lunes, 9 de febrero de 2026

Franjo von Allmen ya no es solo una promesa del esquí alpino ni una curiosidad pintoresca del deporte suizo. En los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, el atleta nacido en Boltigen se convirtió en el primer competidor en conseguir dos medallas doradas en una misma edición. Lo logró en la prueba reina del descenso y en la combinada por equipos masculina, disputada en la exigente pista de Bormio.

Ese doble logro deportivo convive con un dato que su editor insiste en destacar: von Allmen también tiene una salchicha que lleva su nombre. Lejos de ser una anécdota menor, ese detalle resume una historia marcada por el esfuerzo, el arraigo local y un recorrido poco convencional hacia la cima del esquí mundial.

La consagración olímpica llegó a los 24 años, en un momento en el que su carrera atraviesa una madurez temprana. Von Allmen compite para Suiza, pero su figura desborda los límites del alto rendimiento. En su pueblo natal, al sudoeste de Berna, un carnicero decidió bautizar uno de sus productos como “Franjo’s Wurst”, un homenaje que antecedió incluso a sus grandes títulos. Antes de ser campeón olímpico, ya era un símbolo local.

El oro en Bormio y el salto definitivo

La combinada por equipos masculina fue el escenario de la segunda medalla dorada de von Allmen en estos Juegos. La prueba reunió a especialistas de descenso y slalom, una fórmula que exige equilibrio colectivo y precisión individual. El suizo integró el equipo junto a Tanguy Nef. Von Allmen completó el descenso en 1 minuto y 52,22 segundos, el cuarto mejor registro de la jornada. No fue una actuación dominante, pero sí sólida y sin errores graves.

Franjo von Allmen
El doble oro confirmó el ascenso de Franjo von Allmen dentro de una generación que renovó el liderazgo del esquí suizo.

El giro decisivo llegó en el slalom. Nef firmó una bajada casi perfecta y marcó el mejor tiempo de la manga. El registro total del equipo suizo fue de 2:44.04, suficiente para superar a Austria y a otra formación de Suiza integrada por Loic Meillard y Marco Odermatt. Ambos conjuntos empataron en 2:45.03, por lo que no se entregó medalla de bronce.

El triunfo confirmó la regularidad de von Allmen en escenarios de máxima presión. Dos días antes, ya había ganado el oro en el descenso individual, la disciplina más prestigiosa del esquí alpino. En la pista Stelvio, un trazado de 3,2 kilómetros famoso por su velocidad y dificultad técnica, superó al italiano Giovanni Franzoni por apenas 0,20 segundos. Esa actuación lo colocó en el centro de la escena olímpica y marcó un quiebre definitivo en su proyección pública.

De Boltigen al mundo, sin atajos

El recorrido de Franjo von Allmen dista del camino habitual de las grandes figuras del esquí. Nació en 2001 en Boltigen, una localidad pequeña donde la nieve forma parte del paisaje cotidiano. Sus primeros contactos con el esquí ocurrieron en las pendientes del Jaun, lejos de academias exclusivas o estructuras de elite. Su madre cumplió un rol central en esos años iniciales, llevando los esquíes hasta la parada del colectivo escolar para que sus hijos pudieran entrenar sin perder tiempo.

Franjo von Allmen
Con 24 años, von Allmen emergió como el nuevo referente del esquí alpino suizo en la cita olímpica.

Durante su adolescencia, von Allmen no pensaba en una carrera profesional. Optó por formarse como carpintero, un oficio que todavía practica durante el verano. A esa actividad suma otra pasión inesperada: el motocross. Esa combinación de trabajo manual y deporte extremo moldeó su carácter competitivo, según él mismo reconoce en entrevistas concedidas a medios suizos.

El momento más difícil llegó a los 17 años, con la muerte repentina de su padre. La pérdida tuvo un impacto emocional profundo y generó problemas económicos que pusieron en duda su continuidad deportiva. En ese contexto apareció una solución poco frecuente en el esquí de alto nivel: una campaña de financiamiento colectivo. Gracias a ese aporte, logró costear una temporada más y mantenerse en competencia. Ese año resultó decisivo. Poco después ingresó en la selección suiza y empezó a destacarse en torneos internacionales juveniles.

En 2022 consiguió tres subcampeonatos mundiales júnior, en descenso, supergigante y combinada. Desde entonces, su progresión fue constante. Debutó en la Copa del Mundo en 2023 y sumó cinco victorias en el circuito mayor. Cada paso se dio sin estridencias, pero con una eficacia notable.

La salchicha, la sombra de Odermatt y un nuevo liderazgo

Mientras su nombre empezaba a circular en el ambiente del esquí, Boltigen ya lo celebraba a su manera. Una carnicería local decidió homenajearlo con la “Franjo’s Wurst”, una salchicha comercializada a EUR 2,60 cada 100 gramos. El producto se volvió popular en la región y reforzó la identificación entre el atleta y su comunidad. No se trató de una estrategia de marketing nacional, sino de un gesto espontáneo. El campeón olímpico seguía siendo el chico del pueblo.

En el plano deportivo, von Allmen convivió durante años con la figura dominante de Marco Odermatt, múltiple ganador de la Copa del Mundo y referente indiscutido del esquí suizo. Esa comparación permanente lo mantuvo en un segundo plano mediático. Incluso en Bormio, Odermatt registró un mejor tiempo de descenso que von Allmen, pero errores en el slalom relegaron a su equipo al segundo lugar.

Franjo von Allmen
El esquiador suizo fue decisivo en el descenso y en la combinada por equipos, disputadas en la pista de Bormio.

La doble medalla dorada en Milán-Cortina alteró ese equilibrio. Von Allmen pasó a ser el primer gran protagonista de estos Juegos y el símbolo de una nueva etapa para el esquí suizo. Vive con su hermano y recibe cada semana la visita de su abuela, que colabora con las tareas domésticas. Ese dato doméstico convive ahora con la imagen de un campeón olímpico que domina pistas históricas y responde en los momentos decisivos.

“No sé si soy la próxima estrella. Solo intento divertirme”, repitió tras uno de sus títulos recientes. La frase no suena a falsa modestia. Su historia sugiere que el disfrute fue siempre el motor principal. Entre una bajada olímpica y una salchicha con su nombre, Franjo von Allmen construyó un perfil singular, ajeno a los moldes clásicos del deporte de elite. En Milán-Cortina, ese recorrido encontró su punto más alto.

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