El Servicio Federal de Inteligencia de Suiza anunció que abrirá al público los archivos clasificados sobre Josef Mengele (1911-1979), el médico de las SS conocido como el “Ángel de la Muerte” por las atrocidades cometidas en el campo de exterminio nazi de Auschwitz.
La decisión llegó tras la batalla judicial impulsada por el historiador suizo Gérard Wettstein, quien recaudó 23.000 dólares en pocos días mediante un sistema de financiamiento colectivo para impugnar la decisión original de mantener los expedientes sellados hasta el año 2071. La autoridad helvética todavía no fijó una fecha de apertura ni detalló el alcance del material que se hará público.
El comunicado oficial es escueto y deja abierta más de una duda: “Se concederá al recurrente acceso al expediente, sujeto a condiciones y requisitos que aún no se han definido”, indicó el organismo.
Para los historiadores que vienen reclamando el acceso, la decisión marca un giro importante, aunque la cautela predomina. La historiadora suiza Regula Bochsler, una de las que llevan años investigando la posible presencia de Mengele en territorio helvético después de la guerra, expresó sus reservas en declaraciones a la BBC: “No confío en absoluto en las autoridades. Temo que se parezca a los archivos de Epstein”, afirmó, en alusión al riesgo de que los documentos lleguen al público fuertemente censurados.
La conexión suiza de Josef Mengele
El interés de los historiadores por estos archivos se sostiene en una serie de indicios que vinculan al criminal nazi con Suiza. Mengele obtuvo los documentos de viaje de la Cruz Roja que le permitieron escapar a Sudamérica en el consulado suizo de Génova, en el norte de Italia, en 1949.
Tras instalarse en la Argentina, regresó a Europa en 1956 y pasó unas vacaciones de esquí en los Alpes suizos con su hijo Rolf y su cuñada Martha, episodio documentado desde la década de 1980. Pero el dato que abrió la línea de investigación más reciente es otro: en junio de 1961, el servicio de inteligencia austríaco advirtió a Suiza que Mengele viajaba con identidad falsa y podía encontrarse en territorio helvético.

Mientras tanto, la esposa de Mengele había alquilado un departamento en Zúrich y solicitado la residencia permanente. El inmueble se encontraba en un barrio modesto —pese a que la familia disponía de recursos para algo más lujoso—, pero estaba cerca del aeropuerto internacional.
La policía de Zúrich llegó a poner el departamento bajo vigilancia y observó a la mujer manejando su Volkswagen acompañada por un hombre no identificado. La pregunta que dejó abierta Bochsler en su investigación es directa: “¿Pero era su marido?”. A esa pregunta busca respuesta la apertura de los expedientes.
Una batalla judicial costosa
El acceso a los archivos había sido denegado en reiteradas oportunidades. La propia Bochsler lo solicitó en 2019 y recibió como respuesta que los documentos debían permanecer cerrados hasta 2071, por motivos de seguridad nacional y protección de la familia.

En 2025, Wettstein hizo un nuevo intento y también se topó con una negativa. El historiador llevó entonces el caso a los tribunales y consideró “ridícula” la decisión: “Mientras permanezcan cerrados hasta 2071, se alimentan las teorías conspirativas. Todo el mundo piensa que tienen algo que ocultar”, declaró.
Algunos especialistas, como Sacha Zala, presidente de la Sociedad Suiza de Historia, anticipan que los archivos podrían no revelar grandes novedades sobre Mengele en sí mismo, pero sí podrían contener referencias a servicios de inteligencia extranjeros, posiblemente al Mossad israelí, que en aquellos años seguía la pista de criminales de guerra nazis fugitivos.
Una década en la Argentina
El criminal nazi tuvo una década de vida pública en la Argentina, hecho que también volvió al primer plano en los últimos meses tras la desclasificación de archivos argentinos. Mengele ingresó al país el 22 de junio de 1949 con un pasaporte italiano a nombre de Helmut Gregor y vivió durante diez años en el Gran Buenos Aires, principalmente en el partido de Vicente López.

En 1956 obtuvo una nueva cédula de identidad con su nombre real tras presentar su partida de nacimiento legalizada por la embajada de Alemania Occidental en Buenos Aires. Documentos desclasificados durante la presidencia de Javier Milei, citados por The Jerusalem Post y Fox News, muestran que el Estado argentino conocía su identidad real y su paradero.
Mengele fue socio del laboratorio Fadro Farm, ubicado en Drysdale 3573, en Carapachay, entre julio de 1958 y abril de 1959. En febrero de 1979 murió ahogado en una playa de Bertioga, en el estado brasileño de San Pablo. Sus restos fueron identificados por análisis forense en 1985 y confirmados con pruebas de ADN en 1992.
Una vergüenza histórica
El historiador Jakob Tanner, miembro de la Comisión Bergier que en la década de 1990 examinó las relaciones de la Suiza neutral con la Alemania nazi —y en particular el papel de los bancos suizos en la conservación del dinero de familias judías exterminadas en los campos de concentración—, sostuvo que el secretismo en torno a los archivos dice más sobre Suiza que sobre el propio Mengele. “Es un conflicto entre la seguridad nacional y la transparencia histórica, y la primera suele prevalecer en Suiza”, afirmó.

Para los historiadores y para los descendientes de las víctimas, la apertura de los expedientes podría llenar al menos algunos huecos de una historia que sigue interpelando a Europa ocho décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial. “Quizás nunca lleguemos a la verdad”, reconoció Wettstein, “pero tal vez podamos tener al menos una idea más clara”.




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