Documentos confidenciales citados por Handelsblatt y NDR mostraron que el Gobierno alemán se inclinó por impedir que la naviera estatal china COSCO adquiera el 80% de Zippel, una empresa de Hamburgo especializada en conectar los grandes puertos del norte con el interior del país. La preocupación oficial no se concentra en la competencia comercial, sino en el acceso chino a infraestructura, datos y cadenas logísticas consideradas estratégicas. La operación volvió así a poner bajo discusión las inversiones chinas en Alemania cuando involucran infraestructura sensible.
El caso expone dos controles diferentes sobre una misma operación. El Bundeskartellamt, la autoridad federal de competencia, ya autorizó la adquisición desde el punto de vista antimonopolio. Sin embargo, el Ministerio Federal de Economía mantiene abierto el examen de inversión extranjera, un procedimiento que permite evaluar si una compra puede afectar el orden público o la seguridad de Alemania.
Una empresa mediana en una cadena estratégica
Zippel no administra un gran puerto ni un terminal marítimo. Su importancia reside en lo que ocurre después de que los contenedores llegan a tierra. La compañía transporta cargas por tren, camión y vías navegables entre Hamburgo y Bremerhaven y distintos centros industriales del interior alemán.

Según los documentos conocidos por Handelsblatt, Zippel factura alrededor de EUR 80 millones (US$ 91 millones) anuales, tiene unos 210 empleados y capacidad para mover unos 175.000 contenedores estándar por año. Aunque su participación en el mercado nacional no es especialmente elevada, en terminales interiores como Berlin, Schkopau y Elsterwerda alcanza cuotas de movimiento de entre 35% y 90%.
La dimensión más sensible aparece en otro terreno. Los informes gubernamentales citados por la prensa indican que la empresa participa en cadenas utilizadas para el apoyo logístico de la Bundeswehr y la OTAN. Los ministerios temen que una infraestructura controlada o influida por un grupo estatal chino pudiera no estar plenamente disponible en una situación de crisis o conflicto.
Cinco ministerios plantean objeciones
El Ministerio de Economía, responsable del procedimiento, no sería el único que sostiene reparos. De acuerdo con Handelsblatt, también Exteriores, Defensa, Interior y Finanzas respaldan una prohibición de la operación.

El argumento central es el riesgo de generar “dependencias estratégicas” que pudieran utilizarse como instrumento de presión durante tensiones políticas. El Bundesamt für Verfassungsschutz, el servicio federal de protección de la Constitución, ya había advertido en abril sobre los efectos acumulativos de sucesivas adquisiciones de COSCO en Alemania y la Unión Europea.
El régimen alemán de control de inversiones permite considerar, entre otros factores, si el comprador se encuentra bajo control estatal. Una eventual prohibición requiere el acuerdo del Gobierno federal en su conjunto. Mientras esa revisión no concluya, la autorización del Bundeskartellamt no equivale a una aprobación definitiva de la adquisición.
El antecedente del terminal Tollerort
El debate tiene un precedente directo en Hamburgo. COSCO ya posee desde 2023 una participación del 24,9% en la empresa que opera el Container Terminal Tollerort. La naviera había buscado inicialmente una participación mayor, pero el Gobierno alemán limitó su ingreso después de una fuerte discusión sobre infraestructura crítica y dependencia de China.

La compra de Zippel ampliaría la presencia de COSCO desde el terminal portuario hacia la logística terrestre que conecta los puertos con fábricas, depósitos y terminales interiores. Es precisamente esa combinación la que explica por qué una operación que superó el examen de competencia permanece bajo revisión política y de seguridad. Por ahora, no corresponde hablar de una compra bloqueada de manera definitiva.
Las informaciones publicadas indican una posición gubernamental ampliamente contraria al acuerdo, pero el Ministerio de Economía no anunció públicamente el cierre formal del procedimiento. El caso Zippel muestra así cómo la política alemana hacia las inversiones extranjeras empieza a medir no sólo cuánto mercado controla una empresa, sino también qué función cumple esa empresa si una cadena logística deja de ser puramente comercial.





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