lunes, 23 de febrero de 2026

En medio de un debate político que gira en torno a la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales, Alemania optó por un camino distinto. En lugar de prolongar discusiones, decidió experimentar. Durante seis meses, 45 empresas pusieron a prueba la semana laboral de cuatro días. Los resultados dejaron un dato contundente: casi tres de cada cuatro compañías que participaron no quieren volver al esquema tradicional de cinco días.

El contraste resulta evidente. Mientras en España el tema avanza entre negociaciones y declaraciones cruzadas, en Alemania se aplicó un piloto concreto, medible y con seguimiento académico. La experiencia permite observar qué sucede cuando se reduce el tiempo de trabajo sin tocar el salario y sin resignar productividad.

El experimento alemán y el modelo 100-80-100

El proyecto se desarrolló con empresas de distintos tamaños y sectores. La coordinación estuvo a cargo de 4 Day Week Global junto con la consultora Intraprenör. El seguimiento académico lo realizó la Universidad de Münster.

El modelo aplicado fue el denominado 100-80-100. Salario completo, 80% del tiempo de trabajo y compromiso de mantener el 100% de la productividad. No se trató de trabajar menos y cobrar menos. Se buscó reorganizar tareas, eliminar tiempos muertos y concentrar esfuerzos.

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El 73% de las compañías que participaron del piloto decidió mantener el nuevo esquema tras comprobar que la productividad se sostuvo.

Según el informe académico, el 73% de las empresas afirmó que mantendría la semana de cuatro días una vez finalizado el piloto. Una minoría evaluó regresar al esquema anterior. La productividad se sostuvo en la mayoría de los casos. Tampoco se registraron caídas relevantes en los ingresos.

El temor inicial de muchos directivos era claro. Si se reduce el tiempo disponible, la producción podría resentirse. Sin embargo, la evidencia recogida durante el ensayo mostró otra dinámica. Muchas compañías revisaron su funcionamiento interno. Detectaron ineficiencias. Ajustaron procesos.

Cerca del 60% redujo o limitó reuniones. Se simplificaron circuitos de aprobación. Se establecieron prioridades más claras. El resultado fue una mejor utilización del tiempo. El piloto dejó en evidencia que la estructura clásica de cinco días incluye espacios improductivos que pueden corregirse.

La experiencia alemana no quedó aislada. En el Reino Unido se realizó el mayor ensayo hasta el momento, coordinado por Autonomy y difundido por la BBC. Allí, el 92% de las empresas decidió continuar con la semana de cuatro días tras el período de prueba. La facturación promedio se mantuvo estable y la rotación laboral descendió de manera notoria.

Productividad estable y cambios organizativos

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El piloto incluyó 45 empresas de distintos sectores y contó con seguimiento académico de la Universidad de Münster.

El debate sobre la reducción horaria suele centrarse en la eficiencia. Alemania aportó datos concretos. En términos generales, la producción no cayó. En algunos casos, incluso mejoró levemente.

La explicación no remite a un esfuerzo extraordinario de los trabajadores. Tampoco a una presión mayor en menos tiempo. La clave estuvo en la organización. Se eliminaron tareas redundantes. Se concentró el trabajo en objetivos medibles. Se redujeron interrupciones.

Este tipo de cambios requiere planificación. No todas las actividades pueden adaptarse con la misma facilidad. Las empresas que participaron del piloto lo hicieron de manera voluntaria. Existía predisposición a innovar. Ese punto resulta central para interpretar los resultados.

Además de la productividad, se observaron efectos en la retención de talento. Menor rotación implica menos costos de selección y formación. En mercados laborales competitivos, ofrecer una semana de cuatro días puede transformarse en un diferencial.

Bienestar y salud: los efectos menos visibles

El informe alemán también registró impactos en el bienestar. Los trabajadores reportaron menos estrés, mejor descanso y mayor satisfacción con el equilibrio entre vida personal y laboral. El descenso en los niveles de agotamiento fue uno de los datos más consistentes del estudio.

En el Reino Unido, los resultados fueron similares. El 39% de los empleados declaró menos estrés al finalizar el ensayo. El 71% indicó niveles más bajos de agotamiento. También se observaron mejoras en la calidad del sueño y en la conciliación familiar.

En un contexto donde las bajas por problemas de salud mental ocupan un lugar cada vez más relevante en el ausentismo, estos datos adquieren peso. Ansiedad, depresión y síndrome de burnout generan costos económicos y humanos. La reorganización del tiempo de trabajo aparece como una variable a considerar.

No se trata solo de horas. Se trata de cómo se distribuyen. Un día adicional libre puede destinarse al descanso, al cuidado familiar o a actividades personales. Esa recuperación impacta en el rendimiento posterior.

El escenario español y los desafíos estructurales

En España, la jornada de ocho horas diarias se implantó en 1919. En 1983 se fijó el límite de 40 horas semanales. El actual Ministerio de Trabajo, encabezado por Yolanda Díaz, impulsa la reducción a 37,5 horas.

El debate sobre la semana de cuatro días también llegó al país. En Valencia se desarrolló una prueba piloto con efectos ambientales y sociales positivos. Se registró menor contaminación urbana y mejoras en indicadores de salud.

Un estudio publicado en 2021 en la revista Cambridge Journal of Economics, elaborado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, estimó que una reducción de 40 a 35 horas semanales en 2017 podría haber generado 560.000 empleos adicionales. Según esa proyección, la tasa de desempleo habría descendido 2,6 puntos y el PIB habría crecido 1,5%.

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Durante el ensayo, cerca del 60% de las compañías redujo reuniones y simplificó procesos para optimizar el tiempo de trabajo.

La opinión pública muestra respaldo. El 87% de los trabajadores españoles apoyaría la implantación de la semana de cuatro días, según un estudio de Edenred y Savia.

Sin embargo, el contexto productivo español presenta particularidades. Existe mayor peso de pymes. El sector servicios ocupa un lugar central. Actividades presenciales como comercio y hostelería ofrecen menos margen para reorganizar turnos sin aumentar costos.

A diferencia del piloto alemán, concentrado en empresas predispuestas a experimentar, una implementación general en España exigiría cambios más amplios. Reformas organizativas. Adaptación sectorial. Evaluación constante.

La experiencia alemana no ofrece una receta universal. Sí aporta evidencia concreta. Reducir la semana laboral no implica necesariamente perder productividad. En ciertos contextos, puede implicar lo contrario. La discusión ya no se limita a un debate ideológico. Existen datos. Y esos datos invitan a revisar supuestos arraigados.

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