Alexander Zverev venció al italiano Flavio Cobolli en una final de más de cuatro horas y conquistó Roland Garros 2026, el primer título de Grand Slam de su carrera. El alemán se impuso por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1 en París y cerró una historia de perseverancia que llevaba años escribiéndose entre lesiones, derrotas dolorosas y expectativas incumplidas.
A los 29 años, el número tres del ranking ATP logró finalmente derribar una de las barreras que más condicionaron su carrera. Considerado durante más de una década como uno de los grandes talentos del tenis mundial, Zverev acumulaba títulos importantes, una medalla de oro olímpica y dos ATP Finals, pero seguía sin poder conquistar uno de los cuatro torneos más importantes del circuito.
París, escenario de la caída y de la revancha
El propio Zverev resumió el significado de la victoria con una frase que rápidamente recorrió el mundo del tenis. “Acá viví el peor y el mejor momento de mi carrera”, afirmó durante la ceremonia de premiación.
La referencia apuntó directamente a Roland Garros 2022, cuando sufrió una grave lesión durante una semifinal ante Rafael Nadal. En aquel partido debió abandonar la cancha tras fracturarse dos huesos y romperse varios ligamentos del tobillo. Dos años después volvió a llegar a la final, pero cayó frente al español Carlos Alcaraz.
“Acá sufrí una lesión muy grave, tirado en un rincón con dos huesos fracturados y varios ligamentos rotos. Ahora, aquí gané mi primer Grand Slam. Es un final feliz”, señaló emocionado el tenista alemán.

La dimensión simbólica del triunfo explica por qué el festejo tuvo un tono diferente al de otros campeones. Más que una conquista deportiva, para Zverev representó el cierre de una deuda personal que lo acompañó durante años.
La batalla mental detrás del título
Tras la final, el alemán reconoció que el desafío más complejo no estuvo del otro lado de la red. Según explicó en conferencia de prensa, durante buena parte del encuentro luchó contra la tensión acumulada por la posibilidad de perder una nueva final importante. “Tenía calambres, me dolía todo físicamente, aunque no creo que fueran dolores realmente físicos. Era más mental”, confesó.

También admitió que la presión estuvo cerca de jugarle una mala pasada cuando el partido llegó al cuarto set y Cobolli logró forzar un parcial decisivo. Sin embargo, en el quinto set recuperó el control del juego y dominó con claridad. “Al final, me dejé ir, solté más los golpes y gané”, explicó.
Para un jugador que había perdido finales de Grand Slam en el US Open, el Abierto de Australia y el propio Roland Garros, la victoria tuvo además un efecto liberador. “Pase lo que pase, ahora siempre seré campeón de Grand Slam. Nadie podrá quitarme eso”, afirmó.
Un triunfo histórico para el tenis alemán
La consagración también tuvo una dimensión histórica para Alemania. Según los datos difundidos por medios alemanes, Zverev se convirtió en el primer alemán en ganar Roland Garros desde que el torneo se disputa bajo el formato Open, instaurado en 1968. Además, puso fin a una espera de 30 años para el tenis masculino alemán en torneos de Grand Slam. El último campeón había sido Boris Becker en el Abierto de Australia de 1996.

El camino hasta París fue largo. Zverev debutó como profesional siendo adolescente, ganó su primer torneo Challenger en Braunschweig en 2014 y luego construyó una carrera que incluyó 24 títulos ATP, una medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Tokio y dos coronas en las ATP Finals. Sin embargo, el trofeo de Grand Slam siempre parecía escapársele.
Felicitaciones de Nadal y Alcaraz
La magnitud del logro quedó reflejada también en las reacciones de algunas de las figuras más importantes del tenis. Rafael Nadal, máximo ganador de Roland Garros con 14 títulos, felicitó al alemán en redes sociales y destacó que el éxito era “muy merecido” después de tantos años de esfuerzo y perseverancia.

Carlos Alcaraz, quien lo había derrotado en la final de 2024, también se sumó a los saludos y escribió: “Felicitaciones, Sascha, por el título. Es muy merecido”. En París, donde conoció el dolor más profundo de su carrera deportiva, Alexander Zverev encontró finalmente la recompensa que llevaba más de una década buscando.




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