Una ciudad del este de Alemania decidió que en sus calles ya no podrán colocarse nuevas placas con los nombres de vecinos perseguidos por el nazismo. El concejo municipal de Heidenau, en Sajonia, aprobó por 13 votos contra seis y una abstención una propuesta impulsada por representantes de la AfD, la CDU y una agrupación local.
La resolución alcanza a las Stolpersteine, pequeños bloques cubiertos con una lámina de bronce que se instalan frente al último domicilio elegido libremente por una víctima del régimen nazi. Cada pieza incluye el nombre de la persona y algunos datos sobre su persecución, deportación o asesinato.
El municipio tampoco eliminará por completo los homenajes, pero pretende concentrar las futuras conmemoraciones en el Cementerio Norte. La decisión, como era de prever, desató la indignación de muchos porque quita los nombres de los lugares donde esas personas vivieron y porque reunió nuevamente a conservadores y ultraderechistas en una votación de fuerte contenido simbólico.
El argumento utilizado para prohibirlas
Los promotores afirmaron que muchos habitantes y familiares consideran irrespetuoso colocar los recordatorios en el suelo, donde pueden ser pisados por los transeúntes. La administración municipal había recomendado rechazar la iniciativa. “Una prohibición general de futuras Stolpersteine no es necesaria ni está justificada”, dijeron antes de la votación.
La discusión comenzó después de que una organización cultural de la vecina ciudad de Pirna solicitara permiso para colocar siete nuevas placas. El pedido quedó bloqueado por la resolución, que impide autorizar futuras instalaciones en calles y veredas públicas.

Heidenau cuenta actualmente con cinco Stolpersteine distribuidas en dos sitios. La primera fue colocada en 2021 y recuerda a Paul Gröger, alcalde socialdemócrata de la ciudad hasta 1933. Las SA lo detuvieron y maltrataron después de la llegada de los nazis al poder. Gröger murió poco después de recuperar la libertad.
Otras cuatro placas fueron instaladas en 2023 en homenaje a la familia del comerciante judío Maximilian Reiner, encarcelado y deportado al campo de concentración de Theresienstad.
Una votación que golpeó a la CDU
La propuesta fue aprobada mediante una votación secreta y contó con el respaldo de concejales de la AfD y de la CDU, el partido del canciller Friedrich Merz. Ese entendimiento reabrió la discusión sobre la llamada “barrera de contención”, el compromiso de los partidos tradicionales alemanes de no colaborar con la ultraderecha.
La ministra federal de Educación, Karin Prien, que también pertenece a la CDU, calificó la prohibición como “un escándalo”. Y cuestionó fuertemente la propuesta de trasladar los homenajes a un cementerio: “Quien expulsa del espacio público la memoria de la vida judía coloca la muerte por encima de la vida”.

El embajador de Israel en Alemania, Ron Prosor, expresó que sentía “vergüenza” por la decisión. Recordó que algunas placas colocadas en Berlín llevan los nombres de integrantes de su propia familia que tuvieron que escapar del nazismo. “Y en Alemania, en 2026, un concejo decide que no habrá nuevas Stolpersteine”, escribió.
Charlotte Knobloch, presidenta de la comunidad judía de Múnich, también condenó la votación pese a que desde hace años cuestiona la instalación de placas en el suelo. Para ella, la medida de Heidenau no busca proteger la dignidad de las víctimas, sino avanzar con una “maniobra transparente de los extremistas de la AfD” contra la cultura alemana de la memoria.
El monumento más grande sin un edificio
El artista alemán Gunter Demnig colocó la primera Stolperstein frente al Ayuntamiento de Colonia en 1992. Desde entonces, el proyecto se extendió por más de 30 países y superó las 126.000 piezas. Es considerado el monumento descentralizado más grande del mundo.

Cada bloque tiene aproximadamente el tamaño de un adoquín y queda al mismo nivel que la vereda. Las inscripciones suelen comenzar con las palabras “Aquí vivió”, seguidas por el nombre y el destino de la persona. El proyecto recuerda a judíos y a otros grupos perseguidos por el régimen nazi.
El artista cuestionó con especial dureza a los concejales conservadores que acompañaron la propuesta. Afirmó que la CDU “quizá debería borrar la C” de su nombre porque, a su juicio, abandonó los valores cristianos que dice representar.




Hacé tu comentario