Mick Schumacher llegó a la IndyCar con el currículum de quien supo estar a un paso de recuperar un lugar en la Fórmula 1: fue uno de los candidatos que Williams consideró para el asiento que finalmente ocupó Logan Sargeant —el mismo por el que también pujó Franco Colapinto— antes de que la escudería inglesa terminara apostando por el piloto argentino para la temporada de 2024 (Franco debutó en el GP de Monza de ese año).
Sin ese volante, el alemán de 27 años cruzó el Atlántico y desembarcó en el campeonato estadounidense. Las primeras dos fechas, en St. Petersburg y Phoenix, mostraron que la curva de aprendizaje es más pronunciada de lo que él mismo anticipó.
“Pensaba que estaba listo, pero no lo estaba”
La frase más honesta de Schumacher en las últimas semanas no vino de una conferencia de prensa, sino de su propio canal de YouTube, donde el hijo de Michael Schumacher hizo un balance sin filtros de sus primeros pasos en la categoría. “Pensaba que estaba preparado, pero no lo estaba”, admitió, en referencia específica a su debut en un óvalo en Phoenix.

El choque cultural empezó antes de largar en St. Petersburg. En la IndyCar, los fanáticos tienen acceso al pitlane justo antes de la salida, lo que convierte la previa de cada carrera en un hervidero de gente. Para alguien formado en la estricta y ordenada jerarquía del automovilismo europeo, la escena resultó desconcertante. “Al principio ni siquiera sabía qué hacer. Estuve dando vueltas buscando mi coche y a mi equipo”, contó.
La carrera, además, duró apenas cuatro vueltas: un accidente lo dejó afuera antes de que pudiera mostrar algo. “Fue una carrera corta, pero aprendimos mucho. Y eso es lo que importa: sacar el máximo provecho de cada fin de semana”, señaló.

El sistema imperial, el enemigo inesperado de Mick Schumacher
Entre todos los desafíos de adaptación, Schumacher eligió uno para destacar por su aparente trivialidad: el sistema imperial de medidas. Acostumbrado a kilómetros y grados Celsius, tuvo que procesar en tiempo real información en millas y Fahrenheit tanto en la radio como en la cabina del monoplaza. “Eso fue lo más difícil”, reconoció entre risas. Es el tipo de detalle que no figura en ningún manual de preparación y que, sin embargo, puede interferir en la toma de decisiones en fracciones de segundo.
Phoenix: caos, ritmo y una lección que no se olvida
El segundo fin de semana, en el óvalo corto de Phoenix, fue el más revelador. Schumacher largó cuarto —una clasificación brillante para alguien en su debut en este tipo de trazado— pero la carrera lo golpeó de lleno. En los primeros compases, fue superado por una cantidad de rivales que lo dejó desorientado. “Fue caótico. Intenté estar totalmente abierto a todo y lo mejor preparado posible. Pensaba que estaba listo. Pero no estaba preparado para eso. Por todas partes venían coches por la izquierda y por la derecha”, describió.

La estabilización llegó alrededor del décimo puesto, cuando encontró su ritmo y las cosas empezaron a funcionar con algo más de fluidez. El análisis posterior lo hizo junto a su entrenador, el ex piloto australiano Ryan Briscoe, quien le señaló algo que Schumacher tomó como una enseñanza concreta: “Me dijo: ‘Si pudieras volver a correr la carrera con toda la experiencia que acabas de adquirir, harías muchas cosas de otra manera’. Y es cierto. Yo haría muchas cosas de otra manera. Y es bueno saberlo para la próxima vez que corramos en un óvalo corto.”
La Indy 500 en el horizonte
El calendario no da tregua. Antes de llegar a la legendaria Indy 500 en el Brickyard de Indianápolis —el gran objetivo de la temporada—, Schumacher todavía tiene por delante una fecha en Long Beach y otra en el circuito permanente de Indianápolis, un trazado más afín a su experiencia en monoplazas europeos.
Luego vendrá el superspeedway, donde los desafíos serán de otra escala. Con la presión propia del apellido que lleva, Schumacher prefirió no escudarse en excusas. “La presión forma parte de mi vida. Y siempre tengo la sensación de que cuanto mayor era la presión, mejor me volvía. Al fin y al cabo, nadie podrá presionarme más que yo mismo”, afirmó.

Su objetivo declarado es claro: “Que ya no tenga que pensar en lo que hago, sino solo en cómo hacer que el coche vaya más rápido. Queremos estar en cabeza. Es un campeonato muy reñido y tenemos que seguir luchando y trabajando para poder estar ahí delante de forma habitual.”




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