Un equipo de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), en Suiza, desarrolló un tejido textil robótico con una capacidad mecánica sin precedentes: puede levantar hasta 400 veces su propio peso manteniendo la flexibilidad y apariencia de una prenda convencional.
El avance, publicado en la revista científica Science Advances, representa un punto de inflexión en el diseño de robótica vestible y promete eliminar los principales inconvenientes de los exoesqueletos electrónicos actuales, que dependen de componentes rígidos y voluminosos que limitan su uso cotidiano.
La investigación fue liderada por el Soft Transducers Lab de la EPFL, cuyos científicos replantearon la forma en que los hilos se entrelazan dentro del tejido. El objetivo no era solo aumentar la potencia, sino hacerlo manteniendo una flexibilidad compatible con el uso diario, algo esencial para la aceptación social de estas tecnologías. Una muestra de apenas 4,5 gramos de este material es capaz de elevar un kilogramo, una relación fuerza-peso que sitúa a este tejido entre los más eficientes dentro de la robótica blanda.

Una arquitectura que multiplica la fuerza
La clave del sistema radica en una arquitectura denominada X-Crossing, en la que cada cruce de fibra se orienta en la dirección exacta del movimiento deseado. A diferencia de los tejidos tradicionales, donde las fuerzas se dispersan y se anulan parcialmente, este patrón logra que todas las tensiones se sumen, incrementando de forma notable el rendimiento mecánico.
El tejido integra hilos de aleación con memoria de forma compuestos por níquel y titanio, materiales que se contraen al calentarse mediante corriente eléctrica. Huapeng Zhang, primer autor del estudio, destacó en una nota de prensa que “la orientación de los cruces es determinante para que la fuerza generada no se anule”. Esta configuración permite, además, que la tela se estire hasta un 160% de su longitud original, facilitando su colocación como si se tratara de una prenda común.
La aleación de níquel y titanio empleada en los hilos tiene la propiedad de “recordar” su forma original y volver a ella cuando se le aplica calor. Al pasar corriente eléctrica por estos hilos, se calientan y se contraen, generando la fuerza necesaria para asistir movimientos o levantar peso. Una vez enfriados, los hilos recuperan su longitud inicial, preparándose para un nuevo ciclo de activación.
Eficiencia energética y aplicaciones prácticas
Uno de los aspectos más destacables del diseño es su eficiencia energética. El tejido puede mantener la fuerza aplicada sin consumo eléctrico continuo, lo que representa una ventaja significativa frente a otros sistemas de asistencia mecánica que requieren alimentación constante para sostener el esfuerzo.
Para validar su funcionamiento fuera del laboratorio, el equipo integró el material en prototipos funcionales. Uno de ellos consistía en una manga capaz de asistir la flexión del codo y levantar peso de forma progresiva, demostrando su potencial para aplicaciones de rehabilitación física o asistencia a personas con movilidad reducida. Otro prototipo se centró en sistemas de compresión corporal para usos médicos y deportivos, áreas donde la presión controlada y constante es fundamental.
Herbert Shea, responsable del Soft Transducers Lab, subrayó que este avance abre la puerta a una nueva generación de ropa capaz de ayudar al cuerpo humano de forma discreta, integrándose en la vida diaria sin elementos aparatosos. A diferencia de los exoesqueletos tradicionales, que suelen ser voluminosos y visualmente intrusivos, este tejido podría incorporarse en prendas de uso regular sin alterar significativamente su apariencia.

Hacia una robótica vestible invisible
El desarrollo aborda una de las principales barreras del sector de la robótica vestible: la dependencia de componentes rígidos que reducen el confort y limitan la integración en prendas cotidianas. Mientras los exoesqueletos convencionales requieren estructuras externas y sistemas de alimentación visibles, el nuevo enfoque apuesta por textiles activos capaces de generar fuerza sin renunciar a la elasticidad ni a la estética de una tela común.
Las aplicaciones potenciales abarcan desde la asistencia a personas mayores o con discapacidades físicas hasta el apoyo en tareas laborales que requieren esfuerzo físico repetitivo. En el ámbito médico, podría utilizarse en terapias de rehabilitación que requieren movimientos asistidos controlados. En el deportivo, el material podría integrarse en prendas de compresión que no solo mejoren la circulación, sino que también asistan activamente el movimiento muscular.
El siguiente paso para los investigadores de la EPFL será optimizar la durabilidad del material ante ciclos repetidos de contracción y expansión, así como perfeccionar los sistemas de control que permitan una activación precisa y adaptada a las necesidades específicas de cada usuario. La posibilidad de crear prendas que combinen funcionalidad mecánica con apariencia convencional representa un cambio de paradigma en cómo concebimos la interacción entre tecnología y vestuario.




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