Una banda de delincuentes ejecutó lo que las autoridades alemanas califican como el robo bancario más espectacular de Alemania en décadas. Entre el 24 y el 29 de diciembre de 2025, aprovechando el feriado navideño, los ladrones irrumpieron en una sucursal de Sparkasse en el barrio de Buer, Gelsenkirchen, perforaron una pared de 40 centímetros con un taladro de diamante industrial y saquearon más de 3.000 cajas de seguridad. La estimación del botín oscila entre EUR 33 y EUR 100 millones (entre US$ 39 y US$ 118 millones), aunque algunos medios especulan con cifras cercanas a los EUR 500 millones (US$ 592 millones).

Un plan ejecutado con precisión milimétrica
Los investigadores determinaron que los delincuentes ingresaron a través del estacionamiento contiguo de varias plantas, el Parkhaus Marientor. Manipularon una puerta de escape contra incendios que normalmente no podía abrirse desde el exterior, rellenando el marco con silicona para impedir que la cerradura funcionara correctamente. Esto les permitió “acceder sin obstáculos desde el estacionamiento hasta el edificio de la Sparkasse”, según el comunicado policial.
Una vez dentro, burlaron múltiples sistemas de seguridad y llegaron a una sala de archivos contigua a la bóveda en el sótano del banco. Allí instalaron el taladro de núcleo de diamante y perforaron un orificio de 40 centímetros en la pared que conducía al recinto blindado donde se guardaban las cajas de seguridad.

La falsa alarma que casi los descubre
El 27 de diciembre a las 6:00, los bomberos de Gelsenkirchen y una empresa de seguridad privada recibieron una alerta de incendio originada precisamente en la bóveda. Veinte bomberos llegaron al banco a las 6:15, “pero no encontraron nada que indicara daños”, según informó la policía.
Herbert Reul, ministro del Interior del estado de Renania del Norte-Westfalia, reveló que los bomberos no pudieron ingresar a la bóveda porque estaba cerrada con una persiana de seguridad. Como no detectaron “humo, olor a fuego ni daños”, concluyeron que se trataba de una falsa alarma, algo no inusual. La policía no tenía derecho a registrar el banco en ese momento sin una orden judicial, ya que era competencia exclusiva de los bomberos.

Los registros informáticos del banco muestran que la primera caja fue forzada a las 10:45 del 27 de diciembre y la última a las 14:44. No está claro si lograron abrir la mayoría de las 3.083 cajas en cuatro horas o si el sistema dejó de registrar datos.
El descubrimiento del caos
El robo bancario se descubrió recién el 29 de diciembre a las 3:58, cuando se activó otra alarma de incendios. Los bomberos regresaron y encontraron una escena que Reul describió como un “basurero”, con más de 100.000 objetos esparcidos por el suelo: el contenido de las cajas que los ladrones habían descartado.

La policía confirmó que muchos objetos resultaron dañados después de que los delincuentes les arrojaran agua y productos químicos. Para complicar más las investigaciones, esparcieron cantidades masivas de cabello —probablemente obtenido de una peluquería— para crear pistas falsas. Además, desviaron agua desde el baño de damas para refrigerar el taladro, dejando centímetros de agua en el piso, y rociaron todo el recinto con desinfectante y espuma extintora.
Indicios de complicidad interna
Cuatro elementos sugieren fuertemente la participación de un informante dentro del banco, aunque la policía de Gelsenkirchen no lo confirma oficialmente. El ministro Reul consideró esta posibilidad como “evidente”:
- El orificio fue perforado en el lugar exacto para acceder sin obstáculos al recinto blindado.
- Los detectores de movimiento fueron cubiertos, pero no se sabe cómo llegaron hasta ellos sin activar alarmas.
- La puerta contra incendios del estacionamiento había sido saboteada previamente con silicona.
- De 3.223 cajas alquiladas, los ladrones abrieron 3.083; las 140 no alquiladas quedaron mayormente intactas.

Michael Klotz, director de la sucursal afectada, declaró lacónicamente ante las autoridades municipales: “No dispongo de ninguna evidencia de que haya existido información privilegiada”.
Víctimas entre la ira y el silencio
Joachim Alfred Wagner, funcionario de 63 años, fue uno de los primeros en demandar al banco. Perdió oro valorado en decenas de miles de euros y joyas heredadas de su padre y abuelos. “Lloré de rabia”, confesó. Había alquilado la caja después de varios robos en su departamento, creyendo que sus objetos estarían seguros.
Otro cliente depositó EUR 400 mil (US$ 473 mil) en efectivo procedentes de la venta de un departamento, destinados a su jubilación. El banco declaró que el contenido de las cajas suele estar asegurado por EUR 10.300 (US$ 12.190) cada una, cifra claramente insuficiente para muchos afectados.
De aproximadamente 3.000 damnificados, solo 1.200 declararon ante la policía qué perdieron. Otros 300 agendaron citas para las próximas semanas. La mitad restante ha evitado elegantemente el pedido de los investigadores. La revista Zeit especula que algunos temen revelar patrimonios que los descalificarían para subsidios sociales que perciben.

Un golpe que trasciende lo criminal
Tim Frommeyer, jefe de policía de Gelsenkirchen, calificó el caso como “uno de los más graves en la historia del estado de Renania del Norte-Westfalia”. Hasta 350 efectivos trabajaron en la Soko “Bohrer” (taladro), procesando unas 50.000 evidencias con posibles huellas dactilares, cabellos o ADN.
La revista Der Spiegel señaló que el atraco se convirtió en símbolo de algo mayor que el delito mismo: “La sensación de que las promesas de seguridad son vanas, de que las instituciones están fallando y de que, en última instancia, nadie rinde cuentas”. Reul enfatizó que no se debe subestimar el daño psicológico: “Necesitamos ayudar a las víctimas. Para muchos, esto va más allá de la simple pérdida de propiedad; también puede afectar su confianza en su propia seguridad y en nuestro orden”.




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