jueves, 2 de octubre de 2025

Una de las imágenes más estremecedoras del Holocausto muestra a un soldado nazi apuntando su pistola contra la cabeza de un hombre que espera resignado su muerte, arrodillado frente a una fosa llena de cadáveres. Durante décadas, la foto fue conocida de manera equivocada como “El último judío en Vínnytsia” y permaneció rodeada de incógnitas.

Hoy, gracias a la investigación del historiador alemán Jürgen Matthäus, se logró reconstruir la historia detrás de esa escena. El académico, radicado en Estados Unidos, recurrió a archivos, testimonios, voluntarios y herramientas de inteligencia artificial para llegar a una conclusión: el autor del disparo fue el maestro alemán Jakobus Onnen.

Una masacre en Berdychiv

Según los hallazgos publicados en la revista académica Zeitschrift für Geschichtswissenschaft, la masacre ocurrió el 28 de julio de 1941, probablemente en la tarde, dentro de la ciudadela de Berdychiv, a 150 kilómetros al suroeste de Kiev. Ese lugar fue durante siglos un importante centro de vida judía, hasta que las tropas nazis lo convirtieron en escenario de exterminio.

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La ciudad de Berdychiv fue escenario de una de las masacres más recordadas del Holocausto en Ucrania, donde fueron asesinados miles de judíos.

La fotografía no fue tomada en Vínnytsia, como se creyó por años, sino en Berdychiv. Allí actuaba el comando Einsatzgruppe C, una de las unidades móviles encargadas de “limpiar” el territorio de judíos y partisanos, poco antes de una visita de Adolf Hitler.

El historiador logró precisar el contexto gracias a documentos, mapas y el apoyo de voluntarios del grupo de periodismo de investigación Bellingcat. Con su ayuda se pudo cruzar información y aplicar programas de reconocimiento de imágenes para comparar fotos de época.

El maestro convertido en asesino

El hombre que aparece en la foto apuntando el arma fue identificado como Jakobus Onnen. Nació en 1906 en Tichelwarf, una aldea cercana a la frontera holandesa. Había estudiado idiomas, viajado por Europa y se desempeñaba como profesor de francés, inglés y gimnasia. Se unió al partido nazi en 1933, antes de que Hitler llegara al poder.

Su familia, educada y acomodada, guardó cartas que Onnen enviaba desde el frente oriental. Sin embargo, en la década de 1990, esos documentos fueron destruidos. Quedaron solo algunas fotografías, suficientes para que los expertos en inteligencia artificial pudieran trabajar en un cotejo visual.

El algoritmo arrojó un alto grado de coincidencia. Matthäus aclaró que el parecido, sumado a la evidencia circunstancial, fue tan sólido que decidió publicar los resultados. Onnen no pasó de un rango bajo en las filas de las SS y murió en combate en agosto de 1943.

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El historiador alemán Jürgen Matthäus dedicó años a investigar la imagen y utilizó herramientas digitales para confirmar la identidad del verdugo.

Para el historiador, la imagen donde aparece encañonando al hombre arrodillado no fue casual. “Quiso impresionar, posó para la cámara con un gesto de poder”, explicó. La foto habría sido tomada por un compañero de unidad, y en su momento circuló como un trofeo de guerra.

El valor de la investigación

Matthäus, que hasta hace poco dirigió el área de investigación del Museo del Holocausto en Washington, lleva décadas dedicado a este tipo de trabajos. Su libro más reciente analiza álbumes de fotos recopilados por soldados alemanes en el frente oriental.

Según datos de la época, de los cerca de 20.000 judíos que vivían en Berdychiv en 1941, apenas 15 seguían con vida a comienzos de 1944. “Las ejecuciones masivas continuaron hasta el último día de la ocupación alemana”, señaló el académico.

El investigador también busca identificar al hombre arrodillado en la imagen. Para eso colabora con el historiador ucraniano Andrii Mahaletskyi y consulta archivos soviéticos de comunidades locales. La tarea es ardua: mientras que los deportados desde Europa occidental solían figurar en listados minuciosos, los asesinados en el este quedaron en su mayoría en el anonimato.

Matthäus destacó que “más de un millón de víctimas en la Unión Soviética ocupada aún no tienen nombre, como querían los asesinos”.

El uso de inteligencia artificial no reemplaza el trabajo humano, aclaró el historiador, pero puede abrir nuevas pistas. “No es una bala de plata, es una herramienta más”, sostuvo.

La revelación sobre Onnen es una de las imágenes más duras del Holocausto, pero también cuestiona viejos mitos. El abundante material visual y escrito enviado por soldados a sus familias demuestra que la sociedad alemana sabía de las masacres. La foto de Berdychiv, con el verdugo y su víctima frente a frente, es tan reveladora como la puerta de Auschwitz.

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