Cada año, Alemania somete su propio lenguaje público a un examen incómodo. No se trata de premiar creatividad ni elegancia, sino de señalar aquellas palabras que, por su uso político o social, resultan engañosas, deshumanizantes o deliberadamente confusas. En 2025, el jurado del tradicional Unwort des Jahres tomó una decisión que puso el foco en el corazón del debate económico y político del país.
El término elegido como “no-palabra del año” fue Sondervermögen, una expresión técnica que, traducida de forma literal, significa “fondo especial”. A primera vista, la palabra parece neutra, incluso positiva. Sin embargo, para el jurado, su utilización sistemática en el discurso público distorsionó el sentido real de decisiones fiscales de enorme impacto. La crítica no apuntó a la palabra en sí, sino al modo en que fue usada para suavizar la noción de endeudamiento estatal.
La elección surgió de un proceso amplio. Durante 2025, la campaña recibió 2.631 propuestas, que incluyeron 533 expresiones distintas. De ese conjunto, unas 70 cumplieron los criterios formales del jurado, integrado por lingüistas, periodistas y especialistas invitados. El objetivo fue identificar términos empleados de manera descuidada o con intención de manipular la percepción social.
Un fondo “especial” que no resulta tan inocente
En el lenguaje jurídico y económico, Sondervermögen describe un patrimonio separado del presupuesto general, destinado a un fin específico. En la vida cotidiana, la expresión puede remitir a una reserva de dinero para un objetivo concreto. El problema aparece cuando ese término técnico se traslada al debate político sin aclarar sus implicancias reales.

Durante 2025, el gobierno alemán utilizó la noción de “fondos especiales” para denominar grandes presupuestos suplementarios orientados a áreas sensibles. Entre ellos figuraron partidas para defensa, infraestructura, digitalización y medidas vinculadas al clima. Según los críticos, la palabra funcionó como un eufemismo que ocultó una realidad incómoda: la asunción de nueva deuda pública.
En la actualidad existen alrededor de 29 de estos fondos en Alemania. El más voluminoso es el Fondo Especial para Infraestructura y Neutralidad Climática, conocido por sus siglas en alemán, con un monto estimado en EUR 500.000 millones. Ese volumen financiero equivale a una porción sustancial del presupuesto estatal y condiciona la política fiscal de largo plazo.
El jurado del Unwort des Jahres sostuvo que el término “fondo especial” sugiere algo excepcional, transitorio o separado del funcionamiento normal del Estado. En los hechos, se trata de deuda, con impacto directo sobre las cuentas públicas futuras. Al no estar integrados de forma plena al presupuesto ordinario, estos fondos también reducen el control parlamentario directo, un punto que generó fuertes cuestionamientos.

Para los especialistas, el uso reiterado de Sondervermögen en discursos oficiales contribuyó a diluir la percepción social del endeudamiento. La palabra suaviza, tranquiliza y desplaza el foco, cuando el debate debería centrarse en el alcance real de las decisiones financieras.
Lenguaje, política y responsabilidad democrática
La elección de la “no-palabra del año” no pretende censurar términos, sino llamar la atención sobre el poder del lenguaje en la política. En Alemania, este ejercicio funciona como una advertencia anual: las palabras moldean la comprensión de la realidad.
En este caso, el jurado consideró que Sondervermögen fue utilizada de manera estratégica. Al evitar referencias directas a deuda, préstamos o compromisos fiscales futuros, el término facilitó consensos políticos y redujo resistencias sociales. El lenguaje técnico operó como una barrera entre la ciudadanía y el contenido real de las medidas.
Desde la perspectiva del jurado, este tipo de práctica debilita el debate democrático. Cuando los conceptos se vuelven opacos, la discusión pública pierde precisión. Los votantes reciben mensajes simplificados, pero no siempre veraces en términos sustantivos.
El señalamiento no implica negar la necesidad de inversión estatal. Alemania enfrenta desafíos estructurales en infraestructura, defensa y transición energética. La crítica se dirige al modo en que se nombran esas decisiones, no necesariamente a su finalidad. Nombrar con claridad implica asumir costos políticos y explicar prioridades.
En ese marco, el Unwort des Jahres actúa como una suerte de espejo incómodo. Refleja no solo un problema lingüístico, sino una tensión más profunda entre tecnocracia y transparencia.
El segundo puesto y el debate migratorio
En el segundo lugar del ranking quedó Zustrombegrenzungsgesetz, traducible como “ley de limitación del flujo”. Se trata de una expresión vinculada al debate migratorio que ocupó el centro de la escena política alemana a comienzos de 2025.
El término surgió de un proyecto impulsado por el bloque conservador CDU/CSU, que buscaba restringir ciertos aspectos de la inmigración. Entre sus propuestas figuraban la suspensión de la reunificación familiar para determinados grupos y una ampliación de las facultades policiales para llevar adelante deportaciones.
El proyecto fue debatido en el Bundestag en enero de 2025. No prosperó por un margen ajustado, pese al respaldo de partidos como el FDP y la AfD. La discusión no solo fue jurídica y política, también semántica.



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