Los principales industriales y empresas alemanes quieren que parte de sus empleados pase de 35 a 40 horas semanales sin recibir un euro de más. La propuesta equivale a sumar cinco horas de trabajo por el mismo sueldo y amenaza con derribar una conquista sindical que tardó más de una década en consolidarse.
Mercedes-Benz y el fabricante de motosierras Stihl dicen que Alemania perdió competitividad frente a países con salarios más bajos y que extender la jornada permitiría reducir rápidamente los costos. La presión aparece cuando la industria automotriz recorta producción y prepara decenas de miles de despidos.
La respuesta de IG Metall, el mayor sindicato industrial del país, fue inmediata. Su presidenta, Christiane Benner, definió la semana de 35 horas como un símbolo intocable y anticipó una reacción masiva si las empresas intentan eliminarla. “Quien reclame su abolición cosechará una tormenta de protestas”, advirtió.
La conquista que nació de una huelga histórica
La semana de 35 horas no forma parte de la legislación general alemana ni alcanza a todos los trabajadores. Surgió de los convenios colectivos negociados por IG Metall para las industrias metalúrgica y eléctrica, con una aplicación especialmente amplia dentro del sector automotor.

El punto de partida fue la huelga de 1984, cuando decenas de miles de trabajadores paralizaron fábricas de Alemania occidental por siete semanas. La protesta utilizó el lema “Más tiempo para vivir, amar y reír” y abrió un proceso de reducción gradual que terminó de establecer las 35 horas en 1995. Muchas plantas de Alemania oriental mantuvieron semanas de 38 horas, pese a fabricar los mismos productos que sus pares occidentales.
La planta de BMW en Leipzig recién alcanzó las 35 horas en enero de 2026, después de años de negociaciones y paros de advertencia.
Cinco horas más para enfrentar una crisis industrial
A la vez, Alemania registra algunos de los costos laborales más elevados del sector automotor: unos USD 3.307 por vehículo, frente a USD 955 en España y USD 597 en China.
Martin Brudermüller, presidente del consejo de supervisión de Mercedes-Benz, propuso regresar a las 40 horas sin aumentar los sueldos. Nikolas Stihl respaldó la idea con un diagnóstico todavía más duro. “En los buenos tiempos, Alemania podía permitirse la semana de 35 horas. Ahora ya no puede”, afirmó.

Si un empleado cobra lo mismo por 40 horas que por 35, su remuneración horaria cae un 12,5%. El analista Ferdinand Dudenhöffer calcula que la modificación permitiría bajar cerca del 13% los costos de personal y ayudaría a conservar producción dentro del país.
El problema es que las automotrices alemanas no enfrentan una escasez de horas trabajadas, sino una caída de ventas y fábricas subutilizadas. Volkswagen intenta eliminar una capacidad excedente equivalente a 500.000 vehículos anuales en Europa. “No se venderá ni un auto adicional porque el personal trabaje más tiempo”, respondió IG Metall.
La empresa prepara un recorte de hasta 100.000 puestos hacia 2030, mientras BMW planea eliminar 8.000 empleos antes de que termine 2027. Bosch y ZF Friedrichshafen también anunciaron fuertes ajustes. Bajo ese escenario, ampliar la jornada podría permitir fabricar la misma cantidad con menos trabajadores, exactamente lo contrario de lo que prometen sus defensores.
Una negociación que puede paralizar las fábricas
La discusión llegará a las paritarias de las industrias metalúrgica y eléctrica, que reúnen a más de 3,7 millones de empleados. IG Metall aprobó una exigencia del 5% de aumento salarial y garantías para proteger los puestos.

El sindicato rechaza la idea de que toda la industria atraviesa la misma situación. Sus relevamientos muestran buenos niveles de pedidos en dos tercios de las empresas, aunque el panorama resulta mucho más delicado dentro del sector automotor y la fabricación de maquinaria.
Las negociaciones regionales comenzarán el 7 de octubre y la obligación de mantener la paz sindical terminará al finalizar el mes. Desde el 1 de noviembre podrán realizarse paros de advertencia, una herramienta habitual de IG Metall para presionar antes de convocar huelgas prolongadas.
La historia de Volkswagen muestra una salida diferente. En 1994, la empresa y el sindicato acordaron reducir la jornada a 28,8 horas repartidas en cuatro días, acompañada por una disminución salarial. El pacto ayudó a evitar unos 30.000 despidos y dio tiempo para reorganizar la producción.




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