La sorpresa la dio un pueblo. Haar, una localidad bávara de apenas 23.000 habitantes ubicada en las afueras de Múnich, se quedó con el primer puesto del ranking nacional alemán sobre calidad de servicios públicos municipales. El estudio, presentado este martes, evaluó 17 indicadores en cinco áreas y dejó a buena parte de las grandes ciudades de Alemania lejos de la cabeza.
Un ranking de 10.817 municipios
La evaluación estuvo a cargo del Institut der deutschen Wirtschaft (IW), el instituto de investigación económica con sede en Colonia, por encargo de la tabacalera Philip Morris. El trabajo midió la calidad de vida en base a la oferta de servicios en cinco ámbitos —educación, salud, movilidad, infraestructura digital y ocio— sobre el universo total de 10.817 municipios alemanes.

Los 17 indicadores cubren un abanico amplio: la oferta de guarderías y escuelas, la conexión con autopistas, el transporte público y los aeropuertos, la accesibilidad a médicos, farmacias, centros de asistencia, teatros, museos y piscinas, y también la cobertura de telefonía móvil y la disponibilidad de banda ancha. En segundo lugar quedó Offenbach del Meno, cerca de Fráncfort. En tercero, el propio Fráncfort, que es además la primera entre las grandes ciudades del país. Más atrás aparecieron sorpresas notables: Memmingen, en el sur, quinta a nivel nacional, y Friedrichroda, en el Bosque de Turingia, décima.
Berlín sexta, Múnich en el puesto 77
Los grandes centros urbanos quedaron en posiciones desparejas. La capital, Berlín, terminó sexta. Bonn ocupó el puesto 12, Stuttgart el 15 y Hamburgo el 19. Múnich, ciudad colindante con la propia ganadora, recién apareció en el lugar 77. Algunas ciudades grandes quedaron francamente rezagadas: Wurzburgo (Würzburg) cayó al puesto 1.705 y Oldenburgo al 1.462.

La comparación entre estados federados también dejó claroscuros. Renania del Norte-Westfalia, el estado más poblado del país y ubicado en el oeste, encabezó la nómina: más de uno de cada dos municipios fue calificado allí como “muy bien” dotado. En el extremo opuesto, Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en el noreste, mostró más de la mitad de sus municipios en la categoría “muy mal” dotada.
El este alemán sorprende
Más allá del ranking individual, la fotografía del este y del oeste alemán arroja una conclusión inesperada. Aunque el primer puesto del ranking y el mejor estado federado pertenezcan a la antigua Alemania Occidental, en la mirada agregada el panorama se invierte: el 30% de las ciudades de la antigua Alemania Oriental se ubica en la categoría “muy bien” en infraestructura, mientras que entre las del oeste el porcentaje desciende al 20%.

El dato matiza el lugar común sobre el rezago estructural del este alemán. Tres décadas y media después de la reunificación, las inversiones públicas en infraestructura realizadas en los nuevos estados federados parecen empezar a reflejarse en indicadores tangibles para la vida cotidiana.
La percepción no siempre acompaña a los datos
El estudio incluyó además una encuesta representativa entre más de 5.000 personas, que reveló una brecha llamativa entre la dotación objetiva y la percepción ciudadana. El 53% de los alemanes valora positivamente sus servicios públicos locales, contra apenas uno de cada cuatro que se manifiesta insatisfecho. Entre los simpatizantes de los principales partidos —SPD, Unión Demócrata Cristiana (CDU/CSU) y Verdes—, alrededor de la mitad considera confiable la oferta de servicios en su comunidad.

La excepción aparece entre los seguidores del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), donde se invierte el patrón: el 39% califica la dotación de su localidad como poco confiable, mientras que solo el 26% la considera confiable. La diferencia se mantiene incluso cuando se neutralizan factores como el entorno de vida y las características sociodemográficas.
Matthias Diermeier, coautor del estudio por el Institut der deutschen Wirtschaft, lo planteó así: “Los simpatizantes de la AfD perciben incluso la oferta inmediata de servicios en su municipio a través de un filtro de pesimismo”. Para el investigador, la valoración de los servicios públicos locales resulta clave para la satisfacción con la democracia. “Si se quiere contrarrestar la alienación política, el dinero no alcanza. Decisivo no es solo lo que efectivamente se ofrece desde lo público, sino sobre todo cómo eso es percibido”, advirtió.




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