La historia de Luca Lauga podría resumirse como la de una alemana que llegó a la Argentina, formó una familia y terminó enamorada de Bariloche. Pero su vínculo con la Patagonia nació de algo más profundo. También encontró en las caminatas en medio de la naturaleza una manera de ordenar superar una serie de trances y recuperar fuerzas.
La montaña no borró esas experiencias. Le ofreció tiempo, silencio y una nueva perspectiva. De los senderos, las conversaciones con pobladores y los recuerdos familiares surgió un libro. También nació una vida repartida entre Alemania y la Argentina, con Bariloche como punto de regreso.
Su nombre de nacimiento es Beate Engelbert. Luca es el apodo que la acompaña desde hace décadas y Lauga, el apellido que tomó al casarse. En su recorrido se cruzan la docencia, la literatura, el trabajo intercultural y una relación con la naturaleza que comenzó durante la infancia.
De Gemünden a Buenos Aires
Lauga creció en Gemünden, una pequeña ciudad del estado de Hesse, en el centro de Alemania. Su padre era médico rural y sentía un fuerte apego por la región. Los fines de semana llevaba a su hija y a otros chicos del barrio a caminar por los bosques de Kellerwald y Burgwald. En esas salidas, todavía lejos de los grandes paisajes patagónicos, se formó una costumbre que la acompañaría toda la vida.
A los 19 años dejó su ciudad natal y se trasladó a Berlín para estudiar Lengua y Literatura Alemanas. Quería conocer otros ambientes y ampliar su horizonte. En 1988 tomó una decisión más audaz: viajó a América del Sur en busca de aventura y de una forma de vida diferente.

Buenos Aires se convirtió en su primera escala estable. Allí trabajó como profesora de alemán en el Instituto Goethe y en distintas empresas. Entre sus alumnos conoció a Martín, un argentino que más tarde se convirtió en su marido. Cuando él terminó sus estudios de Ciencias Políticas, la pareja decidió instalarse en Alemania para continuar su formación y construir una vida en común.
En Alemania nacieron sus dos hijos. Sin embargo, el contacto con la Argentina nunca se detuvo. La familia viajaba con regularidad porque una parte de sus afectos y parientes permanecía de este lado del Atlántico. Con el tiempo, aquellos regresos dejaron de ser simples visitas.
Alrededor de 2012, durante un viaje para visitar a un amigo de Martín, Luca conoció Bariloche. La combinación de lagos, montañas, bosques y luz la impresionó desde el comienzo. La pareja compró una casa y las estadías se hicieron cada vez más largas. Desde entonces, su vida transcurre entre la zona de Düsseldorf y la Patagonia argentina.
Las crisis que cambiaron su rumbo
Las caminatas ya formaban parte de su vida. En Europa solía recorrer los Alpes con una amiga. En Bariloche, sin embargo, esa práctica adquirió otro sentido. Luca comenzó a salir sola, a llegar a refugios, visitar estancias y atravesar zonas de montaña. También extendió algunos recorridos hacia Chile.

Ese contacto con el paisaje coincidió con una etapa muy dura. Primero enfrentó un cáncer. Después sufrió un accidente cerebrovascular. Más tarde, su hijo Matthias cayó desde el techo de la casa familiar en Alemania cuando tenía 19 años.
“Uno de mis hijos estuvo cuatro semanas en coma. Lo operaron diez veces”, contó Lauga en una entrevista con El Cordillerano. En esa misma conversación aclaró que Matthias logró recuperarse: “En la actualidad, él está bien”.
Para su madre, sin embargo, el impacto emocional no terminó con la recuperación del joven. Mientras Matthias avanzaba con su rehabilitación, ella viajó a la Argentina para reponerse. En los senderos de Bariloche encontró una rutina sencilla: caminar, observar y seguir.
“Encontré que caminando sola por las montañas, lograba dejar las preocupaciones constantes afuera”, explicó a ANBariloche. No buscaba olvidar. Intentaba convivir con lo ocurrido sin quedar detenida en ese dolor.
Durante sus recorridos conversó con habitantes de distintos puntos de la Patagonia y de Chile. Escuchó relatos de personas que atravesaron la erupción del volcán Puyehue y tsunamis en territorio chileno. Esas experiencias tenían otra escala, pero compartían una misma pregunta: cómo continuar después de una ruptura que altera la vida cotidiana.

La idea de resistencia también estaba ligada a su padre. Él vivió la Segunda Guerra Mundial y, cuando las circunstancias lo permitieron, alentó a su familia a viajar, salir y buscar aventuras. Luca retomó esa enseñanza décadas después. Para ella, sobrevivir era apenas una parte del proceso. El paso siguiente consistía en volver a disfrutar la vida.
Del camino a la escritura
Luca empezó a registrar sus recorridos en un blog de trekking, llamado Trekkinglove. Escribía sobre paisajes, encuentros y pensamientos surgidos durante las caminatas. Una amiga colaboraba con la traducción de algunos textos. Ese material inicial se transformó después en un proyecto literario más amplio.
En 2022 publicó en Alemania Die Stille kommt beim Gehen – Auf dem Weg zu mir, título que puede traducirse como El silencio llega al caminar: en el camino hacia mí. El libro en alemán reúne memorias personales, relatos de viaje, fotografías, acuarelas y poemas. Sus hijos participaron con aportes y su marido acompañó el proceso de elaboración.

El libro no es una guía de trekking. Tampoco pretende ofrecer una receta de autoayuda. Lauga lo ubica dentro de la escritura de naturaleza, una tradición que observa el paisaje y, al mismo tiempo, examina la relación humana con el entorno. Entre sus referencias aparece la autora escocesa Nan Shepherd y su obra The Living Mountain.
En las páginas conviven los bosques nevados, los lagos, los volcanes y las conversaciones con personas encontradas en el camino. También están presentes el cáncer, el accidente cerebrovascular y la caída de Matthias. La autora no coloca el dolor en el centro para buscar compasión. Lo incorpora como parte de una pregunta más amplia sobre la capacidad de reconstruirse.

El título resume su experiencia. El cuerpo avanza, pero los pensamientos pierden intensidad y aparece el silencio. Esa pausa no representa una huida. Es el momento en que la experiencia empieza a encontrar un orden posible. En una entrevista con el diario alemán HNA, Lauga resumió esa idea con una frase: “Wer geht, steht wieder auf”, es decir, “Quien camina vuelve a ponerse de pie”.
La obra fue presentada en Alemania, Austria y Bariloche. Esos encuentros también mostraron la conexión histórica entre el mundo de habla alemana y la ciudad rionegrina. En Austria, por ejemplo, Lauga conoció a personas que recordaban Bariloche por los instructores de esquí que viajaron allí durante las décadas de 1950 y 1960.
Su trabajo no quedó limitado al libro. Lauga se desempeña como especialista en coaching y comunicación intercultural. Además, continuó vinculada con historias de alemanes en la Patagonia. En julio de 2026, por ejemplo, participó en Bariloche de una actividad sobre las cartas y el archivo familiar de Ella Brunswig, una alemana que llegó al sur argentino hace más de un siglo y narró su vida mediante cartas enviadas a Berlín.
Entre Gemünden, Düsseldorf y Bariloche, su vida conserva más de un lugar de pertenencia. Alemania representa la infancia, la formación y buena parte de su historia familiar. La Argentina es el país donde conoció a su marido y descubrió otra manera de mirar el mundo. La Patagonia, por su parte, se convirtió en el territorio donde pudo transformar una serie de golpes personales en una obra.






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