La última fábrica de corbatas de Suiza cerrará sus puertas después de más de siete décadas de actividad. Bachmann Krawatten AG no pudo sostener su producción ante la caída de la demanda y la competencia de los proveedores asiáticos. La empresa familiar, ubicada en Zurich, dejará de operar y 11 empleados perderán sus puestos de trabajo. Su director, Peter Bachmann, confirmó la decisión al diario Tages-Anzeiger.
Durante buena parte del siglo XX, la corbata formó parte del vestuario habitual de millones de trabajadores. Su uso resultaba casi obligatorio en bancos, oficinas, universidades y reuniones institucionales. También ocupaba un lugar central en ceremonias, casamientos y encuentros empresariales. Esa costumbre comenzó a perder terreno hace varias décadas.
El avance de códigos de vestimenta más informales modificó el mercado. Ejecutivos, políticos y profesionales comenzaron a presentarse sin corbata en situaciones donde antes resultaba impensado. La pandemia profundizó esa transformación. El trabajo remoto redujo las ocasiones para utilizar prendas formales y debilitó todavía más las ventas.
El cierre de la última fábrica de corbatas de Suiza
Bachmann Krawatten AG nació en 1955 como una empresa familiar dedicada a la fabricación de corbatas y accesorios. Su sede y su taller funcionaban en el distrito de Zurich-Oerlikon. Con el paso del tiempo, la compañía se convirtió en una referencia dentro de la industria textil suiza.
La firma quedó bajo la conducción de la tercera generación de la familia. Peter Bachmann asumió la dirección y mantuvo la producción local en un sector donde buena parte de los competidores ya trasladaba sus pedidos al exterior. Esa continuidad convirtió a la empresa en la última fabricante de corbatas que todavía producía dentro del país.
La compañía comercializaba sus productos bajo la marca Papillon. Su catálogo incluía corbatas, moños, pañuelos, bufandas, cinturones de cuero, guantes y tiradores. También desarrollaba artículos personalizados para empresas, instituciones y organizaciones. El trabajo se realizaba desde su taller de Zurich, donde además funcionaba un salón de exposición.

El sitio institucional de Papillon presenta a la empresa como un negocio familiar con más de 70 años de experiencia. La firma combinaba técnicas tradicionales con diseños modernos. También ofrecía modelos realizados con seda, algodón, lana, cachemira, poliéster y diferentes mezclas textiles.
Entre sus clientes figuraban organismos públicos y sectores que todavía utilizan indumentaria formal. La empresa confeccionaba productos para el Ejército suizo, fuerzas policiales y trabajadores del transporte público. Esos contratos aportaban pedidos importantes, pero no alcanzaron para compensar la caída del consumo entre los compradores particulares.
La empresa también intentó ampliar su oferta. En 2019 presentó un sistema de corbata con nudo previamente armado. El producto buscaba facilitar el uso diario y atraer a consumidores poco familiarizados con la prenda. La propuesta reducía el tiempo necesario para colocarla, aunque no logró revertir el cambio general del mercado.
El cierre dejará sin empleo a 11 trabajadores en Zurich. La cifra refleja la escala reducida de una fábrica orientada a la producción especializada. Sin embargo, el impacto supera la cantidad de puestos afectados. La decisión marca el final de una actividad industrial que permaneció durante décadas dentro de Suiza.
La corbata perdió espacio en oficinas y reuniones
La corbata masculina funcionó durante mucho tiempo como un símbolo de seriedad, autoridad y respeto. Los bancos exigían su uso. Muchas empresas también la incluían dentro de sus normas internas. Incluso algunas universidades esperaban que profesores y estudiantes vistieran de manera formal en determinadas ceremonias.
Peter Bachmann explicó que la importancia de la prenda retrocedía desde mucho antes de la pandemia. Los cambios culturales ya resultaban visibles en oficinas, parlamentos y medios de comunicación. Banqueros y dirigentes políticos comenzaron a aparecer con el cuello de la camisa abierto. El traje continuó vigente, pero la corbata dejó de ser indispensable.
En 2024, Bachmann señaló que esa transformación llevaba más de una década. También advirtió que varias compañías suizas del sector abandonaron la producción local o cerraron durante los años anteriores. En aquel momento, todavía confiaba en la permanencia de la corbata como accesorio, aunque reconocía una reducción constante de su presencia.
La pandemia aceleró el proceso. El traslado de millones de empleados al trabajo desde el hogar eliminó buena parte de las reuniones presenciales. Las videollamadas también permitieron adoptar una imagen más relajada. Pocas empresas esperaban que sus trabajadores utilizaran corbata frente a una computadora doméstica.
Las celebraciones y los encuentros sociales quedaron suspendidos durante largos períodos. Casamientos, cenas empresariales, congresos y ceremonias fueron cancelados o postergados. Esa situación redujo las ventas de ropa formal y accesorios. Los comercios acumularon productos sin compradores y los fabricantes recibieron menos encargos.
La actividad mostró una recuperación limitada después de las restricciones sanitarias. El regreso a las oficinas y la reanudación de los eventos impulsaron algunos pedidos. Sin embargo, el repunte duró poco. La demanda volvió a descender cuando las empresas consolidaron modelos laborales híbridos y normas de vestimenta más flexibles.
La moda masculina informal también ganó espacio fuera del ámbito laboral. Las zapatillas comenzaron a combinarse con trajes. Las camisas sin corbata pasaron a ser aceptadas en reuniones importantes. Incluso las marcas tradicionales adaptaron sus colecciones para responder a ese nuevo escenario.




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