Un atentado incendiario contra cables de alta tensión dejó sin electricidad y calefacción a decenas de miles de hogares y comercios en Alemania, en un episodio que volvió a poner bajo la lupa la vulnerabilidad de la infraestructura energética y la amenaza del extremismo político. La acción fue reivindicada por el grupo Vulkangruppe, una organización de extrema izquierda que vinculó el sabotaje con la crisis climática, el consumo energético y el avance de la inteligencia artificial. El corte afectó a barrios enteros de Berlín en pleno invierno, con temperaturas bajo cero y servicios críticos comprometidos.
El incendio se produjo la semana pasada en un puente sobre el canal Teltow, cerca de la central térmica y eléctrica de Lichterfelde. Según el operador de la red, Stromnetz Berlin, el daño alcanzó a cables de alta tensión que abastecen a sectores residenciales y comerciales del suroeste de la ciudad. En el momento más crítico, unas 45.000 viviendas y más de 2.200 comercios quedaron sin suministro. Con el paso de los días, una parte del servicio volvió, aunque miles de usuarios continuaban sin luz ni calefacción.
El ataque y su impacto inmediato

La interrupción del suministro eléctrico se extendió a distritos como Nikolassee, Zehlendorf, Wannsee y Lichterfelde, zonas donde conviven barrios residenciales acomodados con hospitales, geriátricos y edificios en altura. La falta de energía paralizó ascensores, sistemas de calefacción y servicios básicos, una situación especialmente delicada para personas mayores y pacientes que requieren atención constante.
Durante el fin de semana posterior al ataque, Berlín registró nevadas y temperaturas nocturnas muy bajas. En ese contexto, la policía y los servicios de emergencia debieron desplegar operativos especiales. Con las redes de telefonía móvil afectadas, patrulleros recorrieron las calles con altoparlantes para informar a los vecinos y asistir a quienes necesitaban cuidados urgentes. Varias líneas de trenes locales suspendieron su funcionamiento y escuelas evaluaron extender el receso invernal ante la falta de condiciones adecuadas.
Stromnetz Berlin explicó que el clima frío dificultó la instalación de nuevos cables subterráneos, lo que retrasó la normalización completa del servicio. La empresa aseguró que los equipos técnicos trabajaban de manera continua para restablecer el suministro, aunque advirtió que algunos hogares debían esperar hasta avanzada la semana.
El mensaje de Vulkangruppe y la lógica del sabotaje

La autoría del ataque fue asumida por Vulkangruppe mediante una carta de protesta de unas 2.500 palabras, considerada creíble por las autoridades. En el texto, el grupo sostuvo que el objetivo fue “cortar la energía a la clase dominante” y denunciar lo que definió como una avidez energética basada en combustibles fósiles. El sabotaje fue presentado como una acción de interés público y un acto de defensa frente a la crisis ambiental.
El comunicado también apuntó contra los centros de datos utilizados para inteligencia artificial, a los que responsabilizó por un consumo energético elevado y por riesgos sociales vinculados a la vigilancia digital. El grupo afirmó que la sociedad contribuye a su propia supervisión al entregar poder a grandes corporaciones tecnológicas, una crítica que mezcla preocupaciones ambientales con cuestionamientos políticos y culturales.
Vulkangruppe expresó pesar por las personas de menores recursos afectadas por el corte, aunque admitió menor empatía hacia propietarios de viviendas lujosas que quedaron a oscuras. Esa distinción generó rechazo público, ya que el apagón impactó en hospitales, residencias geriátricas y edificios donde viven personas con movilidad reducida. El ataque no distinguió entre objetivos simbólicos y daños colaterales, una característica que los expertos atribuyen a este tipo de acciones.
Reacciones oficiales y antecedentes recientes
El alcalde de Berlín, Kai Wegner, calificó el apagón como un acto con motivación política y lo describió como inaceptable. Durante una visita a un refugio de emergencia para personas sin calefacción ni agua caliente, sostuvo que los ataques contra la red eléctrica ponen en riesgo vidas humanas. Especialistas en seguridad coincidieron en que el modus operandi se asemeja a acciones previas atribuidas a la extrema izquierda.

Las autoridades estatales abrieron una investigación a cargo de los organismos de seguridad. En un primer momento, se evaluaron hipótesis de sabotaje externo, incluso la posibilidad de interferencia extranjera, dada la vigilancia reforzada sobre infraestructuras críticas. Sin embargo, la reivindicación de Vulkangruppe orientó la pesquisa hacia el extremismo interno.
El episodio no resulta aislado. En septiembre de 2025, un incendio atribuido a grupos de izquierda dejó sin electricidad durante 60 horas a sectores del sudeste de Berlín, el corte más prolongado desde la Segunda Guerra Mundial. En marzo de 2024, Vulkangruppe se adjudicó un ataque contra una torre eléctrica que abastece a la gigafábrica de Tesla en las afueras de la capital, lo que obligó a detener la producción de manera temporal.
El informe anual de seguridad de 2024 del servicio de inteligencia interior alemán mencionó reiterados ataques de este grupo contra la red eléctrica. Según ese documento, Vulkangruppe selecciona blancos por su impacto directo en la población, con la intención de provocar daños que requieren reparaciones complejas y prolongadas, con escasa consideración por los efectos colaterales.



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