Pocos saben que el emporio de lujo más reconocido del mundo no nació en París sino en Krefeld, una ciudad del Rin inferior en lo que hoy es el estado alemán de Renania del Norte-Westfalia. Thierry Hermès —bautizado Dietrich al nacer, en enero de 1801, hijo de Dietrich Hermes y su esposa Agnes— creció en una ciudad próspera gracias a la fabricación de telas de seda, pero su vocación apuntó hacia otro material: el cuero.
Completó su formación como talabartero y emigró a París, donde su apellido adquirió acento francés y su oficio encontró el escenario ideal. En 1837, ya con el título de maestro talabartero, abrió su propia manufactura en el centro de la capital francesa, especializada en arneses y equipos para caballos, el principal medio de transporte de la época.

La empresa que construyó fue pasando de generación en generación con una combinación poco frecuente de apertura al cambio y fidelidad a la manufactura artesanal. Cuando a comienzos del siglo XX el caballo cedió terreno como medio de transporte, el nieto de Thierry, Émile Maurice Hermès, diversificó el catálogo hacia valijas, bolsos de viaje, ropa, relojes y joyería.
Hoy, aproximadamente tres cuartas partes del surtido —incluida toda la marroquinería— se produce en manufacturas propias en Francia. Una estrategia que da resultados: en 2024 la facturación superó los EUR 15.000 millones (US$ 17.420 millones), casi cuatro veces más que una década atrás. Desde 2014, la conducción del grupo está en manos de Axel Dumas, tataratataranieto de Thierry Hermès.
La confianza ciega y los millones que se esfumaron
Sobre ese linaje y ese patrimonio se cierne hoy una disputa judicial de proporciones extraordinarias. Nicolas Puech, heredero de quinta generación de Thierry Hermès, confió durante años la administración de su fortuna a Eric Freymond, un gestor patrimonial suizo con amplios poderes sobre sus acciones e inversiones. Según informó The Wall Street Journal, la relación entre ambos era tan estrecha que Puech firmaba mandatos y documentos sin supervisar cada operación en detalle. Esa confianza sin límites, según el heredero, le costó carísimo.

El punto crítico se ubica en 2010, cuando LVMH —el conglomerado de lujo presidido por Bernard Arnault— lanzó una ofensiva para hacerse con el control accionarial de Hermès. Puech sostiene que Freymond, aprovechando los poderes que tenía, vendió parte de sus acciones durante esa maniobra sin su conocimiento ni consentimiento. El hecho de que esos títulos fueran acciones al portador dificultó enormemente rastrear su recorrido. Aunque LVMH finalmente acordó en 2014 desprenderse de su participación —operación con la que Arnault habría obtenido una ganancia de EUR 3.800 millones (US$ 4.410 millones), según Swissinfo—, Puech estima que una porción de esas acciones provenía de su patrimonio.
El gestor se llevó el secreto a la tumba
Cuando Puech intentó actuar legalmente, presentó una demanda penal en Suiza contra Freymond por abuso de confianza y malversación. El proceso quedó trunco de manera abrupta: Freymond falleció en julio de 2025 en un accidente en Suiza, llevándose consigo información clave sobre el destino real de los activos.

Sin posibilidad de continuar por esa vía, Puech decidió apuntar directamente contra LVMH y Arnault ante la justicia francesa. La demanda civil, cuya primera audiencia se celebró el 20 de noviembre de 2025 en el Tribunal Judicial de París, reclama EUR 14.000 millones (US$ 16.260) y alega que la desaparición de sus acciones facilitó que LVMH alcanzara el 23% del capital de Hermès.
El grupo respondió con un comunicado categórico: “LVMH y su accionista reafirman firmemente que nunca, en ningún momento, se han apropiado indebidamente de acciones de Hermès International, de ninguna manera ni sin el conocimiento de nadie, y que no poseen acciones ocultas.” El caso sigue abierto. La justicia francesa deberá determinar si detrás del mayor escándalo patrimonial del mundo del lujo hay una estafa deliberada o simplemente una cadena de negligencias que nadie podrá ya explicar del todo.





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