La madrugada de Año Nuevo en la estación suiza de Crans-Montana derivó en una escena de devastación. El bar Le Constellation, uno de los locales más concurridos de la temporada de invierno, quedó envuelto en un incendio luego de que un número de animación con bengalas encendidas prendiera fuego el revestimiento del techo.
El saldo fue una de las peores tragedias en la historia reciente de Suiza, con 40 personas fallecidas y más de un centenar de heridos, varios con quemaduras de extrema gravedad.
En el centro de la investigación figura una camarera francesa de 24 años, Cyane Panine, quien participaba del espectáculo festivo cuando las chispas alcanzaron los paneles acústicos del local. Su nombre quedó asociado al inicio accidental del incendio, aunque su familia sostiene una versión distinta: que la joven actuó bajo instrucciones directas de los dueños del bar y que una serie de decisiones empresariales previas, ligadas al recorte de gastos, agravaron el desastre.

Cyane murió dentro del establecimiento tras quedar atrapada entre decenas de personas que intentaban huir del humo y las llamas. Sus padres, Astrid y Jérôme Panine, iniciaron una ofensiva pública contra Jacques y Jessica Moretti, propietarios de Le Constellation. El reclamo no se limita a un error humano, sino que apunta a un sistema de funcionamiento que, según ellos, puso el dinero por encima de la seguridad.
Una noche de fiesta que terminó en infierno
Le Constellation estaba colmado. Mesas que costaban hasta EUR 1.000 garantizaban ubicaciones privilegiadas en una noche de alta demanda turística. En ese contexto, los empleados desarrollaban una rutina que el bar utilizaba para animar al público: levantar botellas de champán con bengalas encendidas para elevar el clima festivo. Cyane Panine fue una de las camareras seleccionadas para esa escena.
Los videos grabados por clientes muestran a la joven sentada sobre los hombros de un compañero, sosteniendo dos botellas con pirotecnia. En cuestión de segundos, las chispas alcanzaron el material aislante del techo. El fuego se expandió con rapidez y el humo cubrió el salón. La música continuó sonando durante los primeros instantes, lo que demoró la reacción de muchos asistentes y contribuyó al caos posterior.
Decenas de personas corrieron hacia las salidas. En el subsuelo, donde se concentraba una parte importante del público, la situación se volvió desesperante. Varios intentaron abrir una puerta de servicio que, según la familia Panine, permanecía cerrada para impedir el ingreso de personas que no hubieran pagado. Para los padres de Cyane, ese punto fue determinante para el desenlace.
Astrid Panine explicó que los dueños del bar optaron por mantener cerrada una salida de emergencia antes que contratar a un guardia. Esa lógica comercial, según su relato, tuvo un impacto directo en la cantidad de víctimas. Si esa puerta hubiera estado habilitada, el flujo de escape habría sido mayor y el número de personas atrapadas habría sido menor.
Cyane, atrapada entre el fuego y una puerta cerrada
Cyane quedó inconsciente dentro del local. Otras personas lograron sacarla y la llevaron a un bar ubicado frente a Le Constellation. Allí intentaron reanimarla durante unos 40 minutos. No hubo respuesta. Murió por asfixia y por las lesiones sufridas en medio de un amontonamiento de cuerpos detrás de una puerta bloqueada.
Sus padres describen a la joven como una persona luminosa y muy querida. En Sète, el puerto francés donde fue enterrada, amigos y familiares se reunieron para despedirla. Para ellos, la tragedia no se explica solo por una bengala fuera de control, sino por una cadena de omisiones y decisiones previas que generaron un escenario de alto riesgo.

Los propietarios del bar reconocieron ante la fiscalía que Cyane aparecía en las fotografías del momento del incendio. En su declaración, Jacques Moretti relató que forzó la puerta de servicio desde el exterior y encontró a la joven entre personas desvanecidas. Aseguró que la sacó y que intentó reanimarla durante más de una hora en la calle, hasta que los servicios de emergencia confirmaron su muerte.
Jessica Moretti describió a Cyane como alguien muy cercano a la familia. Según su versión, la joven incluso pasó la Navidad con ellos. Esa relación personal ahora forma parte del expediente judicial y no disipó las sospechas sobre el rol de la empresa en la tragedia.
Responsabilidades, dinero y una causa penal en marcha
La fiscalía del cantón de Valais investiga a Jacques y Jessica Moretti por homicidio culposo y lesiones por negligencia. Jacques permanece bajo custodia. Jessica cumple arresto domiciliario con una tobillera electrónica. La Justicia analiza videos, documentación interna del bar y testimonios de sobrevivientes para reconstruir la cadena de decisiones que derivó en el incendio en Le Constellation.
El foco también se dirige al sistema de seguridad del local. El uso de pirotecnia en espacios cerrados, la presencia de materiales inflamables en el techo y la gestión de las salidas de emergencia aparecen como puntos centrales de la investigación. La noche del incendio, el bar registraba una facturación elevada, con mesas de hasta EUR 1.000, mientras se reducían costos en controles básicos.

Entre las víctimas figuran 21 ciudadanos suizos, nueve franceses, seis italianos y personas de Bélgica, Portugal, Rumania y Turquía. Las edades iban de los 14 a los 39 años. Al menos 20 de los fallecidos eran menores. Además, 119 personas resultaron heridas, muchas con quemaduras profundas que requieren tratamientos prolongados.
El caso desató un debate nacional sobre los controles en locales nocturnos y el uso de fuegos artificiales en espacios cerrados. Para la familia Panine, esa discusión resulta insuficiente. Buscan que la muerte de su hija no quede reducida a un accidente inevitable y que se determine si decisiones comerciales, como cerrar una salida para proteger ingresos, influyeron en el número final de muertos.



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