El Benetton B192 de 1992 volvió a ser noticia dentro de la Fórmula 1. Se trata del monoplaza con el que Michael Schumacher consiguió su primera victoria en la categoría, durante el Gran Premio de Bélgica disputado en Spa-Francorchamps. Aquel resultado marcó el inicio de una carrera que luego sumaría siete títulos mundiales.
El auto fue subastado en condiciones originales de competición y conserva la configuración técnica con la que participó en la temporada 1992. No es un coche campeón del mundo, pero sí el que dio origen a uno de los ciclos más exitosos del automovilismo moderno.
El Benetton B192 y la temporada 1992
La temporada 1992 estuvo dominada por Williams, con Nigel Mansell al volante del FW14B, uno de los autos más avanzados de la época por el uso intensivo de electrónica activa. En ese contexto, Benetton se posicionó como un equipo competitivo, aunque sin los recursos técnicos ni presupuestarios de los líderes del campeonato.

El B192 fue diseñado por Rory Byrne y representó una evolución respecto del modelo anterior. Incorporaba un chasis monocasco de fibra de carbono y un motor Ford V8 de 3,5 litros, atmosférico, con una potencia estimada entre 660 y 680 caballos. El conjunto se completaba con una caja de cambios manual de seis marchas, una característica que lo convirtió en el último Fórmula 1 de Benetton sin transmisión semiautomática.
Michael Schumacher y Martin Brundle fueron los pilotos titulares del equipo. Schumacher utilizó este chasis en cinco Grandes Premios, incluido el de Bélgica, donde consiguió su primera victoria en la categoría. Spa-Francorchamps presentó condiciones climáticas variables, con sectores húmedos y otros secos, un escenario que favoreció a pilotos con buena lectura de pista y control del auto.

El triunfo no llegó por superioridad mecánica, sino por consistencia, estrategia y manejo. Schumacher largó tercero, evitó errores y aprovechó el ritmo sostenido del B192 para mantenerse competitivo durante las 44 vueltas de carrera.
Resultados deportivos y valor técnico
Durante la temporada 1992, el Benetton B192 acumuló once podios, una victoria y dos vueltas rápidas. Schumacher terminó tercero en el campeonato de pilotos, mientras que Benetton finalizó tercero en el campeonato de constructores. Para un equipo sin sistemas electrónicos avanzados, esos resultados representaron un rendimiento sólido.
Desde el punto de vista técnico, el B192 es considerado un auto de transición. No contaba con suspensión activa ni control de tracción sofisticado, elementos que sí utilizaban otros equipos de punta. Esa limitación obligaba a una conducción más directa, con mayor exigencia física y técnica para el piloto.
El esquema aerodinámico priorizaba estabilidad en curvas rápidas, una característica relevante en circuitos como Spa o Silverstone. El auto se destacaba por su comportamiento previsible y por una buena tracción mecánica, factores que facilitaron la adaptación de Schumacher, que entonces atravesaba su primera temporada completa en Fórmula 1.
El B192 refleja una etapa previa a la estandarización electrónica del automovilismo. Esa condición resulta relevante para coleccionistas, ya que ofrece una representación clara del manejo puro de principios de los años noventa.
La subasta y el mercado de autos históricos
El auto fue ofrecido inicialmente con una valuación cercana a EUR 8,5 millones. La cifra se apoyaba en su estado de conservación, su documentación y, sobre todo, en su vínculo directo con el primer triunfo de Schumacher. Sin embargo, la puja final se cerró en EUR 5.082.000, un monto que se ubica dentro de los valores habituales para monoplazas históricos sin título mundial.
En el mercado de autos de Fórmula 1, los precios varían según varios factores. Los vehículos campeones del mundo suelen alcanzar cifras más altas, mientras que los autos asociados a momentos fundacionales, como debuts o primeras victorias, ocupan un escalón intermedio. El B192 pertenece a este segundo grupo.

El resultado de la subasta también refleja una corrección general del mercado, con compradores más cautelosos y una mayor atención al uso histórico concreto de cada chasis. En este caso, el hecho de que Schumacher condujera este auto en cinco carreras específicas suma valor, aunque no lo coloca en el nivel de las Ferrari campeonas de principios de los 2000.
El monoplaza conserva su decoración original amarillo y verde, uno de los diseños más reconocibles de la época. También mantiene componentes mecánicos acordes a su configuración de carrera, lo que refuerza su atractivo como pieza de exhibición o colección privada.
Un objeto histórico sin exageraciones
Más allá del relato épico que suele acompañar este tipo de piezas, el Benetton B192 ocupa un lugar concreto y bien definido en la historia de la Fórmula 1. No fue el auto más avanzado de su tiempo ni el más dominante, pero sí el que permitió a Schumacher consolidarse como piloto ganador.
Ese dato explica su relevancia. El primer triunfo suele ser un punto de inflexión en la carrera de cualquier piloto, y en este caso anticipó una trayectoria excepcional. El valor del B192 surge de ese contexto específico, no de una acumulación de títulos.
A nivel técnico, el auto representa una etapa clara del desarrollo de la categoría. A nivel deportivo, forma parte de una temporada recordada por la brecha entre equipos y por la irrupción de nuevas figuras. A nivel comercial, su precio final confirma que el mercado distingue entre autos campeones y autos históricos.



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