Cuando se habla de colegios alemanes en Buenos Aires, algunos nombres aparecen casi de inmediato. Pero lejos de ese circuito más conocido, en Los Polvorines, funciona desde hace medio siglo una institución con otra historia y un perfil particular. El Instituto Evangélico Luis Siegel (IELS) cumplió 50 años ligado a la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires (CEABA) y a una idea que atraviesa su proyecto educativo: enseñar también significa servir a los demás.
El Día del Maestro, que la Argentina celebra cada 11 de septiembre en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, ofrece una oportunidad para mirar hacia adentro de una escuela que en su zona es conocida sencillamente como “el colegio alemán”, pero cuya identidad no se explica solamente por la enseñanza del idioma.
De un pastor alemán a una escuela en Los Polvorines
El nombre Luis Siegel remite a los propios orígenes de la comunidad evangélica alemana de Buenos Aires. August Ludwig Siegel, también conocido como Augusto Luis Siegel, llegó desde Alemania en 1843 como primer pastor de la Congregación Evangélica Alemana.

Su tarea no quedó limitada al culto. Siegel impulsó también una escuela alemana en Buenos Aires que, según explica Paula Inés Schäfer, directora general del instituto que hoy lleva su nombre, adquirió prestigio por los métodos modernos de enseñanza que introdujo el pastor y maestro.
Aquella institución desapareció con el tiempo, pero la vocación educativa de la Congregación reapareció más de un siglo después y en un escenario completamente distinto: Los Polvorines. Allí se habían instalado, entre otras familias, alemanes provenientes de Rusia que habían migrado desde Entre Ríos en busca de nuevas oportunidades laborales.
En 1975 comenzó el jardín de infantes. Después llegaron la primaria y el entonces polimodal, actual nivel secundario. Así tomó forma el Instituto Evangélico Luis Siegel.
Quién fue August Ludwig Siegel
August Ludwig Siegel nació en 1812 en Vegesack, Bremen, y estudió teología evangélica en las universidades de Bonn y Berlín. Después de ser ordenado pastor en 1843 viajó al Río de la Plata para atender a la comunidad protestante de habla alemana que se estaba organizando en Buenos Aires. El 18 de octubre de ese año, Juan Manuel de Rosas autorizó formalmente el ejercicio de su ministerio.
Pero Siegel llegó con una doble misión: pastor y educador. El 7 de noviembre de 1843 impulsó una escuela para los hijos de las familias alemanas radicadas en Buenos Aires. El proyecto creció y, al concluir sus once años de trabajo en la Argentina, la institución contaba con unos 120 alumnos. Allí se enseñaban las principales materias de la época, además de música y alemán.

Siegel regresó a Alemania en 1854 y continuó allí su ministerio religioso. Murió en 1883, a los 71 años. Más de un siglo después de aquella primera experiencia educativa porteña, la Congregación recuperó su nombre para bautizar al Instituto de Los Polvorines, vinculando así dos proyectos separados por generaciones pero unidos por una misma tradición religiosa y educativa.
Una escuela entendida como servicio
La particularidad del colegio aparece en una palabra poco habitual fuera del ámbito eclesiástico: diaconía. En la tradición cristiana puede traducirse como servicio a los demás y constituye uno de los principios sobre los que la CEABA desarrolla sus distintas obras.
Schäfer define el ideario del Instituto a partir de “la búsqueda de un bien común, del respeto, la solidaridad, el amor al prójimo y el cuidado de toda la creación”. Pero esa concepción también tiene consecuencias concretas sobre quiénes pueden acceder a la escuela.
Gracias al aporte estatal, los aranceles y un programa de becas, el Instituto procura incorporar familias con distintas posibilidades económicas. “La escuela abre sus puertas a un gran abanico de familias”, explica la directora.
Esa lógica conecta al colegio con otra obra de la Congregación situada en sus cercanías: el Centro de Día Arcángel Gabriel. Niños, adolescentes y jóvenes vinculados al Centro asisten al Instituto, mientras ambas instituciones articulan proyectos comunes.
Alemán, robótica y una huerta
El perfil social no implica dejar en segundo plano la propuesta académica. Alemán e inglés conviven con robótica aplicada a las ciencias, informática, ajedrez educativo, teatro, deportes, huerta, educación ambiental, proyectos solidarios, bailes folclóricos y salidas educativas.
Para Schäfer, una de las razones por las que las aulas continúan llenas está en los docentes que “se perfeccionan, innovan y crean las mejores condiciones para estimular el aprendizaje con propuestas creativas y dinámicas”.

Pero hay otro fenómeno que permite medir la relación que la institución construyó con su comunidad. Exalumnos que pasaron por esas aulas regresan años después para inscribir a sus propios hijos. Otros vuelven como docentes, administrativos o integrantes del personal del colegio.
“Es una escuela que crea comunidad y los niños se sienten escuchados y valorados”, resume Schäfer.
Cincuenta años y varias generaciones
En cinco décadas, por las aulas del Luis Siegel pasaron generaciones que después desarrollaron carreras profesionales, ingresaron en grandes compañías o construyeron emprendimientos propios. Para la directora, el prestigio que el colegio alcanzó en su zona está vinculado no sólo con la enseñanza sino también con la manera de acompañar a estudiantes y familias.
En ese recorrido aparece una forma particular de pertenecer a la tradición educativa alemana en la Argentina. El Siegel no se define únicamente por un idioma o por el origen de su nombre. Su identidad está estrechamente relacionada con la historia de la comunidad evangélica alemana y con la idea de que una institución educativa puede ser, al mismo tiempo, una obra comunitaria.

En este Día del Maestro, Schäfer eligió poner el acento precisamente en quienes sostienen ese trabajo cotidiano. Desde el Instituto extendió el saludo a docentes y directivos de todas las instituciones educativas y expresó un deseo: “Que el Señor bendiga su tarea de educar con amor sosteniendo las infancias y juventudes”.
Medio siglo después de que aquel jardín de infantes abriera sus puertas en Los Polvorines, quizá allí esté la característica que mejor explica al Luis Siegel: una escuela alemana que hizo de la educación una forma de servicio y de la comunidad una parte de su aula.
Con la colaboración de Paula Inés Schäfer, Directora General – Instituto Evangélico Luis Siegel







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