La AfD llega a las elecciones regionales del este de Alemania con números que pueden cambiar de una vez y quizás para siempre el futuro político del país. En Sajonia-Anhalt, el partido de ultraderecha ya tiene casi el 41% de intención de voto. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental llega a casi el 36%. Y lo más llamativo es que ninguna otro partido o coalición se acerca a esos porcentajes.
Las dos votaciones se realizarán en septiembre: Sajonia-Anhalt irá a las urnas el día 6; Mecklemburgo-Pomerania Occidental lo hará el 20. La posibilidad de que la AfD termine primera ya no es una hipótesis lejana. El partido podría quedar en condiciones de disputar por primera vez el control de un gobierno regional. Y el avance no se explica solamente por la inmigración, uno de los temas que más impulsa a la formación en el oeste alemán.
En los antiguos territorios comunistas pesan otras heridas. La pérdida de habitantes, el envejecimiento, la falta de trabajadores capacitados y la diferencia de ingresos con el oeste alimentan una sensación que todavía vive, 36 años después de la reunificación: una parte del país siente que nunca recibió el mismo trato.
El peso de una reunificación que todavía divide a Alemania
Las diferencias económicas entre las dos Alemanias se redujeron desde 1990, pero no desaparecieron del todo. El este todavía tiene sueldos más bajos, menos oportunidades de trabajo y una estructura empresarial más débil. En algunas ciudades pequeñas también se instaló la idea de que las grandes decisiones siguen en manos de políticos del oeste. La población de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, por ejemplo, una región de puertos y playas sobre el Báltico, cayó casi una quinta parte desde la reunificación. Y así, muchos jóvenes se fueron para estudiar o trabajar.
¿El resultado? Una sociedad más envejecida y con menos personas listas para trabajar.

En Sajonia-Anhalt, el estado tiene la proporción más alta de habitantes en edad jubilatoria de todo el país. Hay 52 personas en esa franja por cada 100 habitantes en edad de trabajar.
Oliver Holtemöller, investigador del Instituto IWH de Halle, dijo que el trabajo será el factor productivo más escaso para el futuro de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. El producto interno por habitante equivale a cerca del 76% del promedio alemán. La productividad laboral se ubica alrededor del 86%.
Por otro lado, una investigación del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) encontró una relación entre ese deterioro demográfico y el apoyo a la AfD. El partido consigue mejores resultados en las zonas donde se van las personas jóvenes y preparadas.

Guido Friebel, profesor de la Universidad Goethe de Fráncfort e integrante de la Fundación Rockwool, considera que muchos habitantes del este todavía sienten que sus preocupaciones no son escuchadas, y por ello la AfD encontró allí una ventaja.
El costo económico que los especialistas atribuyen a la AfD
Marcel Fratzscher, presidente del DIW Berlín, afirmó que la insatisfacción de esas regiones es comprensible, pero también que sus habitantes serían los principales perjudicados si el partido aplicara sus medidas. El instituto analizó propuestas como abandonar el euro, retirar a Alemania de la Unión Europea, frenar la inmigración y reducir el gasto estatal. Según sus cálculos, ese programa daría a Sajonia-Anhalt una pérdida anual promedio de EUR 1.600 por habitante. También pondría en riesgo unos 10.000 trabajos.
El efecto sería todavía más grandes en las regiones que dependen de empresas pequeñas, fondos públicos y trabajadores extranjeros. La falta de mano de obra ya representa uno de sus principales problemas. Cerrar el ingreso de inmigrantes reduciría todavía más la cantidad de personas disponibles para la industria, los servicios y las universidades.
Hans-Thomas Tillschneider, vicepresidente regional de la AfD en Sajonia-Anhalt, dice lo contrario, que eliminar los impuestos vinculados con el dióxido de carbono y levantar las sanciones contra Rusia reduciría el costo de la energía.En su planteo, ese giro también recuperaría el comercio exterior y desataría una expansión económica.
La Universidad de Rostock, por ejemplo, recibía en su carrera de ingeniería naval apenas diez estudiantes por año. El programa fue reformulado con participación de empresas de la región y abrió su convocatoria al exterior. En dos semestres, la inscripción subió a cerca de 200 alumnos anuales. Buena parte de esos estudiantes llegó desde India, Pakistán, Egipto y otros países.



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