A un año de cumplir cuatro siglos, una de las cervecerías más antiguas de Alemania dejará de producir. Hofbrauhaus Wolters cerrará definitivamente su fábrica de Braunschweig el 31 de diciembre y despedirá a cerca de 90 trabajadores, después de fracasar la búsqueda de un inversor dispuesto a mantener las instalaciones en funcionamiento.
La empresa había iniciado en junio un proceso de insolvencia bajo administración propia, una figura que le permitió continuar operando mientras intentaba ordenar sus cuentas. Las ventas débiles y el aumento de los costos terminaron por consumir el margen disponible.
De la insolvencia al cierre
El gerente Nils Handke comunicó que ningún interesado presentó una propuesta capaz de garantizar la continuidad del establecimiento. “Con el cierre del centro de producción de Braunschweig termina una era”, reconoció. Y calificó la decisión como “inevitable” ante la falta de una alternativa económicamente viable.

La maquinaria necesita una modernización costosa y los potenciales compradores mostraron mayor interés por el nombre Wolters que por asumir una fábrica envejecida. Mantener la producción requería desembolsar dinero, en un momento marcado por el retroceso del consumo y la presión sobre los márgenes.
El sindicato de alimentos NGG cuestionó la velocidad del desenlace: la resolución llegó apenas cuatro semanas después de la apertura formal del proceso y dejó sin margen para buscar otras soluciones. “Esto no parece una reestructuración ordenada, sino una frenada de emergencia”, afirmó la organización, que reclamó respuestas para los 90 trabajadores afectados.
El alcalde Thorsten Kornblum describió el cierre como “extremadamente doloroso” y anunció que el municipio coordinará con la agencia de empleo la asistencia al personal.
Una historia iniciada en 1627
Los orígenes de Wolters se remontan a Zacharias Boiling, quien obtuvo derechos para elaborar cerveza en la casa conocida como Haus zur Hanse, situada en la calle Güldenstraße. La familia Wolters tomó el control en 1739 y mantuvo el negocio por varias generaciones, hasta convertir el apellido en una de las marcas más reconocidas de Braunschweig.

El duque Guillermo concedió al productor el título de cervecero de la corte en 1876. Seis años después, la compañía recibió la denominación Herzogliches Hofbrauhaus y trasladó su actividad a Wolfenbütteler Straße, donde todavía funciona la planta.
Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial destruyeron más de un tercio de las instalaciones, pero la producción pudo sobrevivir. La fábrica volvió a quedar al borde de la desaparición en 2005, cuando el grupo InBev anunció que quería cerrarla. Una campaña ciudadana llamada “Rettet Wolters”, junto con la intervención de empresarios de la región y antiguos directivos, consiguió rescatarla al año siguiente.
La cerveza alemana pierde terreno
El final de Wolters forma parte de una crisis que atraviesa toda la industria. Alemania vendió cerca de 7.800 millones de litros de cerveza en 2025, un 6% menos que el año anterior. Fue el volumen más bajo desde el comienzo de la serie estadística posterior a la reunificación, incluso por debajo de los registros de la pandemia.

Además, el país cerró 2025 con 1.415 establecimientos, 53 menos que un año antes y 137 menos que en 2019. En Baja Sajonia y Bremen, las ventas acumularon una caída cercana al 18% desde 2016.
En cuando a los hábitos de consumo, los jóvenes beben menos alcohol y una parte de la demanda se desplazó hacia otras bebidas. Al mismo tiempo, los altos costos de producción se combinan con la presión de los supermercados para contener los precios. El segmento sin alcohol ya supera el 10% de las ventas minoristas, pero su expansión no alcanza para sostener todas las plantas tradicionales.




Hacé tu comentario