En un laboratorio de Alemania, una empresa joven ensaya una idea que parece salida de la ciencia ficción, pero que ya funciona en condiciones controladas. La startup alemana SWARM Biotactics desarrolló sistemas que convierten insectos vivos en plataformas de espionaje. El objetivo no pasa por reemplazar robots tradicionales, sino por aprovechar capacidades naturales que la ingeniería todavía no logra replicar con eficiencia en espacios reducidos, hostiles o inaccesibles.
El proyecto se apoya en un principio simple: millones de años de evolución resolvieron problemas que la tecnología moderna todavía enfrenta. Resistencia, bajo consumo de energía, movilidad en superficies complejas y una capacidad notable para pasar desapercibidos. En ese marco, la empresa diseñó microdispositivos electrónicos que se colocan sobre cucarachas silbadoras de Madagascar, transformándolas en unidades móviles de observación.
La combinación entre biología y electrónica redefine el concepto de robot de exploración. No se trata de máquinas autónomas tradicionales, sino de sistemas híbridos donde el insecto aporta el movimiento y la adaptabilidad, y la tecnología suma sensores, control y comunicación.
Por qué elegir cucarachas y no robots
La elección de la cucaracha silbadora de Madagascar no responde a una provocación ni a una excentricidad. Se trata de una especie grande para los estándares de insectos, con una estructura corporal capaz de transportar pequeñas cargas sin afectar su movilidad básica. Además, su fisiología resulta ampliamente conocida en laboratorios de investigación, lo que facilita el trabajo interdisciplinario entre biólogos, ingenieros y especialistas en neurociencia.

Los dispositivos que desarrolla SWARM Biotactics pesan hasta 15 gramos, aunque los ingenieros trabajan para reducir ese número a 10 gramos. Cada “mochila” puede incluir cámaras ópticas, micrófonos o módulos de radar Doppler. El conjunto convierte al insecto en una plataforma de reconocimiento de perfil bajo, capaz de desplazarse por grietas, túneles o estructuras colapsadas.
El bajo peso y el consumo mínimo de energía marcan una diferencia central frente a los robots clásicos. Mientras los drones o vehículos terrestres dependen de baterías voluminosas y motores visibles, estos sistemas híbridos aprovechan la energía metabólica del propio insecto.
Otro punto central es la resistencia. Las cucarachas toleran condiciones extremas de calor, sustancias químicas y radiación en niveles que resultan peligrosos para humanos y complejos para la robótica convencional. Esa característica amplía el abanico de escenarios posibles, desde zonas industriales dañadas hasta áreas contaminadas o subterráneas.
Cómo se controla un insecto vivo
Uno de los aspectos más delicados del proyecto es la interfaz entre el sistema electrónico y el sistema nervioso del insecto. SWARM Biotactics desarrolló una conexión neurofisiológica que se fija en las antenas de la cucaracha. Allí se colocan electrodos que estimulan respuestas naturales de orientación y movimiento, sin forzar acciones ajenas a su comportamiento básico.

Los operadores humanos pueden dirigir a cada insecto mediante controles, aunque la empresa trabaja con especial énfasis en el desarrollo de software autónomo. La idea no consiste en manejar cada cucaracha de manera individual, sino en coordinar grupos completos mediante algoritmos de enjambre.
La lógica de enjambre permite dirigir decenas o cientos de unidades como si fueran un solo organismo. Cada insecto cumple una función distinta dentro del conjunto. Algunos portan cámaras, otros módulos de comunicación o sensores de posicionamiento. La información se cruza en tiempo real para reconstruir mapas, detectar movimientos o localizar puntos de interés.
Este enfoque resulta especialmente útil en entornos donde la señal se degrada o el acceso físico se encuentra bloqueado. Mediante triangulación entre las unidades, los investigadores pueden determinar con precisión la ubicación del enjambre incluso bajo tierra o en espacios cerrados.
La empresa sostiene que el proceso no provoca dolor en los insectos y que su bienestar resulta central para el funcionamiento del sistema. Un insecto estresado o dañado pierde eficiencia, lo que afecta la misión. Por ese motivo, el cuidado biológico forma parte del diseño técnico.
Defensa, rescate y los dilemas del futuro
El desarrollo de SWARM Biotactics surge en un contexto marcado por mayores preocupaciones de seguridad en Europa. Alemania y otros países miembros de la OTAN impulsan programas de modernización militar desde el inicio de la guerra en Ucrania. En ese escenario, la startup colabora con la Bundeswehr, las fuerzas armadas alemanas, para evaluar el desempeño de estos enjambres en operaciones de reconocimiento.
La frontera entre biología y tecnología se vuelve cada vez más difusa. Proyectos como este no solo redefinen la robótica, sino también la forma en que las sociedades piensan la innovación, la seguridad y el uso de la vida en contextos tecnológicos.
Desde un laboratorio berlinés, un enjambre silencioso anticipa un cambio profundo. No vuela. No rueda. Camina. Y observa.



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