La industria automotriz alemana inició un proceso de reconversión silencioso pero profundo. Frente a la crisis del sector y los recortes masivos de empleo, varias automotrices y autopartistas comenzaron a transformar líneas de producción y a sumarse como proveedoras de la industria de defensa.
La tendencia, impulsada por el rearme europeo tras la invasión rusa a Ucrania y por la “Zeitenwende” (cambio de época) anunciada por Berlín, encontró en el know-how automotor el motor ideal para acelerar una producción de armamento que hasta hace poco se hacía artesanalmente.
Dos casos recientes lo grafican con claridad: el bávaro Dräxlmaier construirá módulos del blindado a rueda Boxer, y Volkswagen evalúa convertir su planta de Osnabrück en una fábrica de componentes del sistema Iron Dome israelí.
De autopartes a blindados: el caso Dräxlmaier
El consorcio armamentístico KNDS Deutschland, con sede en Múnich, anunció una alianza con el grupo bávaro Dräxlmaier para la producción del Boxer, un blindado a rueda muy demandado por las fuerzas armadas alemanas. Dräxlmaier, hasta ahora un autopartista clásico, fabricará en su planta de Landau an der Isar los llamados “módulos de misión” del Boxer. Esos módulos se acoplarán luego sobre los chasis producidos en Allach, donde se realizará el ensamblaje final del vehículo militar.

La urgencia detrás del acuerdo es contundente. El Bundeswehr, el ejército alemán, evalúa una nueva orden de hasta 3.000 unidades del Boxer. A los ritmos de producción previos a la “Zeitenwende”, una orden de esa magnitud habría tardado prácticamente hasta fin de siglo en completarse. Florian Hohenwarter, presidente de KNDS Deutschland, explicó al canal público bávaro BR que la meta es pasar de fabricar un blindado en varias semanas a producirlo en pocos días. No es casualidad que Hohenwarter conozca la lógica de la producción en serie: antes de incorporarse a KNDS Deutschland en 2023 trabajó durante años en Mercedes-Benz.
Durante la inauguración de una nueva línea de producción en la planta central de KNDS en Múnich, Jan Reblin, máximo responsable de Dräxlmaier en Alemania, destacó que la empresa familiar aporta a la sociedad “décadas de experiencia con productos seriados de alta calidad”. Hohenwarter agregó que con la alianza se puede duplicar la capacidad de producción. El primer ministro de Baviera, Markus Söder (CSU), elogió la cooperación entre las dos empresas bávaras y la calificó como un “matrimonio perfecto”.
Volkswagen y un giro impensado: la planta de Osnabrück
La movida más resonante, sin embargo, podría protagonizarla Volkswagen. Según un informe exclusivo del Financial Times, el gigante de Wolfsburgo mantiene conversaciones con la empresa estatal israelí Rafael Advanced Defense Systems para reconvertir su planta de Osnabrück, en el estado de Baja Sajonia, en una instalación dedicada a fabricar componentes del sistema de defensa aérea Iron Dome (Cúpula de Hierro).

Consultado por la cadena DW, un vocero de Volkswagen aclaró que “la producción de armas por parte de Volkswagen AG sigue descartada de cara al futuro” y que la empresa no entra en especulaciones, pero confirmó que “sigue explorando opciones viables” para la fábrica.
La planta de Osnabrück tiene los días contados en su configuración actual: en 2024, la automotriz decidió abandonar la producción de autos en esa instalación a partir de 2027 y en septiembre de 2025 redujo la semana laboral en un día como parte de un plan de ajuste. A comienzos de marzo de 2026, Volkswagen anunció el recorte de 50.000 puestos de trabajo en Alemania hasta 2030, tras registrar las ganancias más bajas en una década.
El plan con Rafael, según el Financial Times, busca salvar los 2.300 empleos de Osnabrück. “El objetivo es salvar a todos, quizá incluso crecer. El potencial es muy alto. Pero también es una decisión individual de los trabajadores si quieren formar parte de la idea”, deslizó una de las fuentes consultadas por el diario británico.
Un sector que crece mientras otro se achica
El fenómeno excede los casos individuales. Mientras la industria automotriz y la metalmecánica europeas atraviesan una crisis profunda —electrificación forzada, competencia china, caída de márgenes—, la industria de defensa vive un boom inédito. Desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, las empresas armamentísticas europeas duplicaron e incluso triplicaron su valor de mercado. En 2025, los países miembros de la Unión Europea destinarán cerca de EUR 400.000 millones (US$ 463.000 millones) a defensa.

La reconversión también alcanza a otros nombres pesados. El consorcio de Augsburgo Renk, especialista en cajas de cambios para tanques, incorporó técnicos de la industria automotriz para acelerar sus procesos. Y Siemens se presentó por primera vez en la Feria de Hannover con un stand específico para la industria de defensa: si bien la firma muniquesa no fabrica armas, ofrece tecnología para optimizar fábricas, un saber muy demandado hoy por el sector militar. Junto a la start-up bávara Avilus, Siemens presentó incluso soluciones para la producción masiva de drones. La tendencia es clara: ante la falta de pedidos civiles, la industria alemana mira cada vez con mayor atención los pliegos de defensa.





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