El consejero delegado de Mercedes-Benz, Ola Källenius, reveló en una entrevista con el medio alemán The Pioneer que la administración del presidente Donald Trump intentó convencer a la compañía para que trasladara su sede central desde Alemania a Estados Unidos.
La propuesta, realizada hace aproximadamente un año por el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, incluía importantes exenciones fiscales y otros incentivos económicos que buscaban atraer a una de las marcas automotrices más emblemáticas del mundo.

La oferta se concretó durante los primeros meses del segundo mandato de Trump, antes de que el mandatario desplegara su estrategia arancelaria contra productos europeos. Según el ejecutivo sueco, Lutnick intentó persuadir a la cúpula de Mercedes-Benz con beneficios que podrían resultar atractivos para empresas que trasladan sus operaciones entre diferentes estados dentro de Estados Unidos, pero que resultan completamente diferentes cuando se trata de multinacionales extranjeras de semejante envergadura.
Mercedes-Benz: raíces que no se arrancan
Källenius dejó en claro desde el principio que la propuesta nunca fue una posibilidad real para Mercedes-Benz. “La estrella de tres puntas ha sido una empresa global durante más de 100 años, pero nuestras raíces están en Suabia. Esas raíces no pueden, ni deben, arrancarse de la tierra”, declaró el CEO en una entrevista posterior con Bloomberg, en referencia a la región del suroeste de Alemania donde se ubican la sede central y varias de las principales fábricas de la compañía.
El directivo consideró la oferta como parte de “importantes conversaciones empresariales” pero no proporcionó detalles adicionales sobre las condiciones específicas más allá de las mejoras impositivas mencionadas. Sin embargo, dejó en claro que, si bien escuchó la propuesta del ejecutivo estadounidense, nunca contempló seriamente abandonar el país europeo.
Mercedes-Benz emplea actualmente a unas 114.000 personas en Alemania, según datos de 2025, y cuenta con una red de fábricas en ciudades como Bremen, Sindelfingen, Rastatt y Düsseldorf. En España también dispone de centros de producción como el de Vitoria-Gasteiz, donde se fabrican furgonetas. Trasladar toda esta estructura y la sede central desde Europa a Estados Unidos representa una operación de enorme complejidad logística y simbólica para una empresa de este tamaño.

La obsesión de Donald Trump por los autos alemanes
El relato de Källenius arroja nueva luz sobre los esfuerzos de la administración Trump para atraer inversiones de empresas europeas, incluso a costa de sus países de origen. El presidente estadounidense criticó durante años el desequilibrio comercial entre Alemania y Estados Unidos, lamentando especialmente la presencia de automóviles alemanes en las calles norteamericanas mientras apenas se ven vehículos estadounidenses circulando en Europa.
Esta tensión comercial llevó a Trump a implementar su estrategia arancelaria, utilizando esta herramienta como presión para que las automotrices europeas aumentaran su producción en suelo estadounidense. En el caso de Mercedes-Benz, los aranceles no tuvieron un efecto negativo inmediato: la marca entregó 303.200 vehículos en Estados Unidos durante 2025, lo que representó un crecimiento del 1% según datos de MBUSA.

Inversiones millonarias como compensación
Aunque Mercedes-Benz rechazó categóricamente trasladar su sede, la compañía sí anunció importantes concesiones ante la presión arancelaria. En marzo de 2025, la firma confirmó que trasladaría la producción de un nuevo modelo SUV a su planta de Tuscaloosa, Alabama, a partir de 2027. Se trata del Mercedes-Benz GLC, el modelo más vendido de la marca en Estados Unidos con un crecimiento del 20% en 2025, que actualmente se fabrica en Alemania.
El GLC se sumará a otros modelos que ya se producen en la factoría de Alabama, como el GLE, GLE Coupé, GLS, EQE SUV y EQS SUV. Además, la compañía anunció la creación de un nuevo centro de investigación y desarrollo en Georgia, cerca de Sandy Springs, que generará aproximadamente 500 puestos de trabajo como parte de una inversión multimillonaria en el estado.

Un caso que podría no ser aislado
Queda por determinar si esta oferta del secretario de Comercio Howard Lutnick se extendió a otras automotrices alemanas premium como Audi, BMW o Porsche, todas con importante presencia e intereses en el mercado norteamericano. La revelación de Källenius abre interrogantes sobre hasta dónde llegaron los esfuerzos de la administración Trump para reconfigurar el mapa industrial global en favor de Estados Unidos.
Lo que resulta evidente es que, para Mercedes-Benz, hay límites infranqueables. La identidad alemana de la marca que inventó el automóvil hace más de un siglo no está en venta, por más atractivos que puedan resultar los incentivos fiscales. Como señaló Källenius, algunas raíces simplemente no pueden ni deben arrancarse del suelo donde crecieron.





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