Durante la última década, el oro venezolano recorrió un camino silencioso y opaco entre Caracas y Suiza. Aviones de carga trasladaron toneladas de lingotes desde las bóvedas del Banco Central de Venezuela hacia uno de los principales centros de refinación y comercio del metal precioso. El objetivo resultaba claro: convertir reservas estratégicas en liquidez inmediata para sostener un Estado asfixiado por la falta de divisas, el cierre de los mercados financieros y una deuda externa imposible de afrontar.
Los registros aduaneros suizos, reconstruidos años después, permitieron dimensionar la magnitud de esas operaciones y su contexto económico y político.
Entre 2013 y 2016, Venezuela envió por vía aérea más de un centenar de toneladas de oro a Suiza. El valor total de esas remesas superó los EUR 5.000 millones. El traslado se realizó sin anuncios oficiales y bajo estrictos protocolos de confidencialidad, en línea con la tradición financiera helvética. El episodio reveló una estrategia desesperada para sostener pagos urgentes y evitar un colapso inmediato, aunque el desenlace final no logró ese objetivo.
El oro venezolano en Suiza

Los datos de Aduanas Suizas indican que durante un período de cinco años ingresaron al país europeo alrededor de 127 toneladas de oro procedentes de Venezuela. Otras reconstrucciones, basadas en fuentes oficiales y periodísticas, sitúan el volumen en torno a las 113 toneladas entre 2013 y 2016. Las diferencias no alteran el núcleo del fenómeno: se trató de una de las mayores transferencias de oro soberano de América Latina hacia Europa en tiempos recientes.
Suiza ocupa un lugar central en el mercado internacional del oro. Por valor, se consolidó durante años como el mayor importador y exportador del metal a nivel mundial. En su territorio operan algunas de las refinerías más importantes del planeta, concentradas en el cantón del Tesino. Empresas como Valcambi, PAMP y Argor-Heraeus cumplen un papel decisivo en la transformación del oro bruto en lingotes certificados bajo estándares internacionales.
Ese proceso no se limita a la fundición. Incluye la re-certificación del metal en barras “Good Delivery”, un formato aceptado en los principales mercados financieros. La documentación emitida por las refinerías permite luego la venta o el uso del oro como garantía en operaciones de crédito. Para un país sin acceso fluido al sistema financiero internacional, esa infraestructura resultaba vital.

El gobierno suizo no difundió en su momento información detallada sobre el ingreso del oro venezolano. Esa reserva respondió a la normativa local y a una cultura histórica de discreción. Esa misma característica convirtió a Suiza en un destino atractivo tanto para grandes fortunas privadas como para dirigentes políticos que buscaban custodiar o liquidar activos sensibles lejos de la exposición pública.
Crisis fiscal y ventas de emergencia
La radiotelevisión pública suiza, SRF, describió las exportaciones de oro venezolano como un acto de emergencia. Según sus investigaciones, el gobierno de Nicolás Maduro recurrió a la venta y al empeño de reservas para evitar la quiebra inmediata del Estado. Parte del oro se vendió en el mercado internacional. Otra parte se utilizó como respaldo para préstamos y renegociaciones de deuda.
El contexto económico resultaba crítico. Un documento de política pública del Center for International Governance Innovation, difundido en 2017, estimó un desfase de financiamiento superior a EUR 12.800 millones. Solo en pagos de bonos, el país enfrentaba compromisos cercanos a EUR 10.300 millones. La cifra trepaba por encima de EUR 17.000 millones si se incorporaban obligaciones vinculadas a China.
El mismo informe advertía sobre un déficit estructural profundo y la ausencia de herramientas de política económica para cerrarlo. Los ingresos petroleros, principal fuente de divisas del Estado venezolano, se encontraban en niveles insuficientes. La caída de la producción y de las exportaciones dejó al país sin dólares líquidos para atender vencimientos inmediatos.

Tras el proceso de refinación en Suiza, parte del oro venezolano se desplazó hacia otros centros de comercio, entre ellos el Reino Unido. Además, una porción relevante terminó en Turquía, país que incrementó de manera notable sus compras de oro venezolano durante esos años. Todas esas operaciones se realizaron antes del endurecimiento del régimen de sanciones internacionales.
Sanciones, congelamiento de activos y frente judicial
Las exportaciones de oro a Suiza no infringían normas internacionales en el momento en que se concretaron. La situación cambió en 2018, cuando el Consejo Federal suizo endureció su legislación financiera y se alineó con las sanciones de la Unión Europea contra Venezuela. Desde entonces, operaciones de ese tipo resultan prácticamente inviables, aunque las sanciones no incluyeron un embargo general sobre el oro.
Los registros citados por la agencia Reuters muestran que no existen datos de exportaciones de oro venezolano a Suiza entre 2017 y 2025. Analistas del mercado, como Rhona O’Connell de StoneX, interpretaron ese corte como el resultado directo del agotamiento de las reservas disponibles. En sus evaluaciones, el Banco Central venezolano realizó ventas de emergencia entre 2012 y 2016 y luego simplemente se quedó sin margen material para continuar.
En paralelo al capítulo económico, Suiza avanzó en medidas de carácter judicial y patrimonial. El Consejo Federal anunció el congelamiento inmediato de los activos financieros de Nicolás Maduro y de otras 36 personas vinculadas a su entorno, tras su captura por fuerzas estadounidenses en Caracas el 3 de enero. La decisión se apoyó en la Ley Federal sobre el Congelamiento y la Restitución de Activos Ilícitos de Personas Políticamente Expuestas.
Las autoridades suizas explicaron que el objetivo consiste en evitar la fuga de fondos de posible origen ilícito. En caso de que la justicia determine su procedencia ilegal, esos activos podrían destinarse a beneficiar a la población venezolana. La normativa habilita medidas preventivas incluso antes de una condena firme, cuando existen investigaciones por corrupción o abuso de poder.
En Estados Unidos, Maduro compareció ante un tribunal federal en Nueva York y se declaró inocente de los cargos de narcoterrorismo y tráfico de cocaína. Junto a su esposa, Cilia Flores, enfrenta acusaciones por conspiración, tráfico de drogas y posesión de armas de uso militar. Ambos permanecen bajo custodia mientras avanza el proceso judicial, con una próxima audiencia fijada para marzo.



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