viernes, 6 de febrero de 2026

Europa acelera una redefinición de su arquitectura económica y militar. Frente a un escenario internacional inestable y a la persistente dependencia estratégica de Estados Unidos, las principales potencias del continente buscan un camino propio. En ese marco, Alemania y Francia impulsan un nuevo formato de cooperación reducido que apunta a sortear la lentitud del consenso entre los 27 miembros de la Unión Europea.

La iniciativa recibe el nombre de E6 y reúne a seis grandes economías: Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia y España. El objetivo consiste en acelerar inversiones, reforzar la competitividad industrial y coordinar políticas de defensa sin esperar acuerdos unánimes del bloque.

La propuesta parte de una premisa simple: un núcleo duro puede avanzar más rápido. Desde Berlín sostienen que el esquema tradicional ya no alcanza para responder a presiones geopolíticas cada vez más intensas. El ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, convocó a sus pares de los seis países y presentó una hoja de ruta con cuatro prioridades.

Entre ellas figuran el impulso de una Unión del Ahorro y la Inversión para facilitar financiamiento empresarial, el fortalecimiento del rol internacional del euro, una cooperación más eficiente en defensa y la garantía de materias primas y cadenas de suministro confiables mediante alianzas europeas.

Un núcleo de seis para acelerar decisiones

El formato E6 apunta a funcionar como motor político y económico. Desde el gobierno alemán explican que no se trata de romper con la Unión Europea, sino de crear un espacio operativo capaz de destrabar proyectos que hoy avanzan con dificultad.

Klingbeil sostuvo que las seis mayores economías del continente quieren asumir un liderazgo directo. Junto a su homólogo francés, Roland Lescure, presentó la iniciativa como una respuesta pragmática a la fragmentación interna y a la competencia externa.

Ejército, Alemania, Paracaidistas
Alemania quiere dejar la defensa de Europa en manos de los países más poderosos.

El ministro alemán remarcó que fortalecer la competitividad y la capacidad de defensa resulta prioritario. También advirtió que las barreras regulatorias entre países y la falta de coordinación empresarial frenan desarrollos estratégicos. En ese contexto, subrayó que continuar con el esquema actual ya no resulta viable.

La agenda del E6 incluye convertir el gasto militar en una palanca económica. Berlín propone integrar la defensa como componente central del próximo presupuesto plurianual europeo y promover compras conjuntas, investigación compartida y estandarización tecnológica.

El planteo no es nuevo, pero ahora toma fuerza. El concepto de una Europa “de dos velocidades” circula desde hace años en Bruselas. La diferencia es el contexto. La guerra en Ucrania, las tensiones con Rusia y la incertidumbre sobre el compromiso futuro de Washington con la seguridad europea empujan a decisiones más rápidas.

Alemania dejó claro que el formato permanecerá flexible y abierto a nuevos participantes, aunque el liderazgo inicial quedará en manos del grupo de seis.

Defensa, industria y tensiones entre socios

El giro estratégico llega en medio de dificultades concretas. Varios programas militares europeos acumulan retrasos y disputas entre empresas y gobiernos. Uno de los casos más visibles es el FCAS (Future Combat Air System), el proyecto conjunto entre Alemania, Francia y España para desarrollar un caza de sexta generación que reemplace, desde 2040, a los Eurofighter y Rafale. Las fricciones industriales y políticas ralentizan el avance.

A esto se suman iniciativas como el escudo antidrones en la frontera oriental de la Unión Europea, los sistemas integrados de defensa aérea y aeroespacial y debates incipientes sobre disuasión nuclear. Francia propuso extender su paraguas estratégico a países aliados, mientras Alemania y Suecia evalúan escenarios que incluyen producción propia de armamento.

En paralelo, Berlín profundiza alianzas bilaterales. El canciller Friedrich Merz firmó un plan de acción con la primera ministra italiana Giorgia Meloni para acelerar la preparación defensiva europea. El acuerdo prevé cooperación en defensa aérea y antimisiles, sistemas no tripulados, buques de guerra, guerra electrónica y una posible plataforma terrestre común.

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Ejercicios y despliegues forman parte del refuerzo defensivo que Berlín coordina con socios clave mientras busca reducir la dependencia estratégica de Estados Unidos.

Hacia el este, Alemania también estrecha lazos con Polonia. Ambos países trabajan en un nuevo pacto de defensa que debería cerrarse en 2026. La Bundeswehr ya incrementa ejercicios conjuntos y amplía la colaboración en detección y neutralización de drones.

Detrás de estos movimientos aparece una estrategia más amplia: reducir dependencia tecnológica externa y consolidar un pilar europeo fuerte dentro de la OTAN.

Un giro presupuestario histórico en Berlín

La iniciativa E6 se apoya en un cambio profundo en la política militar alemana. El presupuesto federal para 2026 asigna EUR 82.690 millones a la Bundeswehr, con otros EUR 25.500 millones provenientes de un fondo especial de defensa. El objetivo declarado de Merz consiste en convertir a Alemania en el ejército convencional más fuerte de Europa.

Durante el Foro Económico Mundial de Davos, el canciller reafirmó la meta de elevar el gasto militar al 5% del PBI. Definió ese salto como un aumento enorme, pero necesario para afirmar la soberanía europea.

Este giro marca un quiebre con décadas de contención militar alemana posteriores a la Guerra Fría. Ahora, Berlín apuesta por capacidades propias, producción local y liderazgo regional.

El planteo del E6 también refleja tensiones dentro del eje franco-alemán, históricamente motor de integración europea. El estancamiento del FCAS y las reglas de unanimidad entre los 27 miembros de la Unión Europea exponen límites estructurales del modelo actual.

Desde el Ministerio de Finanzas alemán sostienen que la defensa debe transformarse en un motor económico, capaz de generar empleo, innovación y autonomía estratégica. Sin embargo, el esquema no está exento de riesgos. Algunos países temen quedar relegados de las decisiones centrales. Otros advierten que una Europa a dos velocidades podría debilitar la cohesión política del bloque.

Berlín intenta contener esas críticas con un mensaje de apertura. El E6, insisten, no busca excluir, sino acelerar. La idea consiste en avanzar primero y sumar después. El trasfondo es claro. Europa enfrenta un entorno más duro. La competencia tecnológica se intensifica. Las cadenas de suministro requieren protección. La seguridad vuelve al centro del debate.

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