Treinta estudiantes de Diseño de Moda de la Universidad de Palermo investigaron Europa y transformaron ese recorrido en prendas, texturas y formas. El resultado llegó el 27 de agosto a Bafweek: una colección colectiva que tomó como inspiración a 21 países de la Unión Europea y buscó interpretarlos desde la mirada de una nueva generación de diseñadores formados en la Argentina.
Entre esas propuestas apareció Austria. Tatiana Benaroch, junto con estudiantes y diseñadores que participaron de la iniciativa, trabajó sobre referencias históricas y culturales europeas. En el proyecto austríaco Echoes der Tiefe (“Ecos de profundidad”), cafés vieneses, música, arquitectura y movimientos artísticos se convirtieron en puntos de partida para pensar la indumentaria contemporánea.
Europa vista desde Buenos Aires
La segunda edición de “Europa inspira, Argentina diseña” reunió a la Delegación de la Unión Europea en Argentina, sus 21 Estados miembros con representación en el país, la Universidad de Palermo y Bafweek.

El proyecto comenzó en una cátedra de la carrera de Diseño de Moda. Los 30 estudiantes investigaron historia, tradiciones, textiles y expresiones culturales de los países asignados y desarrollaron sus propias propuestas. Después de una selección académica, las creaciones llegaron al desfile final en el Palacio de las Aguas Corrientes, donde fueron presentadas por 60 modelos.
El ejercicio planteaba un desafío interesante: cómo representar una cultura sin limitarse a reproducir sus símbolos más reconocibles. En el caso austríaco, la respuesta pasó por buscar aquello que permanece debajo de la superficie.
Austria sin recurrir al traje típico
Echoes der Tiefe partió de una reflexión sobre la identidad austríaca y las distintas capas que dejó su historia, desde el Imperio Austrohúngaro hasta las guerras y los posteriores procesos de reconstrucción.
Según explicó Benaroch, una de las ideas que orientaron la propuesta fue que “la identidad no desaparece con el paso del tiempo, sino que se construye en capas”.

La investigación incorporó elementos fácilmente reconocibles para quien conozca Austria, pero evitó convertirlos en reproducciones literales.
Los tradicionales Kaffeehäuser vieneses fueron estudiados como espacios de conversación y reflexión. El vals y la música clásica aportaron la idea de continuidad cultural, mientras que la arquitectura permitió trabajar un contraste que luego pasó a las prendas: estructuras exteriores firmes frente a interiores de mayor ornamentación y sensibilidad. El desafío consistió en transformar conceptos históricos y culturales en decisiones de diseño.
De Viena a las telas
En la propuesta dedicada a Austria se utilizaron alforzas, tablas y recursos de sastrería para expresar orden, repetición y estructura. Los frunces, drapeados y transparencias aportaron movimiento y profundidad.

Los bordados artesanales remitieron a la memoria y la herencia cultural, mientras que técnicas industriales incorporaron una dimensión contemporánea. El crochet y el tejido a dos agujas permitieron representar la construcción de la memoria mediante el entrelazado de los hilos.
También se combinaron materiales de características muy diferentes: gasa, encaje, algodón con bambú, algodón con seda, cotton satén y cuero gamuzado. La intención fue sostener una tensión permanente entre ligereza y estructura.

La propuesta austríaca no terminó en la ropa. Incluyó una producción fotográfica, un fashion film y un shop inspiration que trasladaron el concepto a otro lenguaje visual mediante arquitectura, naturaleza, luz y transparencias.
En palabras de Benaroch, el objetivo era transmitir que la identidad puede encontrarse en aquello que “permanece vibrando debajo de la superficie”.
La Viena que cambió la manera de diseñar
La investigación también llevó al grupo hacia uno de los períodos más fértiles de la cultura austríaca: la Viena de comienzos del siglo XX.
La Secesión Vienesa y la Wiener Werkstätte permitieron estudiar una concepción del diseño que atravesaba distintas disciplinas. Fundada en 1903 por Josef Hoffmann, Koloman Moser y Fritz Waerndorfer, la Wiener Werkstätte produjo desde muebles y objetos hasta textiles, gráfica, interiores y moda, y ejerció influencia sobre movimientos posteriores.

Ese antecedente adquiere una resonancia particular dentro de “Europa inspira, Argentina diseña”, porque la iniciativa tomó como referencia los principios de la Nueva Bauhaus Europea: sostenibilidad, inclusión y belleza. La propuesta impulsada por la Unión Europea busca llevar esos valores al diseño y a la vida cotidiana.
No se trató, por lo tanto, de copiar estéticas históricas, sino de utilizarlas como materia de investigación para producir algo nuevo.
Una pasarela para 21 identidades
Austria fue apenas una pieza dentro de un mosaico considerablemente mayor. Los estudiantes trabajaron sobre los 21 Estados miembros de la Unión Europea con representación en la Argentina, con propuestas que partieron de tradiciones, textiles e identidades diferentes.
“La moda y el diseño son lenguajes universales que nos permiten acercar culturas y construir puentes entre Europa y Argentina”, afirmó Eran Nagan, embajador adjunto de la Unión Europea en Argentina, durante la presentación.
Oscar Echeverría, decano de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, destacó a su vez el compromiso de los estudiantes y su capacidad para interpretar la diversidad europea desde el diseño argentino.

Esa combinación quizá sea la característica más interesante de la experiencia. Europa aportó las historias, los movimientos artísticos, los materiales y las tradiciones que funcionaron como punto de partida. Los estudiantes argentinos decidieron cómo traducirlos a un lenguaje propio.
En el caso de Austria, esa traducción pasó por Viena, sus cafés, su música, su arquitectura y una tradición del diseño que marcó buena parte del siglo XX. En otras propuestas, el recorrido fue diferente.
Todas terminaron, sin embargo, en el mismo lugar: una pasarela porteña. Durante unas horas, el Palacio de las Aguas Corrientes reunió 21 maneras de mirar Europa desde la Argentina. Y la moda dejó de funcionar solamente como exhibición de tendencias para convertirse en algo distinto: una forma de interpretar culturas y volver a contarlas a través del diseño.







Hacé tu comentario