Una investigación independiente volvió a sacudir al sistema financiero suizo y al Congreso de Estados Unidos. Según informó el senador estadounidense Chuck Grassley, se identificaron 890 cuentas bancarias con posibles vínculos con el nazismo dentro de Credit Suisse. El dato surgió en la antesala de una audiencia del United States Senate Judiciary Committee, organismo que Grassley preside.
La revelación reavivó un debate histórico sobre el rol de la banca europea durante la Segunda Guerra Mundial y sobre el destino del dinero relacionado con el aparato del Tercer Reich. Esta vez, los documentos no solo apuntan a clientes individuales, sino también a instituciones oficiales y estructuras económicas del régimen nazi.
El caso adquiere mayor peso porque Credit Suisse ya no existe como entidad independiente: desde 2023 forma parte de UBS, que quedó a cargo de continuar la investigación y presentar un informe final.
Cuentas ocultas y relaciones más profundas de lo esperado
De acuerdo con Grassley, el relevamiento incluyó registros que nunca se divulgaron. Entre ellos aparecen cuentas asociadas al Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania durante la guerra, a una empresa fabricante de armas y a la Cruz Roja alemana.

El senador también sostuvo que los archivos muestran una relación bancaria más amplia de lo que se conocía con la estructura económica de las SS, la organización paramilitar del régimen nazi, formalmente llamada Schutzstaffel. Según los documentos, el brazo financiero de esa fuerza mantuvo al menos una cuenta activa en Credit Suisse.
La investigación además incorporó nuevos elementos sobre una red destinada a facilitar la huida de jerarcas nazis hacia Argentina después del final del conflicto. Esa ruta ya formaba parte del conocimiento histórico, pero ahora suma referencias bancarias específicas que permiten reconstruir movimientos de fondos y apoyos logísticos.
Grassley explicó que recibió dos informes completos y una actualización del estado del trabajo. El encargado de conducir la revisión es el ex fiscal federal Neil Barofsky, convocado para realizar un análisis independiente con acceso a archivos internos del banco.

Desde el Capitolio remarcan que el volumen de cuentas y la variedad de actores involucrados obligan a revisar evaluaciones previas. No se trata solo de depósitos aislados, sino de una red financiera con ramificaciones estatales y corporativas.
Según publicó el diario El País y en lo que refiere al contacto con la Argentina, el propio presidente Javier Milei está al tanto de la investigación del fiscal Barofsky a través de abogados vinculados con el Centro Simon Wiesenthal, a quienes recibió en febrero del año pasado.
La misma publicación advierte que Barofsky entregará en los primeros meses de 2026 un reporte final sobre la llamada “ruta de las ratas”, que sigue el trayecto de dinero de jerarcas nazis enviado a la Argentina entre 1945 y 1950. Se cree que la cifra rondaría los 60 millones de dólares de la actualidad.
UBS frente a una herencia incómoda
Tras absorber Credit Suisse en una operación de emergencia, UBS asumió el compromiso de reactivar la investigación y facilitar el acceso a documentación histórica. Robert Karofsky, presidente de UBS Américas, expresó ante el Senado que la entidad aborda este capítulo con respeto y que reconoce el período de la Segunda Guerra Mundial como una etapa oscura para la banca suiza.
Según la institución, desde la toma de control desplegó medidas internas para acelerar el trabajo de Barofsky, incluyendo la apertura de bases de datos, archivos físicos y registros que permanecían dispersos.
UBS también recordó que tanto su grupo como Credit Suisse participaron en el acuerdo alcanzado en 1999 con víctimas del Holocausto y sus familias. Ese entendimiento incluyó compensaciones millonarias y buscó cerrar reclamos judiciales de largo arrastre. En valores actuales, distintos analistas estiman que aquel paquete de reparaciones equivale a decenas de miles de millones de EUR.
Para el banco, la investigación actual avanza como una iniciativa voluntaria, separada de ese acuerdo histórico. Sin embargo, varios legisladores consideran que los nuevos hallazgos cambian el escenario y justifican una revisión más profunda.
El foco ahora no solo apunta al pasado, sino también a los estándares actuales de control y diligencia. Desde el Senado insisten en que las entidades financieras deben demostrar que aprendieron de estos episodios y que hoy cuentan con mecanismos sólidos para detectar fondos vinculados a crímenes de lesa humanidad.
Plazos, expectativas y presión política
Asesores del comité judicial del Senado indicaron que el proceso podría concluir hacia comienzos del verano boreal. El informe final se conocería antes de fin de año.
El resultado genera expectativa tanto en Washington como en Europa. Para UBS, completar la revisión representa una prueba de credibilidad institucional. Para el Congreso estadounidense, una oportunidad de establecer responsabilidades históricas con mayor precisión documental.
Grassley afirmó que el objetivo central pasa por reconstruir quiénes operaron esas cuentas, cómo funcionaron y qué destino tuvieron los fondos. También subrayó que el caso excede lo simbólico: se trata de entender el papel concreto de una gran entidad financiera en uno de los períodos más brutales del siglo XX.
Organizaciones de derechos humanos siguen de cerca el avance del expediente y reclaman que las conclusiones deriven en acciones concretas, tanto en materia de reparación como de reformas internas dentro del sector bancario.

Aunque todavía no se informaron montos específicos asociados a las 890 cuentas, los investigadores trabajan sobre movimientos que podrían involucrar sumas relevantes, especialmente cuando aparecen organismos estatales y empresas vinculadas al esfuerzo bélico alemán.
El informe final marcará el cierre de esta etapa. De su contenido dependerá si el caso queda como un ejercicio de reconstrucción histórica o si abre un nuevo capítulo en la relación entre banca, memoria y responsabilidad institucional.
Por ahora, los archivos siguen hablando. Y cada documento que emerge refuerza una idea incómoda: muchos rastros del pasado financiero europeo todavía esperan una explicación completa.



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