Argentina y Suiza volverán a cruzarse en un Mundial, doce años después de aquel partido dramático en San Pablo que se resolvió con una genialidad de Lionel Messi y un gol agónico de Ángel Di María. El nuevo capítulo llegará en los cuartos de final del Mundial 2026, con un dato que atraviesa la previa: solo tres futbolistas que jugaron aquel duelo de Brasil 2014 siguen en pie. Son Messi, Granit Xhaka y Ricardo Rodríguez.
La historia tiene algo de reencuentro y algo de despedida larga. Del lado argentino, Messi sigue siendo un símbolo mayor de una generación que cambió para siempre la historia de la Selección. Del lado suizo, Xhaka y Rodríguez representan la continuidad de un equipo que se sostuvo durante años, atravesó frustraciones mundialistas y ahora consiguió meterse entre los ocho mejores por primera vez desde 1954.
El gol de Di María, la asistencia de Messi y una noche que Suiza nunca olvidó
El 1° de julio de 2014, Argentina y Suiza jugaron por los octavos de final del Mundial de Brasil en el Arena Corinthians de San Pablo. Fue un partido áspero, cerrado y lleno de tensión. La Selección argentina dominó más la pelota, pero no encontraba el camino para romper a un rival ordenado, físico y paciente.

El encuentro llegó al alargue sin goles. Cuando los penales ya empezaban a sentirse cerca, Messi aceleró por el centro, arrastró marcas y soltó el pase justo para Di María. El rosarino definió de zurda y marcó el 1-0 a los 118 minutos. Argentina sobrevivió a una noche límite gracias a Messi y Di María, una fórmula que sería decisiva durante todo aquel Mundial.
Suiza todavía tuvo una chance enorme. Blerim Dzemaili cabeceó contra el palo en tiempo de descuento y luego no pudo resolver el rebote. Esa jugada quedó como una de las imágenes más angustiosas del camino argentino hacia la final de Brasil 2014. El equipo de Alejandro Sabella pasó a cuartos, donde luego venció a Bélgica.
De aquel partido quedan muy pocos rastros dentro de las canchas. Ya no están Sergio Romero, Pablo Zabaleta, Ezequiel Garay, Marcos Rojo, Fernando Gago, Gonzalo Higuaín, Ezequiel Lavezzi, Rodrigo Palacio ni Di María. Tampoco continúan Diego Benaglio, Stephan Lichtsteiner, Johan Djourou, Fabian Schär, Valon Behrami, Gökhan Inler, Xherdan Shaqiri, Admir Mehmedi o Josip Drmic. El tiempo limpió casi todo el escenario.
Xhaka y Ricardo Rodríguez, los dos suizos que resistieron al paso del tiempo
Granit Xhaka tenía 21 años cuando enfrentó a Argentina en 2014. Ya mostraba personalidad, intensidad y una zurda capaz de ordenar al equipo desde el medio. Doce años después, llega al nuevo duelo como uno de los líderes naturales de Suiza y como el futbolista que mejor expresa el carácter competitivo de esta generación.
Ricardo Rodríguez, lateral izquierdo de aquel equipo dirigido por Ottmar Hitzfeld, también sigue vigente. Su carrera en la selección suiza atravesó varios torneos grandes, diferentes entrenadores y cambios profundos dentro del plantel. En Brasil 2014 era una de las promesas más firmes del equipo; en 2026 aparece como uno de los referentes de experiencia.
La continuidad de ambos no es un detalle menor. Suiza no suele tener planteles llenos de estrellas, pero construyó una identidad sostenida en el orden, la disciplina táctica y una base de futbolistas que compitió durante muchos años. Xhaka y Ricardo Rodríguez son los dos sobrevivientes suizos de aquel cruce ante Argentina, pero también son parte de una generación que buscó romper un techo histórico.

Ese techo finalmente empezó a ceder en 2026. Suiza eliminó a Colombia por penales tras empatar 0-0 en 120 minutos y consiguió meterse en cuartos de final de un Mundial por primera vez en 72 años. El triunfo tuvo como protagonista al arquero Gregor Kobel y dejó al equipo de Murat Yakin frente a un desafío enorme: volver a enfrentar a Argentina, ahora por un lugar en semifinales.
Messi, el hilo que une dos Mundiales separados por doce años
Del lado argentino, el sobreviviente es el más importante de todos. Lionel Messi era la figura de aquella Selección de 2014 y vuelve a aparecer como el punto de unión entre dos épocas. En Brasil cargaba con la ilusión de conseguir su primer Mundial. En 2026 llega como campeón del mundo, capitán y referente absoluto de un equipo que ya sabe convivir con la presión.
La comparación entre ambos momentos marca el tamaño del recorrido. En 2014, Messi arrastraba la obsesión argentina por volver a una final mundialista después de 24 años. En 2026, juega con el peso de una historia ya conquistada, pero también con el deseo de estirar una era irrepetible.

El nuevo partido no será una repetición exacta. Argentina cambió de nombres, de entrenador, de dinámica interna y de lugar simbólico. Suiza también cambió casi todo. Pero la presencia de Messi, Xhaka y Rodríguez permite tender un puente emocional entre dos partidos separados por más de una década.
En aquel duelo, Suiza quedó a centímetros de llevar la definición a los penales. Ahora llega con la confianza de haber ganado justamente desde los doce pasos ante Colombia. Argentina, por su parte, viene de superar a Egipto en un partido exigente y vuelve a encontrarse con un rival que históricamente le resultó incómodo en los Mundiales.



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