miércoles, 25 de marzo de 2026

La energía nuclear genera electricidad limpia y continua, pero deja tras de sí un problema que ningún país ha resuelto del todo: qué hacer con sus residuos radiactivos. Un consorcio internacional de investigación científica liderado por Alemania inició la perforación de una montaña en el cantón suizo del Jura para intentar dar una respuesta científica a esa pregunta, que involucra escalas de tiempo geológicas y riesgos que no admiten errores.

El proyecto DEBORAH y la roca que intriga a los geólogos

La iniciativa se llama DEBORAH, siglas en inglés de Deep Borehole to Resolve the Mont Terri Anticline Hydrogeology, y su objetivo es documentar con precisión las capas rocosas existentes en el subsuelo del Mont Terri y sus propiedades físicas e hidrogeológicas. En el proyecto participan el Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ), el Instituto Federal de Geociencias y Recursos Naturales (BGR) de Alemania, el Servicio de Residuos Nucleares (NWS) del Reino Unido e investigadores de la Universidad de Berna, en Suiza.

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Un consorcio internacional liderado por Alemania perforó una montaña suiza para estudiar si una roca de 175 millones de años puede ser el lugar definitivo donde enterrar los residuos nucleares de Europa.

El material que concentra la atención de los científicos es la arcilla Opalinus Clay, una roca arcillosa del Jurásico Medio con una antigüedad estimada de 175 millones de años. Se trata, en términos simples, de arcilla compactada hasta adquirir consistencia rocosa a lo largo de eras geológicas.

Su principal atributo para el almacenamiento nuclear es su bajísima permeabilidad: permite que el agua la atraviese en cantidades mínimas y a velocidades extremadamente lentas, lo que reduce el riesgo de filtración de material radiactivo hacia acuíferos cercanos.

Treinta años de seguimiento y una decisión aún pendiente

El GFZ lleva tres décadas estudiando la Opalinus Clay. Además de su baja permeabilidad, la roca presenta otras propiedades relevantes: es plástica, es decir, bajo presión se deforma en lugar de romperse —una característica conveniente para un depósito que debe permanecer estable durante cientos de miles de años— y tiene capacidad para retener ciertos radionucleidos, impidiendo su migración.

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La arcilla Opalinus Clay, formada durante el Jurásico Medio, acumula 175 millones de años de compactación geológica y presenta una permeabilidad tan baja que el agua apenas logra atravesarla.

Suiza ya tomó la decisión de utilizar esta formación geológica como repositorio definitivo de residuos nucleares. Alemania y el Reino Unido, las otras dos partes del proyecto, aún no. Los resultados de las perforaciones de DEBORAH serán determinantes: el comportamiento de la roca a 800 metros de profundidad —donde la temperatura y la presión son significativamente mayores que en las capas estudiadas hasta ahora— definirá si esa decisión puede replicarse en otros contextos geológicos nacionales.

Cómo se perfora el Jurásico

El laboratorio subterráneo donde opera el proyecto se encuentra en las entrañas del Mont Terri, cerca del municipio de Saint-Ursanne, en el Jura suizo. El acceso se realiza por la galería de seguridad de un túnel de autopista, a entre 150 y 200 metros bajo la superficie. Desde allí, una plataforma de perforación avanza metro a metro hasta alcanzar los 800 metros de profundidad.

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Suiza ya decidió utilizar la Opalinus Clay como repositorio definitivo de residuos nucleares, pero Alemania y el Reino Unido esperan los resultados de las perforaciones para tomar su propia decisión.

La técnica empleada utiliza una corona hueca que extrae columnas de roca intactas —llamadas testigos— que luego se analizan en laboratorio. Cada sección extraída revela la edad de la roca, su composición, la presencia de fracturas y, fundamentalmente, su comportamiento frente al agua. El equipo complementa ese trabajo con técnicas sísmicas y de gravimetría para obtener una imagen completa de las estructuras geológicas a cientos de metros de profundidad.

Una filtración, por lenta y pequeña que sea, puede contaminar acuíferos durante generaciones. Por eso, lo que ocurra en el subsuelo del Jura suizo no es solo un asunto científico: es también una decisión política y ambiental de alcance continental.

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