Miles de millones de euros acumulados en cuentas bancarias inactivas reavivaron en Alemania una discusión que el país arrastra desde hace años y que, según una encuesta reciente, tiene una respuesta social contundente. La enorme mayoría de los alemanes considera que ese capital debería destinarse a fines sociales, en lugar de permanecer en los balances de las entidades financieras.
La controversia se apoya en cifras oficiales y en estimaciones de investigadores privados. Según un informe del Ministerio Federal de Investigación alemán, en las llamadas cuentas sin actividad (nachrichtenlose Konten) habría hasta EUR 4.200 millones (US$ 4.940 millones).
El Verband Deutscher Erbenermittler, la asociación que nuclea a los investigadores de herencias, estimó en el pasado que el monto podría trepar hasta EUR 9.000 millones (US$ 10.587 millones). En la mayoría de los casos, los titulares fallecieron y sus herederos desconocen la existencia de esos fondos.
Una encuesta con un resultado inequívoco
El instituto demoscópico Forsa realizó en febrero una encuesta representativa a 1.600 personas mayores de 18 años, por encargo de la organización SOS-Kinderdörfer weltweit. Los resultados, adelantados a la Katholische Nachrichten-Agentur (KNA), son elocuentes: el 86% de los consultados respalda que ese patrimonio, tras un plazo razonable, se transfiera a un fondo social independiente. Apenas el 2% cree que debería quedar en los bancos y un 8% preferiría que pase al Estado.

La propia encuesta también expuso una paradoja doméstica: solo el 30% de los alemanes documentó por completo sus cuentas, depósitos y cajas de seguridad y habló del tema con sus familiares. Un 24% no registró absolutamente nada, otro 24% lo hizo de manera parcial y un 14% dejó todo por escrito pero nunca se lo comentó a sus herederos.
Un vacío legal entre los países del G7
Desde SOS-Kinderdörfer weltweit apuntan directamente contra la inacción legislativa. La organización sostiene que Alemania es el único país del G7 —integrado además por Francia, Italia, Japón, Canadá, el Reino Unido y Estados Unidos— que no regula por ley qué hacer con el patrimonio olvidado. El caso británico suele mencionarse como referencia: desde 2008, el dinero de las cuentas inactivas nutre un fondo social, con garantía vitalicia de reintegro para los titulares que aparezcan.

En Alemania, en cambio, los bancos suelen dar de baja estas cuentas después de unos 30 años y el dinero permanece en las entidades. El gobierno federal de coalición entre democristianos y socialdemócratas se había comprometido en su acuerdo de gestión a crear un fondo para innovaciones sociales con esos recursos, pero la iniciativa aún no se tradujo en una norma concreta.
El reclamo por un registro centralizado
La directora de SOS-Kinderdörfer weltweit, Petra Sorge-Booms, encabeza el pedido por una herramienta que facilite el acceso de los herederos a los activos olvidados. “Quien no documenta su patrimonio y no lo conversa con sus familiares corre el riesgo de que sus propios ahorros se vuelvan imposibles de encontrar”, advirtió la dirigente. Sorge-Booms propone un registro central que permita rastrear cuentas inactivas en todo el país.

En la misma línea se expresó el Verband Deutscher Erbenermittler, que también reclama un padrón unificado. Por ahora, solo existe una solución parcial: la Bundesverband deutscher Banken, la asociación de bancos privados, ofrece un servicio de búsqueda limitado a los fondos depositados en sus entidades asociadas. La discusión, en definitiva, combina tres planos difíciles de separar: el volumen económico involucrado, el reclamo social mayoritario y la deuda legislativa que Alemania mantiene frente a sus socios del G7. Mientras tanto, los miles de millones siguen inmóviles en los balances bancarios.





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