Peter Thiel eligió una comparación fuerte para describir lo que considera el gran problema económico de Alemania. Revisó a las 50 personas más ricas del país y encontró veinte nacidas a partir de 1965. Según su cálculo, todas heredaron su fortuna. Al repetir el ejercicio en Estados Unidos identificó doce integrantes de la misma generación, pero nueve habían construido su propio patrimonio.
“Ni una sola persona hizo algo nuevo, ganó dinero nuevo o construyó una gran empresa escalable”, afirmó el multimillonario nacido en Fráncfort. Su conclusión fue todavía más incómoda: Alemania no sufre solamente miedo al fracaso, también tendría miedo al éxito, una barrera que empuja a los emprendedores a vender sus compañías antes de transformarlas en gigantes capaces de competir con las firmas estadounidenses.
Thiel expuso su diagnóstico en una conversación con Mathias Döpfner, director ejecutivo de Axel Springer, al recibir un premio del grupo en Berlín. El inversor de 58 años dejó Alemania cuando tenía un año y construyó su carrera en Estados Unidos.
El país donde los ricos heredan
La comparación no proviene de un estudio académico ni demuestra por sí sola que Alemania perdió su capacidad empresarial. Thiel reconoció que eligió una muestra extrema para señalar la ausencia de nuevos fundadores capaces de crear riqueza desde cero. En su recuento, nueve de los doce estadounidenses nacidos desde 1965 hicieron su propio dinero. Los veinte alemanes incluidos en esa franja etaria recibieron patrimonios familiares.

“Por cada una de esas personas en Estados Unidos se crearon miles de millonarios dentro de sus empresas, decenas de miles de empleos y valor para la economía de muchas formas distintas”, sostuvo.
La crítica apunta al modelo alemán, que conserva conglomerados industriales y una red de compañías medianas que dominan sectores especializados, pero le cuesta producir firmas nuevas con alcance mundial. La fortuna puede pasar de una generación a la siguiente sin que aparezcan equivalentes locales de las grandes tecnológicas estadounidenses.
Thiel resumió el problema con una frase que invierte una explicación habitual. “Existe miedo al fracaso. La gente evita los riesgos y puede que eso sea cierto, pero también quiero plantear otra dimensión: quizá exista miedo al éxito”, señaló. Para el inversor, la prudencia no termina cuando un proyecto demuestra que funciona; en ese punto comienza la presión por venderlo.
Empresas que frenan antes de hacerse gigantes
“Si tenés algo que funciona, no lo vas a llevar hasta un extremo como Elon Musk o Mark Zuckerberg”, dijo Thiel. A su entender, demasiados fundadores alemanes prefieren cerrar una operación rentable, cobrar y retirarse antes que sostener años de expansión, asumir nuevas deudas o disputar mercados mucho más grandes.
Alemania genera proyectos tecnológicos y mantiene centros científicos de primer nivel, pero el dinero para financiar la expansión suele ser más abundante en Estados Unidos. Las diferencias regulatorias y la fragmentación europea agregan obstáculos cuando una compañía intenta multiplicar rápidamente su operación.

Algunos datos van en ese sentido. El Reino Unido superó por primera vez a Alemania en los cuatro años de historia de la lista Fortune 500 Europe: colocó 76 empresas frente a 73. El Marcador Europeo de Innovación de 2026 ubicó a la mayor economía de la Unión Europea en el décimo puesto, por debajo de países mucho más pequeños.
“Resulta muy llamativo que en las últimas décadas se hayan construido tan pocas grandes empresas nuevas en Alemania”, agregó.
El deterioro de la vieja potencia industrial
La advertencia llega justo cuando los emblemas del capitalismo alemán atraviesan una etapa complicada. Volkswagen alcanzó el sexto lugar del ranking mundial de Fortune en 2017, pero descendió hasta el puesto 13. La automotriz prepara otros 50.000 recortes después de haber acordado una reducción similar en los dos años anteriores, y también proyecta achicar casi a la mitad su oferta de modelos.
BMW y Mercedes-Benz tampoco escaparon al castigo del mercado: sus acciones perdieron más del 20% en el último año. La transición hacia el vehículo eléctrico, la competencia china y los costos internos obligaron a empresas acostumbradas a dominar sus segmentos a revisar inversiones, plantas y empleos.

Thiel cofundó PayPal y Palantir, fue uno de los primeros inversores de Facebook y posee una fortuna estimada en USD 37.200 millones. Además, apoyó a Donald Trump y generó rechazo por sus opiniones sobre la democracia.
Axel Springer lo premió por su influencia sobre la era digital y su respaldo a proyectos capaces de abrir mercados. Döpfner lo presentó como “el alemán más influyente de nuestro tiempo”, una definición que despertó protestas frente a la sede del grupo en Berlín.




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