La Fiscalía de Dortmund abrió una investigación contra un hombre de 105 años sospechado de haber trabajado como guardia en el Stalag 326 VI K Senne, uno de los mayores campos nazis para prisioneros de guerra soviéticos. La causa busca determinar si colaboró con múltiples asesinatos cometidos dentro del complejo.
Las autoridades alemanas no difundieron su nombre ni informaron dónde vive. Tampoco precisaron si su estado de salud permitiría interrogarlo o llevarlo a juicio. El acusado tenía poco más de veinte años cuando habría prestado servicio en el campo de Senne, ubicado en el actual estado de Renania del Norte-Westfalia.
“Se cree que el sospechoso, de 105 años, trabajó como guardia en el campo de prisioneros de guerra Stalag 326 VI K”, indicó la fiscalía.
El último sospechoso del Stalag 326
El expediente comenzó con una investigación preliminar de la Oficina Central para el Esclarecimiento de los Crímenes del Nacionalsocialismo, que funciona en Ludwigsburg. El organismo reunió información sobre dos antiguos guardias y remitió los antecedentes a los fiscales de Dortmund, especializados en delitos cometidos bajo el régimen nazi.

Uno de los dos sospechosos murió antes de que la justicia pudiera avanzar. El otro es el hombre de 105 años que permanece bajo investigación.
Alemania mantiene abiertas estas causas porque el asesinato no prescribe y la misma regla alcanza a quienes colaboraron con el delito. La justicia tampoco necesita demostrar necesariamente que un guardia disparó contra una víctima: puede acusarlo si prueba que conocía el sistema de muerte y ayudó a sostenerlo.
El campo que alimentó el trabajo forzado
El Stalag 326 abrió en 1941 cerca de Stukenbrock, unos veinte kilómetros al sudeste de Bielefeld. A diferencia de Auschwitz o Sachsenhausen, no estaba clasificado como campo de concentración, sino como campo de prisioneros administrado por las Fuerzas Armadas alemanas. Entre 180.000 y 200.000 soldados soviéticos quedaron registrados allí antes de ser enviados a fábricas, minas, establecimientos agrícolas y diferentes comandos de trabajo.

Los primeros cautivos soviéticos llegaron el 10 de julio de 1941, pocas semanas después de la invasión alemana a la Unión Soviética. El terreno apenas contaba con instalaciones suficientes para recibirlos y muchos debieron permanecer al aire libre, detrás de alambradas. La falta de alimentos, las enfermedades, los trabajos forzados y la ausencia de atención médica provocaron una mortalidad enorme. Los prisioneros soviéticos recibieron un trato deliberadamente peor que los soldados capturados de países occidentales, pese a las obligaciones internacionales que Alemania debía respetar.
Cerca del antiguo campo existen 36 extensas hileras de fosas comunes y algunas estimaciones calculan que podrían estar enterradas hasta 65.000 personas. La documentación permitió identificar solamente una parte de los fallecidos.
El Ejército estadounidense liberó el complejo el 2 de abril de 1945. El predio funcionó después como centro de internación para sospechosos de crímenes de guerra y dirigentes nazis, antes de alojar refugiados y desplazados. Actualmente conserva una exposición dedicada a reconstruir la vida de los prisioneros y el sistema de trabajo forzado.
Una carrera judicial contra el tiempo
La posibilidad de juzgar a empleados subalternos del sistema nazi se amplió después de la condena contra John Demjanjuk en 2011. El antiguo guardia de Sobibor recibió cinco años de prisión como cómplice de más de 28.000 asesinatos, aunque no existían pruebas de que hubiera matado personalmente a una víctima. Ese criterio permitió procesar a personas que trabajaron como guardias, secretarias o empleados administrativos.

En 2022, un tribunal alemán condenó a Josef Schütz, antiguo guardia de Sachsenhausen, a cinco años de prisión por colaborar con 3.518 asesinatos. Tenía 101 años y murió meses después. Irmgard Furchner, secretaria del campo de Stutthof, también fue declarada culpable por su participación en más de 10.000 crímenes.
Los resultados judiciales dependen cada vez más del estado de salud de los sospechosos. Varios expedientes recientes terminaron sin juicio porque los acusados murieron o fueron declarados incapaces de comprender el proceso. En abril de 2025 falleció otro antiguo guardia de Sachsenhausen antes de responder por más de 3.300 asesinatos.




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