principales motivos que llevan a las partes a los tribunales. El diagnóstico no deja dudas: los aumentos de alquiler ya se ubican entre las causas más frecuentes de disputa.
Los números que explican la ola de juicios
En 2025, la categoría más común de conflicto se concentró en lo que el DMB define como incumplimientos generales de contrato. Ese grupo reúne desde desacuerdos por mascotas hasta problemas con reparaciones. Representa el 28,4 por ciento del total de casos. Detrás de ese bloque, los aumentos de alquiler avanzan con fuerza. Su participación pasó de 17,4 por ciento en 2024 a 21,8 por ciento en 2025.

Ese salto refleja algo más que una estadística. Muestra un cambio de actitud. Los inquilinos ya no aceptan sin resistencia las subas que consideran injustas o ilegales. A ese rubro se suman los gastos operativos, como boletas de calefacción o expensas, que explican el 16,4 por ciento de los conflictos. También aparecen las disputas por depósitos de garantía, con un 15,7 por ciento, y los contratos rescindidos por uso personal del propietario, conocidos en Alemania como Eigenbedarf, con un 6,8 por ciento. Las cancelaciones sin aviso previo aportan otro 4,9 por ciento.
Uno de los datos más inquietantes gira en torno a los desalojos por uso personal. La demanda de asesoramiento legal por este motivo sube entre 30 y 50 por ciento en los últimos años. La asociación de inquilinos sostiene que en cerca de la mitad de esos casos existen indicios de que el argumento funciona como pretexto para retirar viviendas del mercado y volver a alquilarlas a un precio mayor.
El trasfondo se confirma con otra fuente. La oficina estadística alemana registró cerca de 197.000 casos de derecho de arrendamiento en 2024, casi un ocho por ciento más que el año previo. Los números de 2025 todavía no están completos, pero la línea de tendencia ya resulta clara. La litigiosidad en materia de alquiler no deja de subir.
Por qué el conflicto escala en las grandes ciudades
Para Melanie Weber-Moritz, presidenta del DMB, la causa principal reside en la presión que sufre el mercado. En varias ciudades los precios avanzan a ritmos de dos dígitos, mientras los controles pierden eficacia. Uno de cada tres hogares inquilinos destina una porción excesiva de sus ingresos a la vivienda, una carga que vuelve frágil cualquier economía doméstica.

A esa presión se suma una mayor conciencia de derechos. Aplicaciones digitales y plataformas de consulta permiten verificar si un alquiler supera los topes legales. En Berlín, una app impulsada por el partido La Izquierda se utilizó más de 200.000 veces durante 2025. Dos tercios de los alquileres revisados se ubicaron al menos un 20 por ciento por encima del promedio local, un nivel considerado ilegal. La herramienta ya funciona en 28 ciudades.
La tecnología empuja a los inquilinos a no resignarse. Un clic basta para saber si el contrato respeta la ley. Esa información convierte a muchos conflictos latentes en demandas formales. También amplía el perfil de quienes recurren a abogados. Según el DMB, el problema ya no afecta solo a los sectores de menores ingresos. La clase media, con mayor capacidad para afrontar gastos legales, también queda atrapada en la falta de oferta y en los precios elevados.
Un mercado cada vez más desigual
Alemania mantiene el porcentaje más alto de habitantes en viviendas alquiladas dentro de Europa. Esa proporción incluso sube, sobre todo entre familias y hogares numerosos. Sin embargo, el último Informe de Alquileres del DMB describe un escenario tenso. Las familias resultan las más golpeadas por subas y por la escasez de metros cuadrados. En el otro extremo, los hogares de mayores ingresos disponen de espacios que exceden sus necesidades.

El resultado es un uso ineficiente del parque habitacional. Algunos viven hacinados. Otros ocupan departamentos amplios. La movilidad se reduce porque mudarse implica enfrentar alquileres todavía más altos y costos de traslado que muchos no pueden asumir.
Casi un tercio de los inquilinos expresa temor a no poder pagar el alquiler en el futuro. Esa percepción no surge de un pánico abstracto. Se vincula con contratos que se actualizan por encima de los salarios y con la falta de alternativas. Cuando una familia teme perder su hogar, la vía judicial se transforma en una herramienta de defensa.



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