En 1990, cuando El Chaltén todavía era un pueblo diminuto y el Cerro Torre uno de los rincones más aislados de la Patagonia, Werner Herzog desembarcó con una idea que parecía hecha a su medida: filmar una película sobre dos hombres dispuestos a jugarse la vida para demostrar quién era capaz de conquistar una de las montañas más difíciles del planeta.
Al director alemán lo acompañaron actores como Donald Sutherland, Vittorio Mezzogiorno y Mathilda May, además de escaladores profesionales que debían enfrentarse de verdad a las paredes de roca y hielo. Entre ellos estaba Stefan Glowacz, por entonces una de las grandes figuras de la escalada deportiva europea y protagonista de la película.
Sutherland interpretaba a Ivan, un poderoso empresario y productor televisivo que convierte el desafío entre los escaladores en un espectáculo mediático. Su personaje es algo así como un contrapunto de la montaña: mientras los alpinistas se juegan el cuerpo en la Patagonia, alrededor de ellos crece una maquinaria interesada en transformar el riesgo, la competencia y la aventura en puro entretenimiento y dinero.
El resultado fue Cerro Torre: Schrei aus Stein, estrenada en 1991 y conocida en español como Grito de piedra. Hoy ocupa un lugar extraño dentro de la extensa filmografía de Herzog: es una de sus películas menos recordadas y, al mismo tiempo, una producción que volvió a llevar al cineasta a trabajar en condiciones extremas.
Un equipo de 50 personas en medio del hielo patagónico
La filmación se extendió entre agosto y noviembre de 1990. Una parte se hizo en Alemania, pero el desafío estaba a miles de kilómetros: el Cerro Torre y los glaciares de la Patagonia. Una crónica publicada mientras el rodaje todavía estaba en marcha describía un equipo de alrededor de 50 personas, entre ellas cinco escaladores de primer nivel.
Cuando el tiempo lo permitía, dos helicópteros trasladaban personal y materiales desde los alrededores de El Chaltén hasta el glaciar. Pero nada garantizaba que el trabajo pudiera continuar al día siguiente.

Las ráfagas destruían las plataformas preparadas para colocar las cámaras y las tormentas podían aislar al equipo durante horas. Herzog contó entonces que en algunos momentos ni siquiera cinco hombres alcanzaban para sostener un trípode frente al viento. El peligro dejó de ser una posibilidad cuando una carpa salió despedida durante una tormenta y golpeó a uno de los asistentes. El mal tiempo impidió que el helicóptero pudiera evacuarlo y Herzog quedó aislado en la montaña junto con otros integrantes del equipo durante más de 40 horas. El director pasó unas diez horas hundido en la nieve hasta la cintura.
La producción conocía de antemano la violencia del clima. Por eso había distribuido alimentos y mantas en refugios naturales de la montaña para que el equipo pudiera sobrevivir durante varios días en caso de quedar atrapado. Para Herzog, sin embargo, aquello no era una aventura. En plena filmación dijo que se trataba simplemente de “un trabajo duro para el cual estaban preparados”.
Una película atravesada por el gran misterio del Cerro Torre
La historia de Grito de piedra nació de una idea del famoso montañista italiano Reinhold Messner, con quien Herzog ya había trabajado. El guion enfrentaba dos maneras opuestas de entender la montaña.
Roccia, interpretado por Vittorio Mezzogiorno, representa al alpinista clásico, formado en grandes expediciones y convencido de que una pared como la del Cerro Torre exige experiencia, técnica y respeto.
Frente a él aparece Martin, encarnado por Stefan Glowacz, un joven campeón de escalada deportiva que pertenece a una generación mucho más cercana a las competencias, las cámaras y el espectáculo.

Una apuesta termina llevando a ambos hacia la Patagonia, donde el desafío deja de ser una discusión abstracta y se convierte en una prueba física.
La ficción tocaba una historia real que todavía hoy forma parte de la mitología del Cerro Torre. En 1959, el italiano Cesare Maestri aseguró haber alcanzado la cumbre junto con el austríaco Toni Egger. Durante el descenso, Egger murió y la cámara fotográfica que contenía las pruebas de la ascensión desapareció con él.
Por décadas, el relato de Maestri fue puesto cada vez más en duda. Y ese interrogante aparece transformado en ficción en la película de Herzog: ¿qué ocurre cuando un hombre asegura haber conquistado una montaña pero no puede demostrarlo? Detrás de la aventura aparecen entonces el orgullo, la necesidad de reconocimiento y la obsesión por llegar primero.
Glowacz aportaba algo difícil de conseguir mediante efectos especiales. No interpretaba solamente a un escalador: era realmente uno de los mejores del mundo. También participó Hans Kammerlander, otro nombre destacado del alpinismo europeo, y la producción contó con camarógrafos especializados en filmación de montaña.
La película de la que Herzog terminó tomando distancia
Todo parecía tener los elementos clásicos del universo de Herzog: hombres obsesionados con una misión aparentemente absurda, un paisaje indiferente a sus deseos y una filmación en la que el peligro de la ficción podía convertirse en peligro real. Sin embargo, años después el director alemán reconoció que mantenía una relación conflictiva con Grito de piedra.
El motivo estaba detrás de cámara. Herzog, que escribe sus propias películas, no había escrito el guion. La historia surgió de Messner y el libreto quedó en manos de Hans-Ulrich Klenner y Walter Saxer.

El conflicto continuó después del rodaje, y una vez terminada la filmación perdió el control sobre la edición y sintió que la película había sido alterada hasta convertirse en algo que ya no reconocía como suyo. Por eso llegó a describirla como una obra frente a la que sentía cierta distancia.
Esa relación problemática contribuyó a que Grito de piedra quedara relegada frente a títulos mucho más famosos como Aguirre, la ira de Dios, Nosferatu o Fitzcarraldo.
Más de tres décadas después, la película es todavía una rareza dentro de la filmografía de Werner Herzog. Pero conserva algo difícil de separar de su historia: el registro de aquellos meses en los que actores, camarógrafos y algunos de los mejores escaladores del mundo descubrieron que, en el Cerro Torre, el cine puede suceder sólo cuando la montaña lo permite.






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