La ultraderecha alemana llevó al Bundestag una disputa territorial que Italia daba por controlada desde hace décadas. La AfD organizó un encuentro sobre el Tirol del Sur, una provincia italiana de mayoría germanoparlante, y provocó la reacción del Gobierno de Giorgia Meloni y de varios partidos que hasta ahora observaban con simpatía su avance en las urnas.
El conflicto es una situación incómoda a la derecha italiana, especialmente a la Liga de Matteo Salvini y a dirigentes como Roberto Vannacci, que buscaron estrechar vínculos con la AfD. Sus aliados alemanes comenzaron a relacionarse con movimientos que pretenden separar de Italia una de sus regiones más ricas, nada menos.
Antonio Tajani, ministro de Relaciones Exteriores y vicepresidente italiano, acusó directamente al partido alemán de respaldar la secesión. “El cartel de presentación habla claro: hay un mapa con el Südtirol como un Estado aparte, independiente”, afirmó. Para el dirigente de Forza Italia, se trata de un hecho “gravísimo” que demuestra que la AfD es una fuerza “antiitaliana”.
Tirol del Sur: el mapa que enfureció a Italia
La reunión se desarrolló en el complejo parlamentario de Berlín por el 80º aniversario del acuerdo De Gasperi-Gruber, firmado por Italia y Austria en 1946. El pacto permitió reconocer derechos culturales y lingüísticos a la población de origen alemán y abrió el camino hacia la autonomía actual.
El invitado principal fue Otto Mahlknecht, vicepresidente de Die Freiheitlichen, un partido derechista e independentista que participa en la coalición gobernante del Tirol del Sur. Según la convocatoria, el dirigente debía explicar el contexto histórico, político y jurídico del acuerdo, acompañado por tres diputados de la AfD.

Mahlknecht, por su parte, aseguró que su presencia no constituía una maniobra secesionista. “Es una polémica infundada”, respondió y agregó que solamente pretendía analizar el desarrollo de la autonomía y las consecuencias del tratado firmado después de la Segunda Guerra Mundial.
La AfD se defendió de forma parecida: Marc Jongen, eurodiputado del partido nacido en Merano, negó cualquier intención de reclamar el territorio. “¿Reapropiarnos del Südtirol? Es una estupidez. Además, era austriaco, no alemán”, declaró.
La alianza que abrió la crisis en la ultraderecha
A finales de agosto, Melanie Mair, portavoz juvenil de Süd-Tiroler Freiheit, participó en el congreso de Generation Deutschland, la organización juvenil de la AfD. Durante su intervención reivindicó como “combatientes de la libertad” a los militantes involucrados en los antiguos atentados separatistas y afirmó que la integración con los italianos “no puede ser una opción”.
La devolución de la visita ocurrió el 13 de septiembre, cuando Jean-Pascal Hohm, jefe de las juventudes de la AfD, viajó a Termeno para participar en una conferencia independentista. “El Südtirol no es Italia; para percibirlo basta caminar por las calles de los pueblos”, afirmó Hohm.

El episodio expuso las contradicciones de la extrema derecha europea. CasaPound, una organización neofascista italiana, evaluó participar en la actividad para acompañar a Hohm, pero finalmente desistió: apoyar al dirigente alemán también significaba legitimar un discurso que cuestiona la integridad territorial de Italia.
Un territorio disputado durante décadas
El Tirol del Sur perteneció al Imperio austrohúngaro hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Italia incorporó la región en 1919 y comenzó a administrarla oficialmente al año siguiente. La mayor parte de su población hablaba alemán y mantenía vínculos culturales con Austria.
Durante el régimen de Benito Mussolini, el Estado impulsó una dura campaña de italianización forzada: prohibió el alemán en las escuelas y la administración, modificó nombres de ciudades y promovió la llegada de habitantes procedentes de otras regiones italianas.

El acuerdo de 1946 reconoció el alemán y el italiano como lenguas oficiales y prometió autonomía, pero su aplicación inicial resultó insuficiente. Entre las décadas de 1950 y 1980, grupos separatistas cometieron más de 300 atentados contra torres eléctricas, vías ferroviarias, edificios públicos y fuerzas de seguridad. La violencia dejó 21 muertos.
Las negociaciones posteriores ampliaron las competencias provinciales y transformaron al territorio en un modelo de autonomía utilizado como referencia para otros conflictos europeos. La provincia administra buena parte de sus impuestos, protege tres comunidades lingüísticas —alemana, italiana y ladina— y pasó de encontrarse entre las zonas más pobres a ocupar los primeros puestos de riqueza dentro de Italia.




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