La crisis energética derivada del conflicto militar en Medio Oriente obligó a las principales economías industrializadas a recurrir a sus reservas estratégicas de petróleo. Alemania y Austria confirmaron que liberarán parte de sus depósitos de crudo tras una solicitud de la Agencia Internacional de Energía (IEA), que pidió a sus países miembros poner en circulación 400 millones de barriles de petróleo, la mayor intervención coordinada en la historia del organismo.
La medida intenta contener el fuerte impacto que la guerra con Irán produce sobre el mercado energético. Los ataques en el Golfo Pérsico y la interrupción del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz redujeron de forma drástica el flujo de petróleo hacia los mercados internacionales. Ante ese escenario, varios gobiernos decidieron abrir sus reservas acumuladas durante décadas para sostener el abastecimiento y evitar un salto abrupto en los precios.
Alemania aportará 19,51 millones de barriles de petróleo como parte del operativo coordinado por la IEA. Japón anunció que liberará 80 millones de barriles, mientras que el Reino Unido confirmó un aporte de 13,5 millones. Francia, por su parte, sumará 14,5 millones de barriles. En conjunto, cerca del 70% del petróleo liberado provendrá de países del G7.
El bloqueo del estrecho de Ormuz altera el mercado energético

El detonante de la crisis se encuentra en el estrecho de Ormuz, un corredor marítimo extremadamente angosto que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Este paso se ubica entre Irán y Omán y constituye uno de los puntos más sensibles del sistema energético mundial.
Antes del conflicto, por esa vía circulaban unos 20 millones de barriles de petróleo por día, lo que representa cerca de una quinta parte del comercio marítimo de crudo del planeta. Desde fines de febrero, los ataques contra barcos comerciales y las amenazas militares alteraron el tránsito en la zona.
Varias compañías navieras suspendieron operaciones por el riesgo de nuevos ataques. En paralelo, operadores energéticos comenzaron a reducir la producción en campos petroleros de la región debido a la imposibilidad de transportar el crudo hacia los mercados.
Las exportaciones de petróleo y derivados desde la zona se desplomaron. Los datos difundidos por la Agencia Internacional de Energía indican que los envíos actuales representan menos del 10% de los niveles previos al conflicto.
El impacto inmediato se reflejó en el precio del crudo. Durante los primeros días de la crisis, el barril de Brent llegó a cotizar cerca de USD 119,50, el nivel más alto desde 2022. Tras conocerse la posibilidad de liberar reservas estratégicas, el precio retrocedió hasta ubicarse cerca de USD 90 por barril.
Un operativo sin precedentes en la historia energética reciente

La Agencia Internacional de Energía coordina las reservas estratégicas de petróleo de los países industrializados desde su creación en 1974, luego de la crisis petrolera provocada por el embargo árabe. El sistema obliga a los miembros a mantener reservas equivalentes a 90 días de importaciones de petróleo.
Actualmente, los países que integran la organización almacenan más de 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia. A esa cifra se suman otros 600 millones de barriles en manos de la industria, mantenidos bajo regulación estatal para situaciones de crisis.
La liberación de 400 millones de barriles representa cerca de un tercio de todas las reservas públicas disponibles dentro del sistema de la IEA.
Se trata de un volumen muy superior al utilizado en crisis anteriores. En 2022, tras la invasión rusa a Ucrania, los países miembros liberaron 182,7 millones de barriles para sostener el mercado energético europeo.
El operativo actual más que duplica aquel antecedente. Según estimaciones de la propia agencia, el volumen acordado equivale aproximadamente a 20 días del flujo petrolero que normalmente atraviesa el estrecho de Ormuz.
Impacto limitado si el conflicto se prolonga

A pesar de la magnitud del operativo, varios especialistas advierten que el efecto podría ser transitorio si la crisis militar se extiende. La capacidad logística para liberar reservas resulta limitada. En experiencias anteriores, los países de la IEA raramente liberaron petróleo a un ritmo superior a 2,5 millones de barriles diarios, muy por debajo del volumen de crudo que circula normalmente por el Golfo Pérsico.
Esto significa que la intervención funciona principalmente como un mecanismo de contención para estabilizar los mercados en el corto plazo.
El problema de fondo sigue siendo geopolítico. Mientras el tránsito en el estrecho de Ormuz permanezca restringido, el sistema energético internacional enfrentará un déficit estructural de suministro.

Además, gran parte del petróleo que circula por esa ruta se dirige hacia Asia. Cerca del 84% de los envíos que atraviesan el estrecho tienen destino en mercados asiáticos, lo que vuelve especialmente vulnerable a países importadores como Japón, Corea del Sur o India.
Europa también mantiene dependencia de la región. Parte del gas natural licuado proveniente de Qatar, por ejemplo, utiliza la misma ruta marítima para llegar a terminales europeas.
En ese contexto, la decisión de liberar reservas intenta ganar tiempo mientras las tensiones militares continúan abiertas.




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