El Ministerio de Defensa de Alemania decidió acelerar uno de los procesos de compra militar más ambiciosos de los últimos años. El objetivo es incorporar varios miles de drones de ataque tipo kamikaze a las fuerzas armadas federales, en una operación cuyo costo estimado ronda los EUR 536 millones. La medida forma parte de una estrategia de rearme más amplia, impulsada por el nuevo escenario de seguridad europeo tras la guerra en Ucrania y el deterioro del equilibrio militar en el flanco oriental de la OTAN.
La adquisición contempla municiones merodeadoras, sistemas no tripulados capaces de sobrevolar una zona durante un tiempo determinado y lanzarse luego contra un objetivo específico, destruyéndose en el impacto. Este tipo de armamento ganó protagonismo en los conflictos recientes y modificó de forma profunda las doctrinas militares tradicionales. Alemania busca incorporar esa experiencia de combate a su propio dispositivo defensivo, con un énfasis marcado en velocidad de despliegue y actualización tecnológica constante.
Según información publicada por Der Spiegel, el plan prevé contratos con dos empresas alemanas emergentes del sector de defensa: Helsing y Stark Defence. Los documentos necesarios ya fueron elevados al Parlamento, ya que toda compra militar superior a EUR 25 millones requiere la aprobación de la comisión presupuestaria del Bundestag. El cronograma oficial indica que las primeras entregas podrían comenzar hacia fines de 2026, un plazo inusualmente corto para los estándares del Estado alemán.
Drones de ataque y tecnología aplicada al combate
El núcleo de la compra está compuesto por drones kamikaze equipados con sistemas de guiado basados en inteligencia artificial. Entre los modelos seleccionados figura el Virtus, desarrollado por Stark Defence. Se trata de un dron con despegue vertical, sin necesidad de catapulta, diseñado para operar con rapidez en entornos tácticos complejos. Puede transportar una carga explosiva de hasta cinco kilos y, según pruebas internas, perforar más de 80 centímetros de blindaje de acero.

El otro sistema incluido en el paquete es el HX-2, fabricado por Helsing. Este modelo es de menor tamaño y se lanza mediante catapulta. Su desarrollo incorporó experiencia de combate real, ya que fue probado en Ucrania en condiciones operativas. Ambas plataformas están diseñadas para funcionar incluso bajo interferencias electrónicas, uno de los principales desafíos del campo de batalla moderno.
El Ministerio de Defensa considera que estas capacidades resultan decisivas para reforzar unidades móviles y blindadas. El principal destinatario del nuevo material será la 45ª Brigada Acorazada del Bundeswehr, actualmente en formación en Lituania, sobre el flanco oriental de la OTAN. Esta unidad cumple un rol estratégico como elemento de disuasión frente a Rusia, en una región donde la tensión militar permanece elevada.
Además del suministro inicial, los contratos prevén actualizaciones técnicas permanentes durante toda la vida útil de los sistemas. Este esquema busca evitar la obsolescencia acelerada, un problema recurrente en tecnologías militares de rápida evolución. La idea es mantener los drones alineados con los avances en sensores, software y guerra electrónica, sin necesidad de iniciar nuevos procesos de compra desde cero.
Rearme acelerado y giro estratégico en Berlín
La operación por EUR 536 millones se inscribe dentro de un paquete de adquisiciones mucho más amplio, valuado en EUR 4.300 millones, que el gobierno alemán planea aprobar en el corto plazo. A su vez, Berlín proyecta un gasto total en defensa de EUR 650.000 millones para el período 2025–2030, una cifra que refleja la magnitud del giro estratégico iniciado tras la invasión rusa de Ucrania.
Este proceso no se limita a la compra de equipamiento. El Ejecutivo prepara una expansión sin precedentes de las atribuciones del servicio federal de inteligencia. Por primera vez, el organismo no solo podrá recolectar información, sino también ejecutar acciones activas contra enemigos del Estado, incluidas operaciones de ciberataque y sabotaje en el exterior. Se trata de una redefinición profunda del rol de Alemania en el escenario internacional.
Durante décadas, la política de defensa alemana estuvo marcada por la cautela y la moderación, tanto por razones históricas como políticas. Ese enfoque comenzó a resquebrajarse en los últimos años, en paralelo al deterioro del orden de seguridad europeo. La guerra en Ucrania actuó como catalizador, exponiendo carencias militares y dependencia tecnológica frente a aliados externos.

En este contexto, los drones aparecen como una herramienta relativamente económica y eficaz en comparación con sistemas tradicionales. Su producción rápida, su versatilidad táctica y su impacto psicológico los convierten en un componente central de las guerras contemporáneas. Alemania busca evitar quedar rezagada en esa transformación.
Ucrania, industria de drones y un continente en tensión
El auge de este tipo de armamento no se explica sin el papel de Ucrania. El presidente Volodímir Zelenski destacó en reiteradas ocasiones el potencial estratégico y económico del sector de drones en su país. Ucrania cuenta con unas 450 empresas dedicadas a la fabricación de estos sistemas, de las cuales entre 40 y 50 ocupan posiciones de liderazgo. Aunque se trata de una industria joven, ya es una de las más dinámicas y atractivas para la inversión en defensa.
La experiencia ucraniana influyó de manera directa en los planes de Berlín. El desempeño de los drones en el frente mostró que pequeños sistemas no tripulados pueden alterar el equilibrio entre fuerzas convencionales, incluso frente a ejércitos más grandes y mejor equipados. Esa lección se incorporó a las evaluaciones estratégicas de las principales potencias europeas.
La decisión alemana coincide con el inicio de la Conferencia de Seguridad de Múnich, cuyo informe previo advierte sobre una etapa prolongada de confrontación en Europa. El documento señala un distanciamiento progresivo de Estados Unidos y un debilitamiento del sistema internacional que sostuvo la estabilidad regional durante décadas. En ese marco, el informe plantea dudas sobre si los planes de rearme anunciados hasta ahora resultan suficientes.



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