Miss Alemania dio un giro de 180 grados. Lo que durante décadas fue sinónimo de desfiles en traje de baño y estándares de belleza imposibles se transformó, según sus organizadores, en una plataforma de liderazgo femenino. El próximo sábado, en una gala en los estudios Bavaria Film de Geiselgasteig, en las afueras de Múnich, se conocerán las ganadoras de la edición 2026 de un concurso que ya casi no se parece al que alguna vez hizo famosa a Petra Schürmann.
“La belleza ya no es un criterio”
Max Klemmer, el empresario de Oldenburg que desde el verano de 2022 conduce la compañía organizadora del certamen en su tercera generación familiar, fue contundente al explicar la nueva filosofía ante la emisora pública BR: “La belleza sigue siendo parte de una persona, pero ya no es un criterio de evaluación.” Para Klemmer, la pregunta central pasó a ser otra: “¿Qué misión persigue una mujer? ¿Por qué valores se distingue? ¿Y qué aporte quiere hacer en la sociedad, la economía o la cultura? Ya no se trata de la apariencia, sino de lo que una mujer es capaz de mover.”

El cambio no es solo discursivo. El año pasado, la ganadora fue Valentina Busik, una médica oriunda de Kazajistán radicada en Alemania, que lleva adelante una campaña para humanizar la comunicación de diagnósticos médicos graves. “Muchas personas no pueden procesar esta información que cambia sus vidas, ya sea por el lenguaje médico técnico, el desborde emocional o las barreras idiomáticas”, explicó Busik al recibir el título.
99 años de historia, una sola marca
El primer certamen Miss Germany se realizó en 1927. Durante décadas, el concurso fue objeto de críticas por reducir a las participantes a su aspecto físico. En los años cincuenta, cuando las mujeres todavía eran comercializadas abiertamente como “decoración”, los certámenes de belleza vivieron su época de mayor auge. La victoria de Petra Schürmann como Miss Mundo en 1956 quedó grabada en la memoria colectiva alemana.

La marca “Miss Germany” solo está protegida legalmente desde 1999. Hasta entonces proliferaron competencias de dudosa reputación vinculadas al nombre. Una de las más recordadas fue la organizada por el playboy berlinés Rolf Eden en 1989, inmediatamente después de la caída del Muro, que generó polémica por el trato que recibieron las participantes provenientes del este alemán.
Klemmer reconoce el peso de esa historia, pero prefiere verla como una oportunidad: “Una marca consolidada tiene la fuerza para construir una nueva imagen. Por eso decidimos conservar el nombre: estamos convencidos de que podemos redefinir lo que la gente asocia con ‘Miss Germany’, y así dar un impulso a los certámenes de belleza en todo el mundo.”

El negocio de la belleza, intacto
La apuesta de Klemmer resulta llamativa en un contexto en el que la industria de la belleza mueve miles de millones de dólares en todo el planeta. El botox borra arrugas, el ácido hialurónico rellena labios, las cirugías retocan narices y tensan rostros, mientras los tratamientos capilares y la liposucción completan un menú que no da señales de agotarse. En América Latina, los certámenes de belleza en el formato clásico siguen siendo masivos. Y en la propia Alemania, el fenómeno tampoco cede: el programa de Heidi Klum “Germany’s Next Topmodel” mantiene su omnipresencia en la televisión, sin contar la proliferación de influencers de cosmética en las redes sociales.

Empowerment como concepto rector
Frente a ese panorama, el organizador insiste en un concepto diferente: “Empowerment. Eso significa hacer visibles a mujeres que asumen responsabilidades y hacen avanzar temas sociales. Miss Germany es hoy una plataforma que les da un escenario con alcance, presencia mediática y una red de contactos. No se trata de evaluar a las mujeres, sino de amplificar sus voces”.
En la gala del sábado, un jurado compuesto casi en su totalidad por mujeres —el único voto masculino corresponde a Markus John Henry Brown, experto en marketing y ex artista performático— elegirá ganadoras en tres categorías: Founder (fundadoras), Mover (impulsoras de cambio) y Leader (líderes). La belleza, al menos en teoría, quedó fuera del podio.




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