El matrimonio atraviesa un retroceso sostenido en Alemania. Los datos oficiales de 2024 marcaron un mínimo histórico desde que existen registros modernos, con apenas 349.200 enlaces registrados en todo el país. Las cifras representan el nivel más bajo desde 1950 y confirma una tendencia que se profundiza con el paso de los años.
El cambio no se limita al número absoluto de bodas. También se transforma la estructura social. A fines de 2024, menos de la mitad de la población adulta alemana estaba casada. Tres décadas atrás, esa proporción rondaba el 60%. Hoy se ubica por debajo del 50%.
Detrás de estos números aparece una combinación de factores: postergación de proyectos familiares, cambios culturales, mayor aceptación de la soltería prolongada y nuevas formas de convivencia que ya no pasan necesariamente por el registro civil.
Las estadísticas provienen de la oficina federal de estadística alemana y muestran un patrón persistente. El matrimonio deja de ser el paso central hacia la vida adulta y se convierte en una decisión tardía o directamente prescindible para una parte importante de la población.
Menos bodas y más personas solteras

El descenso de las uniones formales viene acompañado por un aumento marcado del número de personas que permanecen solteras de manera permanente. A fines de 2024, alrededor de 23,1 millones de adultos vivían sin estar casados, viudos ni divorciados. En 1994, esa cifra apenas superaba los 16 millones.
En términos porcentuales, el peso de los solteros dentro de la población adulta pasó del 24% a más del 33% en apenas treinta años.
Este crecimiento refleja un cambio profundo en las trayectorias personales. Cada vez más personas optan por vivir sin pareja estable o eligen relaciones sin formalización legal. También influyen factores económicos, como el costo de vida en las grandes ciudades y la inestabilidad laboral en ciertos sectores.
El grupo etario con mayor proporción de personas casadas corresponde a quienes tienen entre 65 y 69 años. Allí, cerca de dos tercios viven en matrimonio o en una unión registrada. Entre los más jóvenes, el panorama resulta muy distinto.
Los especialistas señalan que el modelo familiar tradicional pierde centralidad, mientras ganan espacio arreglos más flexibles. Aparecen hogares unipersonales, parejas sin papeles y vínculos que se redefinen con el tiempo.
Dentro de las bodas registradas en 2024, cerca del 79% correspondió a parejas que se casaban por primera vez. El resto involucró segundas o terceras uniones. En cuanto a la composición, alrededor del 97% fueron matrimonios entre personas de distinto sexo y poco menos del 3% entre parejas del mismo sexo.
Estos datos muestran que el matrimonio sigue presente, pero ya no ocupa el lugar dominante que tuvo durante gran parte del siglo XX.
La primera boda llega cada vez más tarde
Otro rasgo central del fenómeno es el corrimiento de la edad al momento del primer casamiento. En las últimas tres décadas, el promedio subió cerca de seis años tanto en hombres como en mujeres.
En 2024, las mujeres contrajeron su primer matrimonio a los 32,9 años en promedio. En el caso de los hombres, la media alcanzó los 35,3 años.
Este retraso se vincula con trayectorias educativas más largas, inserción laboral tardía y una mayor prioridad puesta en el desarrollo individual antes de asumir compromisos formales.
También incide una percepción distinta del tiempo vital. El casamiento ya no funciona como punto de partida, sino como un posible paso posterior, cuando la estabilidad económica y emocional parece más asegurada.
A pesar del retroceso en la cantidad de bodas, las uniones que sí se concretan tienden a durar más. En 2024, un matrimonio llegó al divorcio luego de un promedio de 14,7 años. En 1994, esa duración era de 12 años.
La cifra sugiere que quienes deciden casarse lo hacen con mayor convicción o luego de convivencias prolongadas, lo que reduce rupturas tempranas.

El número de divorcios se mantuvo relativamente estable. Durante 2024 se registraron alrededor de 129.300 separaciones legales, apenas un 0,3% por encima del año anterior, que había marcado el nivel más bajo desde la reunificación alemana.
Este contraste resulta llamativo: menos bodas, pero relaciones matrimoniales más extensas.
Para varios analistas, el matrimonio se transforma en una institución más selectiva. Ya no es una obligación social generalizada, sino una elección personal reservada a quienes realmente desean formalizar su vínculo.
Alemania todavía supera el promedio europeo
Aunque las cifras internas muestran un retroceso claro, Alemania todavía conserva una tasa de matrimonios ligeramente superior al promedio de la Unión Europea.
Según datos comparables de Eurostat correspondientes a 2023, el país registró 4,3 bodas por cada 1.000 habitantes, frente a una media europea de 4,0.
Dentro del bloque, los valores más altos aparecieron en Rumania con 5,8 matrimonios por mil habitantes, seguida por Letonia con 5,6 y Hungría con 5,2. En el extremo opuesto se ubicaron Bulgaria con 3,4, Italia con 3,1 y Eslovenia con 3.
Estas diferencias responden a factores culturales, religiosos y económicos, pero también a políticas públicas que incentivan o desalientan la formalización de parejas.



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