Volkswagen acordó las condiciones centrales para una posible venta de su planta de Osnabrück a la firma israelí Aurelius Capital y al estado federado de Baja Sajonia, en una operación que transformaría una fábrica automotriz con 125 años de historia en un centro dedicado a la industria de defensa. La reconversión aparece, además, como una salida para preservar buena parte del empleo mientras el grupo alemán reduce su capacidad productiva.
El proyecto prevé que Aurelius se convierta en el accionista mayoritario de Volkswagen Osnabrück GmbH, acompañado por Baja Sajonia, que es a su vez el segundo mayor accionista de Volkswagen. La automotriz dejaría de ser propietaria de la planta, aunque participaría de la transición mediante su experiencia industrial, conocimientos de desarrollo e infraestructura existente.
La fabricación de automóviles terminará en el verano europeo de 2027, una decisión que Volkswagen tomó en 2024. Hasta entonces continuará la producción del T-Roc Cabrio. La compañía adquirió la planta en 2009, después de la insolvencia de Karmann, histórico fabricante de carrocerías que había producido vehículos para marcas como Volkswagen, Audi, BMW y Porsche.

La pieza central de la nueva etapa será un proyecto de Aurelius y Baja Sajonia con Rafael Advanced Defense Systems. Los planes contemplan la posible fabricación en Osnabrück de sistemas y componentes para defensa aérea destinados a Alemania y Europa. Rafael aportaría su tecnología y experiencia, mientras los trabajadores alemanes tendrían un papel central en la industrialización y puesta en marcha de la producción.
Yoav Tourgeman, presidente y CEO de Rafael Advanced Defense Systems, explicó que la iniciativa busca establecer una relación industrial de largo plazo con socios alemanes y producir la tecnología íntegramente en Alemania para proteger a Alemania y Europa.
Una salida para 1.200 empleos
La reconversión también intenta resolver uno de los problemas más delicados de la reestructuración de Volkswagen: qué hacer con los aproximadamente 1.800 trabajadores de Osnabrück.
El esquema inicial permitiría conservar alrededor de 1.400 empleos, con una reducción posterior hacia unos 1.200 mediante rotación y jubilaciones. Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa central y general de Volkswagen AG, sostuvo que el acuerdo permitiría asegurar más de 1.200 puestos de trabajo, mientras continúan las negociaciones para encontrar alternativas para el resto del personal.

El caso de Osnabrück se inserta en una transformación mucho mayor. Volkswagen atraviesa una profunda reducción de costos y capacidad frente al debilitamiento de la demanda europea, los elevados costos de producción y la creciente competencia de los fabricantes chinos. Reuters señaló que la compañía estudia fórmulas para otras plantas alemanas cuya capacidad excede las necesidades actuales del grupo.
Cuando la crisis del automóvil se cruza con el rearme europeo
La operación muestra dos tendencias que avanzan simultáneamente en Alemania: la crisis de capacidad de parte de la industria automotriz y el crecimiento de la demanda vinculada con defensa.
La experiencia de Osnabrück podría convertirse así en un modelo para instalaciones industriales que Volkswagen ya no considera económicamente justificadas para fabricar automóviles. El CEO del grupo, Oliver Blume, afirmó que la compañía buscará inversores, socios industriales y usos alternativos para esos establecimientos.

Pero el cambio todavía no está cerrado. Volkswagen, Baja Sajonia y Aurelius firmaron un acuerdo sobre los puntos centrales de la posible venta. La operación deberá superar los acuerdos definitivos, las aprobaciones de los órganos corporativos correspondientes y los controles regulatorios. Tampoco se informaron hasta ahora los términos económicos.
Osnabrück representa, por lo tanto, algo más que el cambio de actividad de una fábrica. Una planta construida alrededor del automóvil intenta conservar su capacidad industrial incorporándose a un sector que Europa considera cada vez más estratégico: la defensa.





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