El triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en Sachsen-Anhalt provocó este lunes una conmoción que superó rápidamente las fronteras del estado del este alemán. El canciller Friedrich Merz reconoció la magnitud de la derrota de su Unión Cristianodemócrata (CDU), prometió consecuencias y trató de transmitir a los socios europeos un mensaje de estabilidad institucional. El resultado oficial confirmó el 43,8% para la AfD frente al 17,2% de la CDU.
La diferencia fue difícil de relativizar. La AfD consiguió 576.037 votos y aumentó 23 puntos porcentuales respecto de 2021, mientras la CDU perdió 19,9 puntos. La participación alcanzó el 77,8%, 17,5 puntos más que en la elección anterior. Para Merz, la jornada representó “la derrota electoral más grave” sufrida por su partido en años o incluso décadas.
Merz admite el golpe, pero no cambia de rumbo
“Estamos todos profundamente conmocionados. No lo esperábamos de esta manera”, afirmó Merz después de las reuniones de los principales órganos de la CDU en Berlín. El canciller sostuvo que lo ocurrido no modificó solamente Sachsen-Anhalt, sino “toda Alemania”, y anticipó que el resultado deberá tener consecuencias.

Pero esas consecuencias no significarán, al menos por ahora, abandonar el programa reformista del gobierno federal. Merz ratificó su intención de continuar con las reformas económicas y sociales y admitió un problema diferente: Berlín no logró explicar suficientemente por qué las considera necesarias ni conectar con las preocupaciones de una parte de la población.
La elección dejó así expuesta una discusión que va mucho más allá de Magdeburgo. Según una encuesta de Infratest dimap para ARD, el 87% de los electores de Sachsen-Anhalt se declaró insatisfecho con el gobierno federal. Otro sondeo para ZDF indicó que tres cuartas partes de los consultados consideraron que Merz perjudicó el resultado de la CDU.
Un mensaje para una Europa que mira a Alemania
Merz dedicó una parte especialmente significativa de su intervención a reafirmar el compromiso constitucional y europeo de Alemania. Sostuvo que las mayorías pueden cambiar en democracia, pero que los valores fundamentales de la Grundgesetz, la Ley Fundamental alemana, no están sometidos a votación.

“Nuestras instituciones son estables y capaces de defenderse”, aseguró el canciller. También prometió mantener el orden político alemán y su “firme anclaje en Europa”. Y aclaró que sus palabras estaban dirigidas no solamente a los ciudadanos alemanes, sino también “a nuestros amigos en Europa y en todo el mundo”.
El mensaje refleja la dimensión internacional que adquirió una elección de apenas uno de los 16 estados federados alemanes. La AfD no consiguió la mayoría absoluta, pero sus 39 bancas sobre 83 la dejaron a solo tres escaños de alcanzarla. Además, la magnitud de su victoria volvió a poner bajo presión el llamado Brandmauer, el “cortafuegos” mediante el cual los principales partidos alemanes rechazan acuerdos con la formación.
Francia y Polonia encienden las alarmas
Las reacciones más fuertes llegaron desde dos socios centrales de Alemania. El ministro francés de Economía y Finanzas, Roland Lescure, calificó el resultado como una señal “muy, muy preocupante” ante una ola populista que, según afirmó, se extiende internacionalmente. Benjamin Haddad, ministro francés para Europa, habló de un momento “muy grave” y advirtió que “el nacionalismo y la xenofobia nunca serán la solución”.

En Polonia, la reacción fue todavía más dura. El primer ministro Donald Tusk escribió que “solo los idiotas o los traidores” podían alegrarse por el triunfo de la AfD en Alemania, mientras el canciller Radosław Sikorski lo definió como una señal “muy preocupante”.
El material suministrado recoge además la reacción del ministro italiano de Relaciones Exteriores, Antonio Tajani, quien calificó el resultado como una “terrible noticia” por considerar a la AfD contraria a los valores liberales y occidentales.

En sentido opuesto, el presidente estadounidense Donald Trump difundió el resultado en Truth Social, mientras el enviado ruso Kirill Dmitriev celebró la “victoria histórica” de una AfD a la que describió como pragmática.
El próximo examen llegará en apenas dos semanas
La presión sobre Merz no terminará con el recuento de Sachsen-Anhalt. El 20 de septiembre habrá elecciones regionales en Berlín y Mecklenburg-Vorpommern. El desempeño de la CDU y de la AfD en esas dos votaciones permitirá evaluar si el resultado del domingo respondió principalmente a las particularidades políticas del este alemán o si anticipa una tendencia de mayor alcance nacional.

Para los socios europeos, esa diferencia resulta decisiva. Alemania es la mayor economía de la Unión Europea y uno de los ejes de sus principales decisiones políticas. Un debilitamiento sostenido de sus partidos tradicionales o un crecimiento de fuerzas críticas de la integración europea, de las sanciones contra Rusia y del apoyo a Ucrania tendría consecuencias que excederían ampliamente la política regional alemana.
Por eso, el 43,8% obtenido por la AfD en Sachsen-Anhalt no fue leído en París, Varsovia o Roma solamente como un resultado local: también fue interpretado como una advertencia sobre hacia dónde puede desplazarse el equilibrio político de Alemania.





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