Una fuente escultórica creada por el artista alemán Georg Kolbe y expoliada durante el régimen nazi volvió a ser noticia. Ocho décadas después de haber sido arrebatada a una familia judía perseguida por el Tercer Reich, la obra fue restituida a los descendientes de sus propietarios originales y vendida en una subasta por EUR 4 millones, estableciendo un nuevo récord para una pieza del escultor.
La venta se realizó en Berlín durante las subastas de verano de la casa Villa Grisebach y cerró un largo recorrido marcado por la persecución, el exilio y las discusiones sobre la restitución de bienes culturales saqueados durante el nazismo. La obra, conocida como Tänzerinnen-Brunnen o Fuente de las Bailarinas, había permanecido durante décadas en la colección del Museo Georg Kolbe hasta que una investigación impulsada por la propia institución permitió reconstruir su historia y localizar a los herederos de la familia que la había encargado.
La restitución llegó 85 años después del despojo. Para los responsables del museo, el proceso no corrige la injusticia sufrida por las víctimas, pero constituye un reconocimiento de lo ocurrido y una forma de asumir responsabilidades históricas.
La historia de una obra encargada por una destacada familia judía de Berlín
La fuente fue encargada en 1922 por Heinrich y Jenny Stahl, integrantes de una influyente familia de la comunidad judía berlinesa. Heinrich Stahl era corredor de seguros, coleccionista de arte y una figura reconocida dentro de la vida social y cultural de la capital alemana.
La obra fue instalada en la residencia familiar ubicada en los barrios occidentales más exclusivos de Berlín. El conjunto escultórico combina una figura femenina de bronce representada como una bailarina clásica sostenida por tres hombres somalíes esculpidos en piedra caliza.
La composición refleja elementos habituales en la producción artística de Georg Kolbe. Sin embargo, también generó debates contemporáneos por la representación de sujetos africanos desde una mirada vinculada a las jerarquías coloniales de principios del siglo XX.

Con el ascenso del nazismo, la situación de la familia Stahl cambió de manera dramática. Heinrich Stahl permaneció en Alemania durante años utilizando sus contactos para ayudar a otras personas a abandonar el país. Cuando intentó emigrar, las autoridades nazis bloquearon su salida.
Como ocurrió con numerosos coleccionistas judíos, fue obligado a vender su patrimonio por valores muy inferiores a los reales. Entre las obras incluidas en esas operaciones forzadas se encontraba la fuente de Kolbe. El comprador fue el cónsul búlgaro Theodor Dimanow, quien posteriormente trasladó parte de la obra a España tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
La historia de los propietarios originales tuvo un desenlace trágico. Heinrich y Jenny Stahl fueron deportados al gueto de Theresienstadt en 1942. Heinrich murió pocos meses después como consecuencia de una neumonía. Jenny sobrevivió a la guerra y logró llegar a Estados Unidos, donde se reunió con su hijo Bruno, que había escapado de Alemania antes del conflicto.
Cómo el museo reconstruyó el recorrido de la escultura y decidió devolverla
La fuente permaneció desaparecida durante décadas. Recién en los años setenta el Museo Georg Kolbe descubrió que una parte de la obra se encontraba en la antigua residencia de Dimanow en Madrid. Paralelamente, la base escultórica fue localizada en un hogar para personas mayores tras una búsqueda impulsada mediante avisos publicados en periódicos de Berlín.
Con fondos de la Fundación de la Lotería Estatal Alemana, ambas partes fueron adquiridas y reunidas nuevamente. En octubre de 1979 la fuente quedó instalada en los jardines del museo.
Durante años se consideró que la situación jurídica estaba resuelta. En 2001, un representante legal de la familia Stahl contactó a la institución y renunció formalmente a reclamar la restitución. A cambio, solicitó la colocación de una placa conmemorativa junto a la obra.
Sin embargo, el paso del tiempo reveló que aquella decisión no reflejaba la posición de todos los descendientes. En 2024, el museo puso en marcha un proyecto de investigación dedicado específicamente a reconstruir la historia de la fuente. El trabajo permitió establecer contacto con otros miembros de la familia Stahl y revisar la documentación existente.
La directora del museo, Kathleen Reinhardt, explicó que las colecciones no deben entenderse como conjuntos inmutables, sino como espacios abiertos a nuevas interpretaciones y revisiones históricas.
La investigación concluyó que correspondía avanzar con la restitución. Finalmente, en febrero de este año, ambas partes alcanzaron un acuerdo amistoso basado en los Principios de Washington de 1998, el marco internacional que orienta la devolución de obras confiscadas por el nazismo.
Para el museo, la decisión representó una obligación ética además de una responsabilidad institucional.
La subasta estableció un récord para Georg Kolbe
Una vez restituida, la obra fue puesta a la venta por los descendientes de la familia Stahl. La subasta tuvo lugar en Berlín y despertó una fuerte expectativa entre coleccionistas y especialistas. El resultado superó ampliamente las marcas anteriores del artista.
La fuente alcanzó un precio final de EUR 4 millones, incluyendo comisiones, y se convirtió en la obra más cara de Georg Kolbe vendida en una subasta. El récord anterior pertenecía también a una pieza del escultor comercializada por Villa Grisebach el año pasado por EUR 1,4 millones.
Antes del inicio de la puja, el director de la casa de subastas, Daniel von Schacky, destacó el significado especial que tenía la operación. Señaló que la firma consideraba un honor haber sido elegida por los descendientes de Heinrich Stahl para vender en Berlín una obra que regresaba al mercado después de una historia tan compleja.

La fuente fue además la gran protagonista de una jornada donde otras piezas relevantes también alcanzaron valores destacados. Entre ellas figuró Astern, de Emil Nolde, que llegó a EUR 800.000, así como dos grabados tempranos de Edvard Munch vendidos por EUR 350.000 y EUR 145.000.
La restitución de la obra no puso fin al trabajo de investigación impulsado por el museo. Como parte del proyecto, la institución encargó una videoinstalación del artista afrojudío David Hartt, centrada en la representación de cuerpos negros dentro de la historia del arte europeo. La pieza será exhibida en el jardín donde durante décadas estuvo instalada la fuente.
De esa manera, el museo busca mantener abierto el debate sobre la procedencia de las obras, la memoria del saqueo nazi y las formas en que las instituciones culturales enfrentan hoy las consecuencias de uno de los capítulos más oscuros de la historia alemana.



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