En Alemania, la cerveza sin alcohol gana espacio en góndolas y bares. Las grandes cerveceras amplían líneas “alkoholfrei” y ajustan su producción a un consumidor que reduce el consumo tradicional. En ese contexto, la monja sor Doris Engelhard, de 75 años, mantiene una postura sin concesiones desde el convento de Mallersdorf, en la Baja Baviera. Dirige la histórica cervecería de las Hermanas Franciscanas Pobres de la Sagrada Familia y descarta incorporar versiones sin alcohol. “No la haremos en absoluto”, afirmó al diario Süddeutsche Zeitung.
La religiosa es considerada la última monja cervecera de Alemania y una de las pocas que continúan activas en Europa. Su presencia al frente de la producción no es simbólica. Supervisa procesos, decisiones comerciales y el rumbo general de una actividad que en el monasterio se remonta varios siglos. En un mercado que atraviesa cambios estructurales, su posición adquiere relevancia porque se inscribe en una tradición que resiste transformaciones culturales y económicas.
Un mercado que cambia y cifras que explican la tendencia
El consumo de cerveza en Alemania registra una tendencia descendente desde hace años. Según datos oficiales de la Oficina Federal de Estadística, el consumo per cápita ronda hoy los 88 litros anuales, una cifra inferior a la de comienzos de la década pasada, cuando superaba los 100 litros por persona. La caída responde a factores demográficos, cambios en hábitos de salud y competencia de otras bebidas.

En paralelo, la cerveza sin alcohol aumenta su participación. La asociación de cerveceros alemanes informó que este segmento representa cerca del 7% del volumen total producido y continúa expandiéndose. Varias compañías internacionales impulsan esa línea como alternativa asociada a un estilo de vida más saludable o compatible con la conducción y el trabajo.
En ese escenario, la cervecería del convento de Mallersdorf no planea modificar su catálogo. Sor Doris sostiene que la cerveza sin alcohol no encaja en su concepción del producto. Argumenta que no la considera necesariamente más saludable y cuestiona la idea de que el alcohol deba ser presentado como un problema en sí mismo.
La producción del monasterio es modesta en comparación con las grandes plantas industriales. Sin embargo, la marca conserva reconocimiento regional y forma parte de la identidad bávara. En Baviera, la elaboración de cerveza en monasterios posee una historia que se remonta a la Edad Media. Muchas abadías desarrollaron recetas propias y generaron ingresos que sostenían la vida comunitaria.
Una tradición monástica
Durante siglos, la cerveza formó parte de la dieta cotidiana en Europa central. En contextos donde el agua no siempre era segura, las bebidas fermentadas ofrecían una alternativa más estable. En los monasterios, además, la elaboración implicaba disciplina técnica y control de calidad. No era solo una actividad económica. También se integraba a la vida comunitaria y al servicio a la población.
Sor Doris plantea que el actual discurso sanitario tiende a simplificar la discusión. Considera que se presenta el alcohol como un elemento exclusivamente negativo. Desde su perspectiva, la cuestión no pasa por la prohibición, sino por el uso responsable. En el convento, la cerveza forma parte de las comidas diarias, con excepción del desayuno. La religiosa cuestiona una mirada que, según afirma, convierte todo placer en sospecha permanente.

La religiosa asevera que “la cerveza sin alcohol no es nada saludable; de hecho, contiene más azúcar”, y dice estar preocupada por la posibilidad de que se instale una visión moralizante sobre el alcohol. “Actualmente, el alcohol siempre se presenta como si fuera veneno, pero la humanidad difícilmente habría sobrevivido sin él”, asegura.
El debate sobre el consumo de alcohol en Alemania se vincula con políticas públicas de salud. Las autoridades recomiendan moderación y advierten sobre riesgos asociados al abuso. Organizaciones médicas sostienen que no existe un nivel de consumo completamente exento de riesgo. Al mismo tiempo, la cultura cervecera forma parte del patrimonio nacional y tiene peso económico significativo. La industria emplea a decenas de miles de personas y abastece tanto el mercado interno como la exportación.
La cervecería de Mallersdorf no compite en escala con los grandes grupos, pero simboliza esa herencia. El convento produce según métodos tradicionales y mantiene una estructura artesanal. En un país con más de 1.500 cervecerías registradas, la mayoría pequeñas o medianas, la identidad regional sigue siendo un valor competitivo.
Cuaresma, ayuno y coherencia interna
En medio del debate, sor Doris introduce un elemento particular: su práctica de ayuno durante la Cuaresma. Explica que los viernes no ingiere alimentos sólidos y bebe cerveza. La tradición monástica reconoce históricamente el llamado “ayuno líquido”, asociado a bebidas elaboradas en los conventos. Para la religiosa, esa práctica no contradice el sentido espiritual del período.

La referencia bíblica que cita apunta a las obras de misericordia más que a la abstinencia estricta. Interpreta que el ayuno se vincula con la actitud hacia el prójimo y no únicamente con la restricción alimentaria. Esa lectura integra la dimensión religiosa con la actividad productiva del monasterio.



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