La crisis de las selecciones históricas del fútbol europeo dejó de ser una excepción para transformarse en una advertencia concreta. Italia quedó afuera de tres Copas del Mundo consecutivas y expuso con crudeza que la tradición ya no alcanza. Alemania, que todavía conserva peso específico en la escena internacional, mira ese proceso con inquietud y empieza a reconocer señales que invitan a la preocupación.
La ausencia de Italia en el Mundial 2026 confirma un derrumbe prolongado que no empezó ayer. El seleccionado italiano no participará del torneo que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, lo que marca su tercera ausencia seguida tras Rusia 2018 y Qatar 2022. La caída, sin embargo, tiene raíces más profundas: en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 tampoco logró superar la fase de grupos.
El último momento de plenitud quedó demasiado lejos. Italia levantó su último título mundial en Alemania 2006, en una final ante Francia que se definió por penales. Desde entonces, el recorrido se volvió errático, con eliminaciones tempranas y una pérdida progresiva de competitividad. El caso italiano se convirtió en un ejemplo incómodo para el resto de las potencias.
Alemania mira el espejo italiano
El impacto de ese proceso no pasó desapercibido en Alemania. El seleccionado alemán también atravesó tropiezos que encendieron alarmas. Después de consagrarse campeón en Brasil 2014, el equipo no logró sostener su nivel en las ediciones siguientes.

En Rusia 2018 quedó eliminado en fase de grupos tras perder ante Corea del Sur, además de registrar resultados adversos frente a México y Suecia. En Qatar 2022, la historia se repitió con una nueva eliminación temprana, en un grupo donde enfrentó a España, Japón y Costa Rica. Dos torneos consecutivos sin superar la primera instancia representaron un golpe fuerte para una estructura acostumbrada a competir hasta el final.
Philipp Lahm, ex capitán del seleccionado alemán y figura central del Bayern Munich, planteó una advertencia clara en una entrevista con The Guardian. Consideró que Italia ya quedó rezagada y advirtió que “Alemania podría seguir ese mismo camino si no corrige su rumbo”. Su diagnóstico no apuntó solo a los resultados, sino también a la evolución del juego.
Lahm cuestionó ciertos comportamientos tácticos, en especial el seguimiento individual “excesivo” de los rivales. Según su mirada, ese tipo de planteo resulta obsoleto frente a selecciones que “priorizan dinámica, ocupación de espacios y circulación rápida”. También relativizó la vieja idea de la supremacía alemana, al señalar que hoy “ese dominio le pertenece a España”.
Talento joven, pero sin madurez suficiente
Dentro del plantel alemán actual conviven expectativa y dudas. Thomas Müller, uno de los futbolistas más experimentados del seleccionado, ofreció una mirada equilibrada sobre la nueva generación. Reconoció que el equipo cuenta con jugadores de enorme talento, pero advirtió que todavía “no alcanzan el nivel de madurez necesario para ganar títulos”.

La aparición de nombres como Jamal Musiala y Florian Wirtz alimenta la ilusión, pero también expone una transición en curso. Se trata de futbolistas con condiciones técnicas destacadas, capaces de marcar diferencias, pero que aún están en proceso de consolidación en el plano internacional.
El propio Müller entiende esa situación desde su experiencia. Fue campeón del mundo en 2014 y goleador en 2010 con apenas 21 años. Sabe que incluso las generaciones talentosas necesitan tiempo para construir una identidad competitiva sólida. El desafío no pasa solo por el talento, sino por la cohesión del equipo, la experiencia acumulada y las decisiones tácticas.
A esto se suman algunos factores que complican el panorama. Musiala arrastra problemas físicos desde el Mundial de Clubes del año pasado, lo que limita su continuidad. Además, el entrenador Julian Nagelsmann recibió cuestionamientos por la forma en que arma el equipo y administra los recursos disponibles.
Un Mundial que puede marcar el rumbo
En este contexto, la Copa del Mundo 2026 aparece como un punto de inflexión para Alemania. El seleccionado integrará el Grupo E junto a Curazao, Costa de Marfil y Ecuador. En los papeles, se trata de una zona accesible, lo que posiciona al equipo europeo como candidato a avanzar sin mayores sobresaltos.
El verdadero desafío no estará en la fase de grupos, sino en demostrar que puede volver a competir al máximo nivel. Alemania necesita algo más que resultados iniciales favorables. Debe reconstruir una identidad que le permita sostener el rendimiento frente a rivales de mayor exigencia.



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